La “rosca política” le sentó bien a Rodrigo Pérez Quinteros. Se quedó con la vicepresidencia 2° del cuerpo, para enojo de su bloque, que quería a Laura Jorge como autoridad. Los desairados de La Libertad Avanza piden que truene el escarmiento.
Los experimentados trabajadores del Concejo Deliberante de la ciudad de Salta, que con ojos pacientes suelen escudriñar el comportamiento de los ediles que asumen, concluyeron ayer que no hay nada más duro que un libertario que sobreactúa defender sus convicciones. Aunque aclararon que el león de turno puede devenir en gatito siamés si el beneficio que le ofrece la “casta” satisface sus ambiciones individuales.
Se referían a Rodrigo Pérez Quinteros. El libertario que este año intentó amedrentar con feroces gruñidos, pero sin éxito, al periodista Daniel Murillo en el estudio de Radio Infinito; y ayer juró con un aflautado tono de voz desempeñar el cargo de Vicepresidente 2° del Concejo Deliberante.
El modesto “Sí, juro” puede explicarse. Dos minutos antes, su compañera Laura Jorge había enumerado los méritos del espacio para quedarse con la Vicepresidencia 1°: triunfo electoral en los comicios del 11 de mayo, haber duplicado en votos a la lista que quedó en segundo lugar y asegurar que el triunfo de su partido en las legislativas nacionales de octubre ratificaba la preferencia de los salteños para las ideas de la “libertad”. Laura Jorge, además, aclaraba que ella misma ocuparía el cargo que reclamaba para su partido.
Ni bien terminó de hablar, una edil del oficialismo pidió acelerar los trámites y poner a consideración del recinto una terna que ya contaba con el aval de varios: Darío Madile presidente, José García Vice 1° y Pérez Quinteros Vice 2°. La sorpresa se apoderó del bloque libertario. Flor León, Carlos Casasola y Erica Castro pasaron de preguntarle a Laura Jorge qué era lo que estaba pasando a concluir que el compañero los había traicionado y que todo era un asco.
No hubo tiempo para mucho más. En cuestión de segundos los concejales aprobaron la terna que convirtió a Pérez Quinteros en Vicepresidente 2°. Nadie tenía pruebas, pero tampoco dudas: Pérez Quinteros habría rosqueado el cargo con el presidente del cuerpo sin discutirlo con sus compañeros, que terminaron por informar lo ocurrido a los mandos superiores. Anida en ellos la esperanza de que la cúpula nacional haga “tronar el escarmiento”. La política sin alma es así. La ejercen quienes dicen tener títulos de sobra para combatir a la casta, aunque su íntima vocación sea la de ser pequeños traficantes de cargos públicos.

