«Era un pantano» | Los vínculos políticos salteños de Jardín Celestial, la inmobiliaria que vende lotes que se inundan en La Caldera

Luego que el municipio admitiera la irregularidad que afecta a una familia a la que le brota agua de vertientes subterráneas en su casa, aparecieron las conexiones entre la empresa y el exintendente Miguel Calabró.

Continúa el litigio que enfrenta a un matrimonio con la empresa inmobiliaria Jardín Celestial, que se mostró por encima de la ley. La asimétrica relación, como CUARTO lo expuso, se dio en la Audiencia de Mediación en donde la pareja documentó cómo la vertiente subterránea que aflora del piso de su casa daña irreparablemente las bases de la construcción, pisos, paredes y hasta muebles; mientras el abogado de la firma negaba que sus representados fueran responsables del desmadre, para luego retirarse del acto cuando el representante del municipio, Héctor Velázquez, declarara que la inmobiliaria carecía de autorización municipal para vender lotes en la III Etapa del emprendimiento.

CUARTO se comunicó con funcionarios del municipio. Pidieron no ser nombrados, pero corroboraron lo dicho por el apoderado legal en la audiencia. Admitieron, incluso, que al inspeccionar la etapa certificaron que los terrenos de la misma “estaban cerca de vertientes”, que el lugar “prácticamente era un pantano” y que por ello “el ‘previsado’ no salió”. El encomillado importa. Da cuenta de que el municipio descreyó de la habitabilidad de los lotes y que Jardín Celestial ni siquiera superó el inicio de los pases obligatorios para comenzar a tramitar los servicios.

Municipalidad de Salta

Ello explicaría la resistencia a compartir, con quien los solicite, los estudios de Impacto Ambiental y Social, Prefactibilidad de Servicios o el Certificado de No Inundabilidad. Puede que no hayan sido presentados o que los mismos se redujeran a la presentación de imágenes satelitales que además de limitar con lo trucho, permite a los empresarios ahorrarse los gastos de los estudios contemplados por la ley. Una maña habitual de loteadores que venden terrenos para direccionar el dinero al buche propio y agilizar la puesta a punto de otras etapas en mejores condiciones.

Cuándo a esos mismos funcionarios se les indaga por qué el municipio permite esas ventas ante tantos indicios que aconsejaban lo contrario, echan mano al clásico recurso de llorar la pesada herencia: “Esto viene de antes de la actual gestión”, dicen para deslindar de responsabilidades al actual jefe comunal, Diego Sumbay, intendente desde 2019 y que al ser elegido en noviembre de ese año declaraba que en La Caldera los recursos se usaban “para algún (negocio) privado que a veces es de los propios funcionarios».

Clan Calabró

Sumbay se refería entonces a Miguel Calabró, quien accedió a la intendencia de La Caldera por primera vez en 1999, fue reelegido en 2003 y también en 2007. Un político sin connotaciones épicas que, según varios caldereños, hizo de la gran carrera personal y los negociados con tierras su gran bandera.

El vínculo del apellido Calabró con Jardín Celestial se remonta al menos al 1 de diciembre de 2010. Ese día, el Boletín Oficial 18.481 informó la constitución de “Jardín Celestial S.R.L”, integrada por tres socios: Renzo Palacios, que haría de Socio Gerente; Héctor D´Andrea, que al parecer era quien ponía las tierras; y un estudiante de 19 años llamado Carlos Calabró. Se trataba del hijo del entonces intendente en ejercicio, que cumpliendo el sueño de la dinastía pueblerina propia incorporaba al nene en la administración de la firma comercial que se dedicaría a la «realización de todo acto lícito vinculado a la instalación, construcción y administración del funcionamiento de un Cementerio Parque y todo lo inherente a su explotación o instalación en la jurisdicción del departamento La Caldera».

Cuatro años después, el Boletín Oficial publicado el 29 de septiembre de 2014 daba cuenta que Jardín Celestial modificaba su contrato social e incrementaba capital. Con respecto a lo primero, al interés por los cementerios le sumaron la posibilidad de comercializar “inmueble de terceros, y cuando las finanzas lo permitan podrán adquirir inmueble para su futura realización”. Los socios seguían siendo los mismos, aunque el padre del más joven ya no era intendente, sino diputado provincial (2011–2015) en representación del mismo departamento.

En noviembre de 2018, Jardín Celestial realizó otro movimiento. Incorporó a Miguel Calabró, ya ex intendente y ex diputado provincial, como Gerente Suplente de la firma. La incorporación ocurrió cuando se desempeñaba como secretario de Asuntos Municipales del gobernador Juan Manuel Urtubey, pero el Boletín Oficial recién informó del acto –30 de enero de 2020– cuando ocupaba un cargo en el gobierno de Alberto Fernández y se aprestaba a competir por la senaduría del departamento. Calabró se impuso en las elecciones y asumió la banca de la cámara alta provincial en diciembre de 2021. La ocupó hasta diciembre de 2025.

Pero en esa campaña electoral los habitantes de La Caldera y Vaqueros se sorprendían del protagonismo proselitista de otro de los socios de Jardín Celestial: Renzo Palacios. Aunque no cargaba con un bombo ni calzaba una vincha con la inscripción “Calabró o muerte”, el hombre era habitué en las caminatas y actos en los que el orador principal era el propio Calabró. No hay por qué descreer de la versión de los vecinos. El Tribunal Electoral de la provincia registró en abril de aquel año como apoderado de la fuerza conducida por Calabró en el departamento –Nueva Fuerza Vaqueros y Nueva Fuerza La Caldera- al propio Renzo Palacios, a quienes todos identifican como el rostro visible de la firma que devino en pesadilla de quienes viven en la III Etapa de la urbanización.

En esos fluidos vínculos entre empresa y política parece residir la asimétrica relación entre una familia que asiste al juzgado y cumplen con lo que éste dispone mientras la casa se le desmorona; y los notables adinerados que estando por encima de la ley engordan riquezas embuchándose el ahorro de los vecinos a pie. Un abismo moral separa a uno de otros. Es de esperar que la justicia enderece lo que el Poder tuerce para confirmar que no forma parte del pestilente pantano que los tiranozuelos de un pueblo montan en provecho propio.

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