miércoles 24 de julio de 2024
21.3 C
Salta

A 50 años de la muerte de Perón | El análisis de un historiador salteño

No alcanzan los artículos para hacer una disección de sus gobiernos y de su doctrina, pero vale echar una mirada somera a lo que fue la etapa más crítica y polémica: los pocos meses en los que ejerció su última presidencia. (Daniel Escotorin)

“Con gran dolor debo transmitir al pueblo el fallecimiento de un verdadero apóstol de la paz y la no violencia; asumo constitucionalmente la primera magistratura del país”. Fue el lunes 1 de julio de 1974. Apenas una hora antes a las 13,15 horas se había producido el deceso del entonces presidente constitucional de la República Argentina, elegido por tercera vez en elecciones democráticas. Había triunfado ampliamente en la elección presidencial el 23 de setiembre de 1973 con la fórmula PERÓN – PERÓN (Juan Domingo Perón – María Estela Martínez de Perón) y asumido el 12 de octubre de ese año. Quien había pronunciado esas palabras por cadena nacional, fue justamente la ya viuda y desde ese momento nueva presidente de la Nación y primera mujer en llegar al Poder Ejecutivo de Argentina y en América.

Hubo otras frases, definiciones, conceptos en esos días de dolor, incertidumbre, de mucho pesar en la gran mayoría del pueblo argentino. Rodolfo Walsh, escritor, periodista, redactor del diario Noticias, una publicación financiada y dirigida por Montoneros, dejó otra definición épica sintetizada en su tapa en pocas líneas: en letra catástrofe DOLOR, y la bajada “El general Perón, figura central de la política argentina en los últimos 30 años, murió ayer a las 13.15. En la conciencia de millones de hombres y mujeres la noticia tardará en volverse tolerable. Más allá del fragor de la lucha política que lo envolvió, la Argentina llora a un Líder excepcional”. Crónica tituló “MURIO” y no hacía falta dar más detalles.

Hacer una disección de sus gobiernos, de su doctrina, es decir de lo que fue la aportación histórica nunca alcanzará artículos, ensayos ni libros de historia, no obstante vale echar una mirada somera a lo que fue quizás la etapa más crítica y polémica como es la última, esos pocos meses en los que ejerció la presidencia hasta su muerte.

Ese “fragor de la lucha” a la que se refería Walsh, era el conflicto político- ideológico que se desarrollaba en esos años al calor de la crisis del capitalismo argentino, la crisis orgánica que se expresaba en las recurrentes crisis políticas que desembocaban en golpes de Estado intentando restablecer el orden de las clases dominantes, que heridas en su capacidad de sostener su dominación sobre la base del consenso, su hegemonía, no podían mantener su poder si no era sobre la base del autoritarismo.

Fracciones de la clase trabajadora, de la clase media, de la pequeña burguesía afectadas resistieron los intentos de restablecer un modelo económico con predominio del sector agroexportador, con mayor apertura a los capitales extranjeros en esa extraña mixtura que intentó ser el desarrollismo de fines de los cincuenta y principios de la década del sesenta, que derivó en la génesis del neoliberalismo con la dictadura de Onganía. en 1966 con sus principios de “racionalización” del Estado y de la economía tuvo efectos devastadores en las economías regionales como sucedió con los ingenios tucumanos, más la ofensiva contra los derechos de la clase trabajadora, mezclado con una alta dosis de conservadurismo reaccionario: censura, ataque a la autonomía universitaria, bastión de la clase media antiperonista, con la “noche de los bastones largos” que produjo una fenomenal fuga de cerebros del país y un corrimiento de este sector hacia una izquierda radicalizada y hacia el peronismo.

El contexto internacional habilitaba nuevos aires revolucionarios y Perón en el exilio, gran lector de la realidad mundial, supo ponerse a tono alentando a una renovación ideológica de su movimiento (actualización doctrinaria: el socialismo nacional) y también generacional (trasvasamiento generacional). Perón siempre se definió como un conductor estratégico y en ese sentido articuló con diversa suerte las distintas tendencias del movimiento: las conservadoras, las radicalizadas, las que tenían la pretensión de desplazarlo y los leales, los ortodoxos y los revolucionarios, pero ante la realidad del peronismo en el gobierno otra vez en 1973 con el FREJULI con la fórmula Héctor Cámpora – Solano Lima contener todas esas tendencias se volvió tanto ya una necesidad como un problema.

Su retorno debía ser en son de paz, como prenda de unión y pacificación tanto nacional como también de su movimiento. ¿Estaba ante una imposibilidad histórica? Resulta que las energías desatadas en esos largos años de ausencia no parecían dispuestos a replegarse y subordinarse a un proyecto que creían reformista y que Perón había diseñado como la nueva etapa de un gobierno pensado para plasmar esa “revolución inconclusa” frustrada por factores internos políticos y económicos, como también por el desarrollo y cambio de las condiciones de los cambios del sistema capitalista.

¿Volvió Perón para ser presidente? Él se sabía viejo, enfermo. Pero las señales hacia el afuera eran siempre contradictorias; sí él se pensaba como un estratega mirando y asesorando, difundiendo elementos de su pensamiento que era tan lúcido como avanzado a su vez otra parte de su conciencia lo empujaba a asumir esa última responsabilidad política para terminar su obra, su proyecto. Finalmente se decidió por esto y allí se sumergió en el vano intento de restablecer su dominio, su autoridad y poner en marcha ese modelo que había diseñado en sus tiempos de ausencia.

El gobierno de Perón estuvo signado por tres crisis en el contexto global: el modelo del Estado de Bienestar venía ya mostrando signos de agotamiento en Europa y Estados Unidos, las teorías neoliberales comenzaban a asomar lentamente en diversos círculos políticos y económicos; en 1973 a raíz de la “guerra del Yom Kipur”, nueva confrontación bélica entre los países árabes e Israel derivó en un embargo petrolero contra los países aliados de Israel, embargo que tuvo como efecto el aumento del precio del barril del crudo que se cuadruplicó, causando perjuicios tanto a nivel económico financiero como productivo. La tercera crisis fue en el plano regional dado que Argentina era el único país con gobierno democrático: Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú estaban bajo dictaduras militares. El cerco era muy claro y fuerte.

Ya con Cámpora, el peronismo apuesta a repetir y recomponer un acuerdo de clases, el Pacto Social, una forma de congelamiento de la lucha de clases con un Estado otra vez arbitro y equilibrador del conflicto social, el ministro de Economía de Cámpora, José Ber Gelbard, empresario vinculado al Partido Comunista, continuaría en la gestión de Perón. El acuerdo firmado entre el gobierno, la CGT y la CGE (empresarios) establecía: congelamiento de los precios con disminución en productos de la canasta básica como la carne, alza general de sueldos, suspensión de negociaciones colectivas sobre el salario durante dos años, congelamiento de tarifas, revisión de salarios en un año. Se pretendía llegar a la participación de los asalariados en el 45-50% del ingreso nacional en un plazo de 4 años incrementando los salarios reales de la clase trabajadora. Para 1974 la inflación había caído a 30.2%, casi la mitad del 79.6% que había en 1972, y la desocupación cayó del 6.1 al 2.5%. El crecimiento del PBI pasó del 3.5% en 1969/72 al 6.1% en 1973, y al 6.4% en 1974.

Buscó revertir la tendencia iniciada desde su derrocamiento en 1955 de desnacionalización de la economía argentina que profundizaba los niveles de dependencia y subordinación a las potencias centrales. Las leyes promulgadas tenían como objetivo promover el crecimiento de la industria nacional y estimular el uso y desarrollo de tecnología propia, o sea, fortalecer nuevamente a la burguesía nacional, tales como la regulación de la inversión extranjera directa, el funcionamiento de las pequeñas y medianas empresas, el trabajo y la producción nacional y la promoción industrial.

En relación al capital extranjero, estaba permitido en tanto no afectase la soberanía política y económica del país, además del aporte para el desarrollo nacional. Establecía que en ningún caso podría otorgarse a inversores extranjeros tratamiento más favorable que a los nacionales. El Estado tenía una fuerte incidencia en el control del capital financiero y estimulaba los créditos con fines productivos y los destinados a las familias con baja tasa de interés. Igualmente en el plano agropecuario fortaleció las Juntas Nacionales de Granos para controlar el comercio exterior, la fijación de precios y la apropiación de saldos en favor del Estado, se buscó favorecer la producción con una nueva disposición impositiva para fomentar la mayor producción y competitividad y desalentar la especulación sobre las tierras improductivas.

El modelo nacional

El 1 de mayo de 1974 es ampliamente conocido por el discurso de Perón en Plaza de Mayo, su enfrentamiento con la izquierda peronista y la ruptura de ambos de forma irreversible. Poco se dice de lo que venía esbozando y planificando, y que lo deja plasmado en el discurso inaugural de apertura de las sesiones legislativas en el Congreso Nacional. Efectivamente, esa mañana Perón habló ante diputados y senadores y desarrolla lo que denominó el Modelo Nacional, allí describe los objetivos de su gobierno y también de un modelo estratégico que piensa una Argentina de cara al siglo XXI. Expresa su convicción de mundo que avanza hacia el “universalismo” (globalización) y pone como requisito necesario previo la “continentalización” (integración regional) “a nivel continental, ningún país podrá realizarse en un continente que no se realice”; previene contra los efectos de ese universalismo y propone un “nacionalismo cultural” y respecto del avance del conocimiento es muy enfático “Sin base científico-tecnológica propia y suficiente, la liberación se hace también imposible. La liberación del mundo en desarrollo exige que este conocimiento sea libremente internacionalizado sin ningún costo para él”. Y realiza un acertado diagnóstico sobre el futuro de los modelos económicos y los recursos naturales y ecológicos: “La lucha por la liberación es, en gran medida, lucha también por los RECURSOS Y LA PRESERVACIÓN ECOLÓGICA, y en ella estamos empeñados. Los pueblos del Tercer Mundo albergan las grandes reservas de materias primas, particularmente las agotables”.

Determina el rol de cada sector social: trabajadores “columna vertebral del proceso, están organizándose para que su participación trascienda largamente de la discusión de salarios y condiciones de trabajo”. (definir cuál es el modelo de país al que aspiran), empresarios (el Estado definiría funciones para contribuir al modelo), la juventud (cuál es el objetivo para el país), así también con los intelectuales, las Fuerzas Armadas, la Iglesia y las mujeres. “El MODELO ARGENTINO precisa la naturaleza de la democracia a la cual aspiramos, concibiendo a nuestra Argentina como una democracia plena de justicia social (…) Definida así la naturaleza de la democracia a la cual se aspira, hay un solo camino para alcanzarla: gobernar con PLANIFICACIÓN”.

No obstante esta ambiciosa obra, su realización se verá truncada por el corto tiempo que le restaba de vida. El 12 de junio llegará a dar su último discurso y contacto con su pueblo. Ante la creciente crisis económica, el boicot de sectores empresarios, el recrudecimiento de las luchas internas del peronismo amenaza con renunciar por lo que la CGT convoca a una movilización a Plaza de Mayo para esa misma tarde. Allí Perón retomó lo que había denunciado en su alocución por cadena nacional por la mañana, fatigoso, cansado alcanzó a dejar las palabras que fueron su despedida frente a sus miles de obreros, obreras, empleados, trabajadores, esos “compañeros” enunciado una y mil veces en charlas y discursos: “Compañeros, yo llevaré grabado en mi retina este maravilloso espectáculo en que el pueblo trabajador de la Ciudad de Buenos Aires y de la provincia de Buenos Aires me trae este mensaje que yo necesito. Compañeros, Con este agradecimiento quiero hacer llegar a todo el pueblo de la República nuestro deseo de seguir trabajando para reconstruir nuestro país y para liberarlo. Esas consignas, que más que mías son del pueblo argentino, las defenderemos hasta el último aliento. Para finalizar, deseo que Dios derrame sobre ustedes todas las venturas y la felicidad que merecen. Les agradezco profundamente el que se hayan llegado hasta esta histórica Plaza de Mayo. Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”.

Su muerte acentuó y aceleró una nueva crisis en el contexto de la espiral de violencia que ya se desataría abiertamente sin su presencia: la derecha peronista con su viuda y López Rega más la anuencia de un sector de las FF.AA. y el sindicalismo irán a la caza de militantes populares, la crisis económica se cobraría la gestión de Gelbard para dar paso a una feroz política regresiva con Celestino Rodrigo que poco iba a durar en el cargo porque su “rodrigazo” le costó a un gobierno peronista un paro general de 48 horas en julio de 1975 y poco después eyectará al mismo López Rega .

La herencia de Perón, los herederos de Perón se desgañitan aun asumiendo ser los verdaderos peronistas. Si en los 70 un sector intentó llevar ese peronismo hacia una concepción revolucionaria socialista, hoy a tono con los nuevos tiempos surge una corriente “peronista libertaria” y entre medio pasaron: neoperonistas, renovadores, menemismo (neoliberales), caudillos, caciques, pejotistas, kirchnerismo, progresistas, más liberales, y arribistas, muchos. Todos con su manual de doctrina, con su frase de cabecera, con su rito propio.

Ese proyecto de un país integrado en una comunidad organizada en el contexto de un mundo, tal como vaticinó, globalizado, con las regiones continentales en proceso obligatorio de integración quedó trunco porque también no entendió la naturaleza del capitalismo que avanzaba hacia una fase más veloz, dinámica y salvaje de explotación, depredación y destrucción de los lazos comunitarios, sociales y solidarios, y si los vio no tuvo el tiempo de vida para dejar un movimiento político capaz de ser reaseguro de los intereses nacionales. Por el contrario, su muerte, la derrota del movimiento popular con la dictadura cívico militar de 1976, la democracia condicionada de 1983 y el nuevo contexto mundial de los noventa hicieron del peronismo un espacio cada vez menos popular, y parafraseando a Cooke un invertebrado no ya enorme y más miope. La enorme jerarquía histórica del peronismo y del Perón sobre todos es inversamente proporcional a la calidad política actual y su viabilidad como fuerza y proyecto liberador para el pueblo argentino.

Por debajo, el pueblo sostiene una memoria difusa cada vez mas lejana y ajena, tanto como para no poder distinguir a sus victimarios como tales porque las evocaciones y las conmemoraciones no alcanzan ni sirven cuando no se sostiene ni revitaliza con la práctica, las vivencias, el sentido real de justicia social que no es otra cosa que el bienestar, el vivir bien, la conciencia clara con la experiencia de un modelo, un gobierno, una democracia que como decía el General “hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo”.

Archivos

Otras noticias