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Una olvidada de la historia | Remedios del Valle, la mujer que peleó junto a Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes

Por ella, cada 8 de noviembre se conmemora el Día del Afroargentino. Participó de la campaña del Ejército del Norte y fue protagonista de una historia increíble durante la guerra de la Independencia. Terminó sus días viviendo de la caridad.

“Fue con la última división que María Remedios del Valle salió de Buenos Aires al Alto Perú el sábado 7 de julio de 1810. Esa fuerza de 1500 hombres, seis cañones y dos obuses estaba al mando de Francisco Ortiz de Ocampo, comandante del cuerpo de Arribeños, ascendido a coronel por la Primera Junta. La mujer acompañaba a su marido y a dos de sus hijos, uno de ellos adoptado” escribe Adrián Pignatelli en una nota que recuerda a una olvidada de la historia.

La misma fue publicada por el sitio Infobae y cuenta que María Remedios del Valle había nacido en Buenos Aires por 1766 o 1767 y tuvo un gran desempeño durante la segunda invasión inglesa asistiendo a los soldados que pelearon al mando del comandante José Merelo. Ya con la guerra de la independencia en curso, la afroargentina estuvo en el norte del país en la División del capitán Bernardo de Anzoátegui. María se ocupaba de atender las heridas de los soldados, suboficiales y oficiales, de lavarles y arreglarles sus ropas.

“Su primera paga de 20 nacionales los recibió cuando estuvo a las órdenes del septuagenario coronel José Bonifacio Bolaños. Estuvo también en la derrota de Huaqui, el 20 de junio de 1811, y luego bajó a Jujuy. Participó del Exodo Jujeño y Manuel Belgrano rechazó sus servicios de atender a los heridos cuando la batalla de Tucumán era inminente. Sin embargo, ella primero se coló en la retaguardia del ejército hasta que alcanzó la primera línea. Belgrano se sorprendió y admiró del coraje de esta mujer y la nombró capitana del ejército”, destacó Pignatelli en su artículo.

A María le tocó estar en Vilcapugio y en Ayohuma, las batallas en la que el español vence a las tropas patriotas comandadas por Manuel Belgrano en el entonces Alto Perú. María fue una de los 500 prisioneros tomados por los realistas. La historia registra que fue azotada durante nueve días y siete veces estuvo a punto de ser fusilada por ayudar a escapar a soldados patriotas. “Ella misma logró fugarse y estuvo en las filas de Martín Miguel de Güemes y de Juan Antonio Alvarez de Arenales. Su rastro, entonces, se le perdió, o mejor dicho, cayó en el olvido”, destacó el autor de la nota.

Recién en el año 1827 María vuelve a aparecer en los registros de la historia luego que Juan José Viamonte caminando por la Plaza de la Victoria reconociera a la mujer que pedía limosna. Viamonte, por entonces diputado, denunció la situación de la mujer. Manuel Leoncio Rico quien la conocía desde que el militar se había incorporado al Ejército del Norte en 1815 hizo su defensa ante la Sala de Representantes y solicitó una compensación monetaria que contando las actualizaciones desde la disolución del Ejército del Norte ascendía a seis mil pesos.

“El 24 de marzo de 1827 el ministro de Guerra envió su expediente a la Sala de Representantes, para que resolviese el caso. Los diputados escucharon testimonios demoledores de Viamonte, Gregorio Aráoz de La Madrid, Tomás de Anchorena y de Hipólito Videla, quienes la habían conocido y daban fe de lo que había hecho. El propio Videla había estado prisionero junto a ella. Había sido herida en seis oportunidades y mostraba las cicatrices de los azotes que había recibido de los españoles. Los diputados se enteraron que su esposo y que sus dos hijos habían muerto en combate” resalta Pignatelli quien concluye su informe del modo que a continuación transcribimos.

“Los ediles, sensibilizados, propusieron llamarla ‘Madre de la Patria’ y votaron por unanimidad otorgarle un sueldo de capitán de infantería, el que debía percibir con un retroactivo al 15 de marzo de 1827. Los diputados acordaron que se publicase su biografía en los diarios y que se le erigiese un monumento. La paga comenzó a recibirla salteada. Y del resto, ni noticias”.

Cuando Juan Manuel de Rosas inició su segundo mandato, la efectivizó con el grado de sargento mayor y se aseguró que cobrase puntualmente sus sueldos. María, en agradecimiento, permiso mediante, adoptó desde entonces el apellido Rosas.

No importó que fuera la Madre de la Patria. De su fallecimiento sobrevivió el registro del ejército, fechado el 8 de noviembre de 1847: ‘Baja. El mayor de Caballería Doña Remedios Rosas falleció’. En su homenaje, desde 2013 el 8 de noviembre es el Día del Afroargentino y de la cultura afro. Una reivindicación tardía de quien dio todo por el país y terminó pidiendo limosna en la calle.

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