Ocurrió en junio de 2000 en el programa Día D.

El 15 de junio de 2000, Jorge Lanata entrevistó a Charly García en su programa Día D. La nota se convirtió en leyenda debido a la famosa frase que el bicolor propinó al conductor: «Y yo pienso que vos sos un pelotudo».

En el momento en que fue realizada la nota García arrastraba escándalos varios. Después de haberse negado tres veces a declarar en la ciudad de Rosario debido a una demanda que había establecido un fotógrafo del diario La Capital por supuestas agresiones, García había sido detenido y obligado a presentarse ante la Justicia santafesina. Además, su pelea pública con Andrés Calamaro seguía vigente y todavía estaba latente el encuentro con el ex presidente Carlos Menem en la quinta de Olivos en 1999.

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Se sumaban, además, el asunto del noveno piso, ocurrido unos meses antes de la entrevista, y la reunión de Sui Generis después de 25 años. García abrió la nota y el programa de ese día con una versión de «El día que apagaron la luz», canción inédita hasta ese momento que se convirtió en el primer corte de Sinfonías para adolescentes, el disco que Sui editaría ese mismo año.

Lo que vino después de la canción fue la entrevista, que duró más de media hora y que alcanzó, por momentos, altísimos picos de tensión. Aquí va un fragmento de aquella extensa nota:

Charly: – Y… ¿de qué estábamos hablando?
Lanata: – De vos, pero después paramos. Siempre pasa eso.
C: – Pero no te hagas problema, el mundo sigue.
L: – Sí claro. A veces parece que a vos no te parece eso.
C: – No, eso no le parecía a un amigo mío que se llamaba Andrés, que me decía eso y a mí me causaba mucha gracia. Decía que cuando paraba de hablar le parecía que se paraba todo el mundo.
L: – Pobre.
C: – No, tiene guita.
L: – Pobre.
C: – Bueno, pero por ejemplo yo puedo hacer algo sentado que hace parar a los demás: toco el Himno. Lo hice en el Congreso. ¿Sabés qué lindo que era verlos a todos?
L: – ¿Parados?
C: – Y, era lindo…
L: – ¿Qué es eso de los brazaletes? ¿Por qué dan nazi, así de lejos? ¿Lo hiciste para hinchar las bolas o porque te gustó hacerlos así?
C: – Dan limosna, también. Dan envidia.
L: – No, boludo, te pregunto en serio. No me dan envidia. Te digo en serio. Dan un poco nazi, miralos bien. Negro y rojo… ¿para qué te estoy explicando?
C: – Pero el negro y rojo lo empecé yo… o no sé si fue Newell´s Old Boys…
L: – No, vos sos antes de Newell´s Old Boys.
C: – No, yo inventé todo eso. Después esto lo vi en Marilyn Manson. El asunto de que parezca y que no sea es para que alguien muerda.
L: – Ah, un boludo como yo con tarjeta de crédito…
C: – Y… qué se yo. Parece.
L: – No es.
C: – No es. Bueno, en realidad lo imité de los Beatles, eso.
L: – ¿Qué?
C: – Película Help.
L: – Ah, no la vi.
C: – ¿No la viste? ¡Por eso…!
L: – Por eso soy así, ¿no? Pero, ¿sabés qué?, escuché la versión de Caetano de Help que es mucho mejor que el tema de los Beatles…
C: – En la película viene Paul McCartney, entra al salón hindú y la espía dice: «Say no more». «I can´t say no more»… Y está el brasileño que dice: «Eu, voçê», «No sé nada, eh…»
L: – Me estás mintiendo. Soy un marciano, no vi Help. Y no tengo oído absoluto.
C: – Bueno, hay unas clínicas…
L: – ¿Qué me ponen el oído absoluto?
C: – ¡Que te ponen el oído absoluto! O se ponen absolutamente oído. Vos sos absolutamente oído.
L: – ¿En qué quedó la historia judicial de Rosario? ¿Terminó o tenés que volver?
C: – Y, depende: ¿cuánto tenemos de ranking ahora?
L: – No sé. ¿Vos viniste por eso? Andate y pasemos el Oso Yogui. Yo estaba bien hablando con vos y ya me empezás a joder con el rating.
C: – No, no, yo digo porque…
L: – Es rating y vos decis ranking…
Charly se dirige a su saxofonista y le pide que cuente cómo lo quieren en Europa.
C: – No es como acá. Ahí me quieren. Acá no, acá no…
L: – Acá también te quieren…
C: – ¿Que me quieren? ¡Nooo…!
L: – García, ¿no sentís que acá te perdonan…?
C: – ¿Que me perdonan qué?
L: – Que te bancan todo, ¿no?
C: – ¿A mí me perdonan? ¿Qué?
L: – Te pregunto… You are talking to me? Parecés De Niro mirando el espejo. ¿No sentís que te bancan? Iba a decir que te bancamos, pero…
C: – Yo a De Niro me lo banco. Mirá, no me hagás decir cosas así…
L: – Yo no te quiero hacer decir nada.
C: – Bueno, yo te voy a decir una cosa entonces: me parece que soy una de las personas más humildes que conozco. Piensen ustedes que yo tengo poder sobre la gente desde que nace hasta que se muere. Es cierto.
L: – ¿Por qué?
C: – Porque es así. ¿Viste que los cantantes son de los 20 a los 25? Desde que nacen hasta que se mueren están ahí conmigo. Y toco acá gratis, ayudo a la gente, me voy a Rosario para hacerle la gamba a un imbécil y te parece que… en serio. El brazalete es un chiste.
L: – Para que entren los boludos a los que les parece nazi.
C: – Lo compran. Pero los que están en el recital haciendo así saben que es otra cosa.
L: – ¿Lo de Menem qué es? ¿Un chiste también?
C: – Vos decís… No, no es un chiste.
L: – ¿Qué es?
C: – ¿Qué es…? Estoy buscando el cuchillo que siempre llevo cuando voy a cenar con él.
L: – ¿Tiene filo?
C: – Sí.
L: ¿Me lo pensás tirar?
C: – No. Mirá, yo sentí que estar en una reunión en la quinta de Olivos, que es donde se supone que viven los presidentes, y después de dos veces de no ir, y tener la oportunidad de decirle al presidente de tu país lo que te parece… y se lo dije. Él es fan mío, yo lo siento sincero…
L: – Seguro que sí, le gusta lo que hacés. Vos decís que la música está arriba de la política y es así: la música está arriba de la política, gracias a Dios, si no estaríamos perdidos. El arte está arriba de la política, en el caso de que hagas arte.
C: – ¿Sabés lo que es el arte?
L: – No. ¿Vos?
C: – Sí, cagarte de frío.
L: – No, no es sólo eso. Hay gente que se caga de frío y no hace arte.
C: – Ay, ay, ay. ¿A vos te parece que yo soy artista?
L: – No lo sé. En serio, no lo sé. Yo creo que hiciste grandes cosas y que después te empezaste a copiar a vos, y creo que te das cuenta.
C: – Y yo pienso que vos sos un pelotudo.
L: – Gracias.
C: – De nada. Pero bien.
L: – Bueno, ¿y cómo es un «bien» pelotudo?
C: – Y, no sé. Sale por televisión.
L: – ¿Nos vamos a pelear? Peleémonos.
C: – No, no me estoy peleando con vos.
L: – Todo bien. ¿Estás muy en desacuerdo con lo que dije?
C: – Completamente.
L: – ¿Por qué?
C: – Porque si mirás a los demás te vas a dar cuenta de que…
L: – ¿Vos me decís en función de los demás? Vos sos muchísimo mejor.
C: – Ah, bueno. Entonces debo ser un artista, como Mercedes Sosa, ¿no? Bueno, entonces, puro acero.
L: – ¿Ah, era así? No, no es así, García.
C: – Bueno, entonces Mercedes Sosa no es una artista.
L: – Bueno, nos vamos a enredar en una discusión…
C: – Nos vamos a enredar nada. Yo creo que…
L: – Sos un artista, García.
C: – Bueno, y además soy un artista muy bueno.
L: – Y aparte sos alto.
C: – Y aparte…
L: – Estás más lindo que antes.
C: – Y aparte nunca me traicioné. Por ejemplo.
L: – Este pelotudo tampoco.
C: – ¿De quién hablás?
L: – De mí.
C: – Ah… me hacés acordar a Fito.
L: – ¿Sí?
C: – Un poco. Yo lo quiero mucho a Fito
L: – Y él te quiere mucho a vos, también.
C: – Podemos hacer un trio: «Los tres pelotudos». Che, ¿y qué me decís de los pelotudos que me dejaron ir en cana?
L: – ¿De quiénes?
C: – No sé, se supone que acá tiene que haber un país que se ocupe de uno…
L: – Vos sentís que el Gobierno se abrió de gambas con la historia, pero ¿vos pensás que tendría que ser un quilombo del Gobierno, Charly? En serio te digo.
C: – Yo pienso que la cultura es un asunto del Gobierno.
L: – ¿Por qué no lo denunciaron por extorsión al tipo y dieron vuelta la torta? ¿Si lo que el tipo quería era plata?
C: – Primero, porque yo no tengo plata, ya me la sacaron toda.
L: – No importa, pero vos podés denunciar por extorsión a alguien aunque vos no tengas guita, ¿qué tiene que ver?
C: – Bueno, pero primero viene la parte de que Charly García es un delincuente y que hace todo mal y que tiene la culpa de todo, y «que loco que está», y que, que, que… Entonces hasta que no se mandan una cagada más grande que hablar mal de la gente y no tener pruebas y todo eso, uno tiene que pasar lo que se llama el «habeas no corpus ni almus ni nada», que es ser culpable hasta que se demuestre, además de lo contrario, que soy amigo de él.
L: – ¿Sentís que se abrieron de gambas y te dejaron ahí solo?
C: – Qué se yo, no sé. ¿A vos te parece que me vengan a buscar a mi casa para que vaya a Rosario a decir…?
L: – Sí, ya sé, es una pelotudez.
C: – Y sí.