sábado 20 de julio de 2024
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La tiranía del número | Los 252 proyectos de la oposición salteña que Esteban Amat no debate en la legislatura

Del total de proyectos presentados para siete sesiones, 48 son de ley y 21 se relacionan con la emergencia sanitaria. El número desmiente la acusación sobre el poco aporte de ideas en tiempos de pandemia. (Daniel Avalos)

Dicen que las emergencias suelen ser enemigas del debate democrático y la oposición en Diputados lo está padeciendo en carne propia. Hace meses que demanda al oficialismo dar dictamen a sus proyectos para poder debatirlos en el recinto, aunque el deseo choca con la férrea cerrazón del oficialismo que, contando con mayoría en las comisiones, bloquean el tratamiento de las iniciativas opositoras que son muchas y variadas.

Para confirmarlo alcanza con revisar la nómina de proyectos entrados a ese cuerpo para las siete sesiones que hubo en este pandémico año 2020: 28/4/20; 12/5/20; 19/5/20; 2/6/20/; 9/6/20; 16/6/20; 23/6/20; y 30/6/20. Un total de 252 – entre los de ley, resolución y declaración – producidos por seis bloques opositores que reúnen un total de 19 legisladores, sin contar al diputado del Partido Obrero, Claudio del Plá, cuyo registro no encontramos.

Como suele ocurrir en estos casos, los proyectos de declaración – aquellos que encierran un deseo que el legislador explicita por medio de un escrito – son los más numerosos: 124. A ellos les siguen los 78 proyectos de resolución que para ser aprobados requieren de la sola voluntad de la Cámara de Diputados, aunque de ese total 33 son pedidos de informes a distintas áreas de gobierno.

La cantidad de proyectos de ley son importantes: 48 iniciativas que por lo general sirven para analizar mejor el trabajo de los legisladores, sus perfiles ideológicos, la rigurosidad técnica y el sistema legal al que aspiran para a provincia. De ese total, 21 están directamente relacionados con la forma de administrar la pandemia y cómo abordar los efectos que la misma produce en otras dimensiones de lo social: desde habilitar la telemedicina, pasando por cuestiones tarifarias, formas de incrementar la recaudación provincial, beneficios impositivos para el sector privado, distribución de la asistencia social, o cómo terminar con los abusos policiales que derivaron del decreto 255 ahora convertido en ley porque la legislatura dejó vencer el plazo de tratamiento legislativo.

El bloque con mayor productividad fue el del Frente para la Victoria que tiene 10 miembros y produjo 22 proyectos; seguido por la UCR (3 legisladores) con 7; el Renovador (2 miembros) con 5 iniciativas; el Justicialista (un solo miembro) con 4 proyectos; Ahora Patria (2 diputados) con 2; y el del PRO (una legisladora) con un solo proyecto. Otro dato saliente: 8 proyectos de ley fueron firmados por legisladores de bloques bien distintos desde lo ideológico, confirmando la disposición para acuerdos puntuales para contrarrestar el apego ciego del presidente del cuerpo y de las comisiones a la historia oficial que el Grand Bourg les dicta sobre la pandemia, la economía o la política provincial.

Lo último es interpretado por la oposición como la matriz que explica el bloqueo. Es más, resaltan que no fueron pocos los casos en donde propusieron a diputados oficialistas presentar proyectos elaborados por los opositores si ello favorecía el tratamiento de los mismos. No obstante, varios entienden que a ese factor general debe sumársele una razón más inmediata: “los legisladores del oficialismo casi nunca dan en el blanco cuando impulsan o defienden un proyecto”. Hacen alusión a reyertas internas que complican lo que en principio debería ser fácil, a intervenciones plagadas de límites técnicos fácilmente impugnables y a las pocas competencias para desplegar el arte más elevado y auténticamente político: la oratoria.

Esa característica atraviesa por lo general a un saenzismo parlamentario que asocia política con acatamiento, aun cuando entre ellos haya procedencias distintas: está el grupo de los “concejales” devenidos en diputados que se limitaron a orbitar alrededor del “astro Gustavo” y están los jóvenes outsiders que dicen odiar a la política y a los políticos, aunque adoptaron en tiempo récord todas las mañas que prometían erradicar. Saenzismo químicamente puro organizado en el Bloque “Salta tiene Futuro” y que cuentan con el auxilio de los diputados que antes fueron romeristas, luego urtubeicistas y ahora forman parte del bloque “Sáenz Conducción” quienes como buenos conversos exacerban el seguidismo para convencer a terceros de que la borocotización fue sincera.

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