La primera encuesta nacional sobre el tema revela que más de la mitad omite comidas y elige productos menos nutritivos de forma simultánea. Solo 4 de cada 10 empleados reciben algún aporte de su empleador para comer.
El 83,5% de los trabajadores asalariados de Argentina enfrenta algún grado de vulnerabilidad alimentaria durante su jornada laboral. Así lo indica la primera encuesta nacional sobre alimentación en el empleo, elaborada por la Dra. Ianina Tuñón y la Lic. Lucrecia Freije en el marco de una investigación para Edenred Argentina, que relevó 1.171 casos con representatividad nacional.
El deterioro del poder adquisitivo empuja a los trabajadores a dos estrategias concretas: el 61,1% omite comidas y el 78,5% elige alimentos de menor valor nutritivo. Ambas situaciones se dan de manera simultánea en el 56,2% de los encuestados —lo que el informe denomina «doble privación»— y se asocian directamente con una peor autopercepción de la dieta: el 44,6% de quienes la padecen reconoce alimentarse de forma poco saludable, frente al 36,3% del total.
Las condiciones físicas del entorno laboral agravan el cuadro. El 26% de los trabajadores casi nunca realiza una pausa para comer, y entre ellos la obesidad casi duplica a la registrada entre quienes sí descansan para almorzar (35,8% versus 19,3%). A su vez, el 41,5% come en su propio escritorio y el 32,3% lo hace en soledad, en gran medida porque los establecimientos carecen de infraestructura adecuada.
El acceso a beneficios alimentarios por parte de los empleadores es bajo y desigual: solo el 44,4% de los trabajadores recibe algún aporte, y ese beneficio tiende a concentrarse en quienes perciben salarios más altos. Frente a esa realidad, el 80,4% de los encuestados manifestó querer contar con una contribución de su empleador, proporción que trepa al 91,5% entre quienes padecen la doble privación.
Los datos surgen del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, que aportó el marco institucional de la investigación, en un contexto en que países como Francia, Italia y Brasil ya cuentan con sistemas consolidados de beneficios alimentarios laborales con incentivos fiscales.

