Integrantes de la Murga Ele Wichi, uno de los proyectos de contención en las comunidades formoseñas. (Foto: Tiempo Argentino)

La nota publicada por la prensa nacional de cuenta de esta batalla que libran los pueblos originarios contra las drogas no solo en esa provincia, sino en el resto del norte argentino.

Sin duda algo que en Salta también podría aplicarse, el ejemplo de los wichí en Formosa. Pues es sabido que en nuestra provincia, particularmente en el norte, las comunidades originarias vienen atravesando una situación compleja en cuanto a las adicciones de las generaciones más jóvenes. Varias denuncias a lo largo de estos años muestran esa cara de la realidad, la más cruda en las comunidades que de por sí ya han sido puestas en el abandono y la postergación.

Municipalidad de Salta

Algo similar sucede en la vecina provincia de Formosa. Ahí, las comunidades wichí, al igual que en Salta, ven como sus jóvenes ahogan sus vidas en el consumo problemático de drogas. La nota publicada por Tiempo Argentino bajo el título “La original lucha de los wichí contra las adicciones”, firmada por Daniel Cecchini, da muestra de ello.

Alejandro Ramírez, presidente de la Comunidad wichí de Tres Pozos, en el oeste formoseño, comentó: “Vemos adictos a nuestros jóvenes y es muy triste para nosotros que somos papás y que somos mamás, hace dos años atrás vemos a nuestros jóvenes que se endrogan y fuman marihuana, algunos inhalaban con nafta y poxirán. Antes tomaban alcohol, vino y ya empezaban a desaparecer en la comunidad; ahora caminan solos, vemos en la comunidad chicos que discuten con su madre y con su padre. Ellos ya no se juntan con los chicos normales. También los chicos se adictan con celulares, computadoras, motos con alta velocidad frente a una televisión y se olvidan de trabajar, de hacer changas y no ayudan a hacer las actividades en la casa”.

Al respecto, Gustavo Núñez -de la Asociación para la Promoción del la Cultura y el Desarrollo (APCD) de Las Lomitas, una de las ONG que trabaja con las comunidades indígenas de Formosa- señaló: “Si tuviéramos que hacer un ranking, el alcoholismo es muy alto y está a la cabeza de los consumos problemáticos, Los jóvenes toman alcohol rebajado con agua y vino del más barato. En segundo lugar está la inhalación de pegamento y de nafta, y después viene el paco. Marihuana también hay, pero menor medida porque es más cara”.

Contener y acompañar

Entre las estrategias para salir de esta situación, los propios pobladores wichí han empezado a implementar espacios de reflexión y transmisión de la cultura ancestral, talleres de arte, una suerte de visitas con retiros en territorios ancestrales para alejar a los jóvenes de los proveedores y conectarlos con la naturaleza, e incluso una comparsa –Elé wichí– que, además, apunta a difundir la cultura y las costumbres tradicionales hacia el resto de la población. Los jóvenes se preparan durante todos los meses del año para los desfiles de Carnaval, donde participan con motivos originarios para hacer su cultura. Con los lazos que se construyen alrededor de ese proyecto, también se busca integrarlos para alejarlos de las adicciones. “Les enseñamos a tocar instrumentos, danzamos y bueno, utilizando esas estrategias tuvimos logros importantes para el cambio de las vidas de nuestros jóvenes”, resume Ramírez.

Si bien la ayuda gubernamental es casi nula en esta empresa, sí reconocen que hace unos años el gobierno formoseño les devolvió las tierras ancestrales de El Pajarito, en la ribera del Río Bermejo. “Tenemos 550 hectáreas en el Río Bermejo. El Pajarito es un lugar de sanación porque en esa comunidad hay cementerios donde están nuestros abuelos y nuestros antepasados. Cuando nosotros entramos, sentimos que andan el espíritu de ellos, donde nos dan ánimo y nos dan energía, nos dan fuerzas. Sobre todo, cuando llega el amanecer escuchamos distintos cantos de pájaros, donde esos cantos significan que llega el nuevo día. Nosotros aprovechamos a mariscar, a melear, a disfrutar de la naturaleza cuando andamos caminando cerca del río escuchamos coletazos de pescados y correntada del agua del río. Vamos allí con los jóvenes, en familia, lejos de las drogas, para que conozcan. Es un lugar de sanación”, narró Ramírez a Tiempo.

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