Orlando Serapio, el femicida de Natalia, ya fue apresado. Ahora la prensa nacional narra lo que acá ya sabíamos: que su hermana Amira fue asesinada a golpes por su pareja en 2017. Aquella vez Natalia fue fotografiada mientras lloraba en el sepelio.
El crimen de Natalia Cruz ocurrió el martes 17 de febrero. Fue estrangulada por su pareja, Orlando Serapio, quien huyó en pantalón corto y chinelas después de asesinar a su exesposa y madre de sus hijos en Campo Quijano. Serapio estuvo prófugo 11 días hasta que el pasado sábado fue apresado en una cueva en la Quebrada del Toro conocida como la “Casa del Diablo”.
“Que duerma en las piedras como un asesino”, declaró la mamá de la víctima, Irene Martínez. Su insondable dolor y desesperado pedido de justicia se entiende. En diciembre de 2017 debió enterrar a otra de sus hijas, Amira, de apenas 17 años, que fue asesinada a golpes por su novio en el baño de las canchas del barrio San Jorge. “Aquella causa fue investigada como femicidio seguido de suicidio, ya que el asesino, Edgardo Córdova, se quitó la vida en el mismo lugar”, destacan medios nacionales como TN para conmoción de los televidentes del país.
“Nunca nos recompusimos”, lamentó Azucena Colque, hermana de Natalia y Amira, en diálogo con el canal mencionado, haciendo referencia a los dos crímenes que destrozaron a su familia. “Desde que mataron a Amira nunca volvimos a ser los mismos. Éramos cinco hermanas y dos hermanos, todos criados juntos. Fue muy duro. Y volver a pasar por esto…”.
Azucena fue la encargada de ponerse al hombro la cruzada para que Orlando Serapio, el hombre que asesinó a su hermana Natalia, no saliera impune. “Le pongo el cuerpo para que esto no pase nunca más”, sostuvo la mujer, que desde hace varios años se instaló con su familia en Buenos Aires para alejarse de los recuerdos pero volvió a Salta tras el crimen de Natalia.
En el mismo sentido, cuando Serapio todavía estaba prófugo, explicó: “Mi mamá está muy vulnerable, tratamos de cuidarla pero le tuvieron que poner consigna policial. Sentís que el asesino se te va a acercar en cualquier momento. Uno no puede vivir mirando por la ventana”.
En relación al último hecho, Azucena no dudó: “Fue todo premeditado”. Según su relato, el vínculo entre Natalia y Serapio estaba roto desde noviembre del año pasado. Su hermana había comenzado una nueva etapa. “Cuando empezó a estudiar y a trabajar, vio que podía sola. Estaba feliz. Me decía: ‘Por fin vivo en paz’. Eso a él no le gustó”, dijo Azucena, en diálogo con TN.
De acuerdo con su relato, desde que se separaron Serapio nunca dejó de hostigar a Natalia. “Tenía una perimetral porque la acosaba. Abandonó su trabajo para perseguirla. Ella no se daba cuenta de que él estaba detrás de cada paso que daba”, remarcó. Y agregó, con crudeza: “En el único momento que estuvo sola, hizo lo que quiso, matarla”.
Aunque su familia nunca imaginó semejante desenlace, Azucena reconoció que Serapio nunca les gustó como pareja para Natalia. “Él se mostraba como el mejor hombre, el mejor papá, pero era un manipulador. Un psicópata”, indicó la hermana de la víctima. También apuntó contra el entorno del acusado: “Siempre sentimos que la familia de él rechazaba a mi hermana. Aún teniendo hijos y después de 20 años juntos, no la querían”.
Aquel fatídico 17 de febrero los mismos familiares de Natalia encontraron su cuerpo en su casa, tirado al costado de la cama, con un cable alrededor del cuello y al borde de la muerte. Si bien la trasladaron de urgencia al Hospital Francisco Herrera, murió antes de llegar.
Casi al mismo tiempo, Serapio tuvo el cinismo de confesarle a su exsuegra el femicidio de su hija y huyó como estaba: en remera, pantalón corto y chinelas. Así, con la policía y toda la comunidad de Campo Quijano pisándole los talones, logró mantenerse prófugo durante 11 días. Para Azucena, era imposible que pudiera evadirse tanto tiempo sin ayuda y no dudó en sugerir la complicidad de su propia familia. La búsqueda terminó con la detención del femicida en una cueva cerca de la Estación Diego de Almagro.
Estaba deshidratado, físicamente muy deteriorado y ofreció poca resistencia cuando los policías lo rodearon. No obstante, fuentes cercanas a la causa indicaron a El Tribuno que tenía consigo un bidón de agua y una conservadora de alimentos, claros indicios de que estuvo recibiendo ayuda.

