Se cumplió otro 17 de junio y los salteños volvimos a chocar contra la misma pared. El héroe gaucho y pilar de nuestra independencia fue muy homenajeado en Salta, mientras, desde el poder central, el silencio se hacía sentir por medio de la ausencia.
No es una novedad, pero no por eso deja de irritar. El Gobierno Nacional tuvo agenda llena para Belgrano y está muy bien. Fotos y discursos, sobraron. Pero cuando tocó mirar hacia el Norte, el desplante fue absoluto: ningún funcionario de peso se dignó a aparecer. Gustavo Sáenz no lo dejó pasar y apeló a la historia para recordar que el ninguneo no es nuevo. Güemes, en su momento, tuvo que vérselas con el enemigo que venía de afuera y, sobre todo, con la desidia y la traición de los que se sentaban en Buenos Aires a mover los hilos.
«Siempre luchó solo», reflexionó Sáenz en sus redes sociales. Y tiene razón, ya que han pasado más de doscientos años y aquellos antiguos problemas que enfrentó el héroe gaucho siguen vigentes: la indiferencia porteña hacia el interior profundo es una de las luchas que sufrieron los salteños de antes y siguen sufriendo los de ahora. Es humillante que prosigamos discutiendo si Güemes merece un lugar de honor, que ya se ganó en el campo de batalla. Es una postergación crónica, una marca de fábrica de un país que se dice federal, pero se sigue mirando el ombligo.
Lo que plantea el gobernador Sáenz va más allá habla de un justo reconocimiento a un Padre de la Patria. Nos habla de una Argentina distinta, que deja de ver al país desde la óptica de la General Paz. La miopía porteña no es una metáfora, es una decisión política consciente que nos sale carísima. Las provincias no piden que les regalen nada, ni andan mendigando dádivas; pero están hartas de que, cuando toca repartir o decidir, el Interior sea siempre el último orejón del tarro.
Esta conmemoración, fue una fiesta, pero también un termómetro. Y la aguja marca, como siempre, que la deuda con el federalismo no solo sigue vigente: está más caliente que nunca porque hay un Pueblo y su conductor que no piensa ser indiferente ante una situación injusta.

