Franco Hessling.

Franco Hessling – periodista y docente universitario – habló hoy de docencia y tecnología en tiempos de pandemia. Entre la necesidad de inversiones y cambios de paradigmas.

“La pandemia agarró a todos desprevenidos. Ha pasado en el mundo, no sólo en la Argentina y en la universidad. Pero eso no tiene por qué dulcificar los análisis y las críticas”, empezó declarando el periodista en una larga charla que mantuvo con el programa Cuarto Oscuro (FM La Cuerda 10.4.5). Allí fue consultado sobre cómo la pandemia desnudó los límites de la universidad para situaciones como las que estamos viviendo.

“Ciertamente lo que se vio es que no estábamos preparados para el uso de las nuevas tecnologías, para la educación virtual. No creo que debamos pensarlo como algo negativo, sino como una situación a analizar y ver cómo se puede trabajar de aquí en adelante. Ayer hablaba con un docente con mucha experiencia que trabaja en la Facultad de Ciencias Exactas y me confesaba que estaba un poco desconcertado. ‘Siento que todo el conocimiento técnico se puede transmitir perfectamente a través de estas plataformas que se empezaron a usar, pero hay otra parte que no se puede o por lo menos no estamos capacitados para hacerlo: lo social, lo interpersonal’, me decía. Hablamos de otros procesos en los que él estaba acostumbrado a hacer con sus alumnos. En definitiva, la pandemia ha demostrado que a nivel educativo y educativo universitario no estamos del todo preparados para un teletrabajo absoluto o una modalidad de educación a distancia plena”, concluyó.

La charla giró también en los dos aspectos necesarios para encaminar trabajos de ese tipo: lo relacionado con la infraestructura que requiere de inversión estatal y al aspecto netamente humano: que los planteles docentes generen nuevos paradigmas teóricos y conceptuales que les permita obtener resultados satisfactorios en la “nueva normalidad” universitaria. Puesto a opinar sobre lo segundo, Hessling respondió.

“Creo que al principio había más de reticencia. Personalmente yo formaba parte de esa tropa. Decía ´no hay porqué mostrar que estamos trabajando con normalidad cuando todo está en una situación de anormalidad´. Pero con el paso de las semanas eso deja de ser una cuestión de voluntad personal y empieza a ser un imperativo. Necesariamente uno va teniendo que adaptarse. Soy joven en términos etarios, pero no tengo tantas destrezas con el manejo de las tecnologías y tampoco eran competencias que me interesaba desarrollar, pero ahora lo tengo que hacer. Cuando se empezó a discutir – en el receso invernal – cómo se iba a reconfigurar el calendario académico en la segunda parte del año avizorando que la situación de normalidad no volvería pronto, eso empezó a volverse imperativo para todos los docentes y no una cuestión opcional. Es decir, una cuestión de obligatoriedad y de ética de trabajo. Esto lo digo a nivel personal. Te dije que al principio estaba reticente a la obligación de dar clases en una situación de anormalidad, pero ya no puedo poner por delante mi reticencia a la exigencia de mi trabajo que, por lo pronto, no se va a normalizar. Me parece que está pasando con muchas cátedras y muchos docentes. Yo veo los esfuerzos. Eso no necesariamente significa que dé buenos resultados, porque ello también depende de otras cosas y ya es otra discusión”, concluyó.