La libertaria Gabriela Flores asumió como diputada nacional por Salta en diciembre pasado. En tiempo record adquirió las mañas de la casta a la que dice querer combatir. “No es delito”, se justificó.
La “Leyenda Rosa” de Gabriela Flores dice que trabajó como «periodista de investigación», aunque nadie la recuerda por investigaciones que arrojen luz sobre los entramados del poder y sí por hablar sobre vinos en algunos medios. Igual encabezó la lista de diputados nacionales de la Libertad Avanza en las elecciones de octubre. Le alcanzó con subirse a la ola libertaria y jurar luchar a muerte contra la casta.
A seis meses de las arengas moralistas y a cuatro de asumir como diputada, Flores no pudo desmentir que se entregó al goce de los privilegios de la casta con dinero público. Fue en el programa que conduce la periodista Paula Poma, en FM Noticias, que tras señalar que en el aeropuerto se la solía ver con su hijo le preguntó con qué pasajes volaba el muchacho.
La respuesta de Flores, autora de “12 mujeres sommeliers de Argentina que son referentes y fuente de inspiración”, que ahora ostenta un trabajo con título pomposo, percibe un gran sueldo y goza de beneficios que millones envidian, sorprendió: “Mi hijo estudia acá en Buenos Aires abogacía. Va y viene. En alguna oportunidad puede haber viajado con pasajes del Congreso. Eso no es delito”.
Como Manuel Adorni cuando subió a la comitiva presidencial a su mujer para ahorrarse los pasajes a Miami y Nueva York, algunos fueron a revisar los gastos de Gabriela Flores en la página del Banco Central de la República Argentina. Lo que encontró el usuario de X Javier Smaldone fue que, al menos en septiembre del 2025, la ahora diputada registraba consumos por casi 12 millones de pesos en tarjeta.
Como se ve, la legisladora no necesita valerse de los recursos del Estado para garantizarle los estudios a su hijo. Claro que de no poder hacerlo tampoco debería valerse de la plata de los argentinos para conseguirlo. Menos tratándose de alguien que al hablar lo hace como si orinara agua bendita. Como se ve, Manuel Adorni hace escuela.


