Trata de personas para explotación sexual | Serán juzgados los líderes de San la Muerte del bajo salteño

Se trata de Juan Soria Villalba y María Esther Arroyo. Ambos lideraban un templo ubicado en Villa San Antonio, captaba a personas en estado de vulnerabilidad que luego eran explotadas sexualmente y como parte de actividades religiosas.

Así lo dispuso la jueza federal Mariana Catalano que de esta forma busca visibilizar la situación y advertir a toda la comunidad de fieles o seguidores del culto en cuestión. Por su parte, el fiscal federal general Eduardo Villalba ratificó en una audiencia la teoría expuesta al comenzar la investigación contra ambos acusados: Juan Villalba y María Esther Arroyo son líderes espirituales de un templo ubicado en la calle 16 de Septiembre 338, en Villa San Antonio; captaba a personas en estado de vulnerabilidad que luego eran explotadas en su beneficio; eso se concretaba como parte de actividades religiosas.

La investigación se inició en mayo cuando la pareja de una joven captada por los acusados reveló que había cedido a los mismos el usufructo de un vehículo que le había regalado a ella y que también les entregaba el dinero que ganaba con servicios sexuales que realizaba a cambio de que el “santo” que veneraban intercediera a su favor. El sometimiento que incluía metodologías de adoctrinamiento, aislamiento y aplicación de castigos alcanzaba también a otra mujer. Según la investigación de los fiscales, los acusados usaban el dinero en la adquisición de la propiedad de un inmueble y para solventar necesidades temporales.

“En consonancia con la fiscalía, y sin oposición de la defensa, la jueza Catalano calificó el caso como sensible y de alto impacto, por lo que entendió que la sociedad tiene ‘derecho’ a conocer lo sucedido y celebró que la investigación llegue a la etapa de juicio oral y público” destacó en su edición de hoy la sección local del diario Página 12. Según la jueza, la causa requiere “un especial enfoque de género” por tratarse de un supuesto de trata sexual con víctimas mujeres y porque “se habría canalizado, en su fase de captación, a través del mecanismo de adoctrinamiento religioso (siendo los autores líderes del culto Umbanda-Kimbanda) y se habrían implementado ‘castigos’ (por incumplimientos a sus exigencias económicas) de neto rasgo sexista, discriminatorio y violento hacia aquellas, como la ‘obligación’ de bañar (en presencia de todos) a miembros varones del culto”.

A estos rituales se sumaron otras penurias físicas, no aplicadas respecto de los hombres, que justificaron la acusación por lesiones leves.