Martín Teruel aseguró que lo que ocurre entre los estudiantes es un reflejo del país. Agregó que «las crisis socioeconómicas inciden en las personas».
Luego de que se encendieran las alarmas en todo el país por las amenazas de posibles tiroteos en escuelas, el secretario de Salud Mental de Salta, Martín Teruel aseguró que se puede enmarcar la situación en un incremento de los niveles de violencia y agresividad.
«¿Qué es lo que nos está pasando? No a los adolescentes, sino en general. Los chicos y las chicas no bajaron de un plato volador. Están poniendo de manifestación cosas que no están funcionando», dijo Teruel, y agregó que «hay escenarios que creo que nos tienen que generar unas cuantas preguntas».
En Cuarto Oscuro, de FM La Plaza, el funcionario señaló que «hay estudios en Argentina que empiezan enfocándose en el malestar psicológico o padecimiento subjetivo». «Dentro de eso, uno de los aspectos que aparece es irritabilidad, tensión, falta de punto de límite. No es aventurado decir que se puede ver en la sociedad actual incrementos en los niveles de hostilidad y agresividad», agregó.
Para Teruel, la hostilidad y la agresividad «son inherentes a la condición humana». «Los vínculos sociales son los que permiten ir moderando esas tendencias. Para empezar, hay que preguntarse qué está pasando con el marco regulatorio de la sociedad actual. Parece que cualquiera puede decir cualquier cosa sobre el otro sin consecuencias», siguió.
Respecto a la posible influencia de la crisis económica que vive el país, Teruel dijo que «no podemos cometer el error (de pensar) que el que tiene mucho dinero no puede padecer conflictos». «Ahora bien, claramente las situaciones de crisis socioeconómicas inciden en las personas. No es lo mismo saber que te vas a sentar a almorzar que no saber si tu familia come. Esa incertidumbre tiene una incidencia directa en el malestar psicológico de las personas», agregó.
«Los síntoma sociales contemporáneos tienen que ver con el ‘sin medida’: consumos problemáticos, excesos en la violencia callejera, ataques de pánico. Falta de límite, falta de represión. Un sujeto que queda girando sin apaciguamiento», razonó, y agregó: «El año pasado hemos trabajado mucho con el Ministerio de Educación de la provincia con supervisores y directores en mesas de trabajo para pensar con ellos y para proponer cómo generar en los ámbitos educativos espacios preventivos, espacios de cuidado, de detección temprana. Que se pueda intentar generar espacios. Que el ámbito escolar pueda circular la confianza. Que el que se sienta mal pueda encontrar una escucha, una posibilidad de integrarse. Pero esos son procesos. No son intervenciones aisladas. No son actuaciones episódicas. En eso tenemos que ser muy humildes y abiertos a conocer los saberes del sistema educativo».
El funcionario remarco que si bien «hay cosas que no vemos, no sabemos» sobre los hijos, eso no puede servir de excusa para desentenderse. «Ya es algo eso que vemos, aunque no sepamos todo. Podemos ver cambios en el estado de ánimo o en el comportamiento de nuestros hijos. Podemos ver si los amigos de siempre son los que vienen o aparecen otros. Podemos preguntar aunque las cosas que nos digan sean escuetas, acotadas. Podemos ver mucho. Si nuestro hijo está entristecido, si se la pasa encerrado cuando antes salía a hacer otras cosas. Podemos intentar mirar y preguntar. Lo que no significa estar preguntando todo el tiempo. No hacer interrogatorios. Y saber que cuando llegue el momento va a haber que tomar cartas en el asunto. Hay que empezar a hacernos cargo», declaró.

