“Daniel nos dejó, pero nos dejó mucho también” resalta el Licenciando en Física, Tane Da Souza Correa, al evocar al profesor que más vocaciones generó entre los jóvenes físicos de la provincia.

El tiempo parece pasar más lento con el coronavirus rigiendo nuestras vidas. Y pensando en eso, esta mañana, vi que también pasa muy rápido. Hoy se cumplen tres meses de la partida de un gran amigo, querido por los salteños y extrañado por tantos. Daniel nos dejó, pero nos dejó mucho también. 30 años dedicados casi exclusivamente a despertar vocaciones científicas en la juventud salteña construyeron un sinnúmero de trayectorias que son orgullo de nuestra provincia. Desde los primeros olímpicos, hasta las decenas de salteños graduados del Instituto Balseiro, pasando por los centenares que descubrimos la Ciencia y su manera de ver el mundo de la mano de Daniel Córdoba. También, innumerables jóvenes que hicieron más llevadero su tránsito por algunas materias del secundario, y fundamentalmente, su ingreso a la Universidad gracias a esos sábados a la mañana.

Los sábados. Para muchos, durante varios años, los sábados tenían una rutina particular. La Universidad, casi vacía, un anfiteatro poblado por adolescentes escuchando a un profe hablando de Física, pero también de Historia, de Política, de Educación. Inexplicable a tal nivel, que hay en camino Tesis de Doctorado estudiando lo que hacía Daniel. Y claro, cómo no se iban a interesar los adolescentes, si podían salir de una clase habiendo visto un video del asesinato de JF Kennedy y analizado el crimen a la luz de la física, o escuchado una historia sobre los amoríos de Isaac Newton.

El Taller de Física al Alcance de Todos es una rareza por muchas cosas en Salta. Una de esas, porque resulta ser uno de los pocos lugares de nuestra provincia donde conviven hijos de familias de doble apellido, de los colegios más caros de la ciudad que llegan en camionetas de vidrios polarizados, con jóvenes que llegan caminando o en colectivo y que ayudan a su familia a conseguir unos pesos para parar la olla. Esto era un orgullo para Daniel, y no se cansaba de decirlo. Gente que no estaba predestinada a conocerse, por los círculos en donde se mueve, terminaba conociendo otro mundo en el Taller.

El compromiso social de Daniel era inmenso, y de eso mucho no se habla. Pero durante años puso dinero de su bolsillo para pagarle un desayuno, un viaje en colectivo a alumnos del taller, para que no dejen de asistir. Y luego de golpear innumerables puertas, desde hace algún tiempo consiguió financiamiento para becas de transporte y comida.

Daniel no tenía título. Fue Doctor, por el Doctorado Honoris Causa que le otorgó la UNSa, pero nunca terminó su Tesis. Y eso es algo a destacar, porque el conocimiento se consigue de muchas maneras distintas, y un papel más, o menos, no cambia a las personas. De educación hablábamos mucho, y ahora en tiempos de teletrabajo viene bien recordar algunas charlas. Porque estábamos convencidos que puede incorporarse información por videos, o por internet, pero que el conocimiento y el aprendizaje es una construcción colectiva. Y si aprendemos todos juntos, todos aprendemos.

Se fue el 27 de diciembre, después de una enfermedad dolorosa que no le impidió seguir durante meses con sus clases, su sentido en la vida era el Taller. El velorio fue una caravana incesante de jóvenes, y es el semillero para que el ejemplo y legado de Daniel permanezca.

Es extraño para quienes pasamos por el Taller, y algunos días asalta el recuerdo del Cabezón. Te extrañamos Daniel.