Será juzgado por tres abusos sexuales cometidos en el instituto religioso que él mismo fundo en Salta en 1986. La prensa nacional ya reconstruye la historia de quien también es señalado en casos de lavado de dinero del narcotráfico.

UN largo artículo publicado hoy por el sitio Infobae, da cuenta de la turbia historia del cura salteño Agustín Rosa Torino. Es el periodista Andrés Klipphan quien se detiene en un nuevo capítulo de abusos cometidos en la Iglesia argentina, aunque en este caso el escenario es Salta y el protagonista salteño: el sacerdote Agustín Rosa Torino. La elevación a juicio quedó radicada en la Sala IV del Tribunal de Salta y el juez Maximiliano Troyano definirá la fecha de inicio del juicio oral y público.

El tránsito del expediente fue difícil: la defensa del sacerdote apelo a todos los artilugios para dilatar la causa y también hubo una contradenuncia contra una de las monjas que denuncio al cura y que ya fue sobreseída: una prima de otro sacerdote, amigo de Rosa Torino, denunció como abusadora a la monja -ahora ex religiosa- Valeria Zarza, la mujer ultrajada por Agustín Rosa Torino.

Klipphan resalta que el sacerdote tuvo influencia entre los políticos salteños, el obispado local e incluso en el Vaticano. En 1986 con el visto bueno del papa Juan Pablo II, Rosa Torino fundó en Salta el instituto religioso de derecho diocesano Hermanos Discípulos de Jesús de San Juan Bautista que tiene sedes en México, Chile y España y lo componen sacerdotes, diáconos permanentes y consagrados no clérigos que emiten votos públicos perpetuos y practican con exclusividad la vida contemplativa, monástica o eremítica. “Treinta y tres años después, el 18 de junio de 2019, y por disposición de otro papa, en este caso de Francisco, la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica decretó la supresión del Instituto liderado por el presunto cura abusador”, recuerda el escrito.

El cierre empezó a concretarse en mayo de 2015 cuando las denuncias sobre diversos aspectos de la vida del Instituto religioso ya habían llegado al Vaticano. La Santa Sede designo, incluso, dos comisarios pontificios designados por el papa argentino. Los mismos interrogaron al cura acusado, escucharon a los miembros del Instituto, a los obispos interesados y a quienes estuvieron en contacto con el Instituto religioso. Después de eso, emitieron un documento en el cual, además de examinar la conducta de Rosa Torino, se “evaluó las dificultades encontradas para la formación humana y espiritual de los miembros y ha tenido en cuenta la situación institucional fuertemente comprometida”. Al cabo de este itinerario, y de acuerdo al Código de Derecho Canónico, se dictó el Decreto que dispuso la supresión del Instituto religioso comandado por el cura que espera su juicio oral beneficiado con prisión domiciliaria.

El documento precisa que el sacerdote no solo era investigado por “presuntos abusos sexuales cometidos en 2005 y 2013”, sino también que “los medios informaron que el padre Rosa también podría ser investigado por delitos de lavado de activos y narcotráfico”. Los trascendidos indicaban que el cura salteño mantenía una supuesta conexión con el capo narco Chapo Guzmán, quien a través del cartel de Sinaloa le pedía al religioso, y a otros miembros de la congregación, que bendijera los operativos importantes de contrabando de cocaína. La denuncia de un supuesto ex narco también aseveraba que parte del dinero que se lavaría a través de refacciones realizadas en conventos “era escondido adentro de una imagen de la Virgen de Guadalupe”.

Si bien aún falta definir si Rosa Torino será juzgado por un tribunal colegiado o uno unipersonal, son tres los abusos por los que deberá rendir cuentas. Las dos primeras denuncias fueron realizadas por seminaristas, la otra por la entonces monja Zarza.

Estas se materializaron en la justicia, pero hubo otras 30 “denuncias canónicas” que no llegaron a los tribunales, pero que fueron tomadas en cuenta por la investigación del Vaticano para cerrar el instituto religioso comandado por el cura acusado de abusos reiterados.

En el requerimiento a juicio oral al que accedió Infobae la fiscalía destacó que Rosa Torino, valiéndose de su condición de “fundador y director” del Instituto de los Discípulos de Jesús de San Juan Bautista, desplegó “conductas deshonestas en menoscabo de la libertad sexual de las víctimas”. También se asegura que existió “afectación a la dignidad humana de las víctimas, que produjo sufrimientos y humillaciones tanto por la intensidad de su duración como por la repetición de tales conductas vejatorias que dejaron huellas indelebles en sus psiquis”.

Uno de los testimonios más descarnados y valientes fue el realizado por la ex monja Valeria Zarza, quien expresó que radicó denuncia contra el religioso por “haber recibido amenazas coactivas, insultos y humillaciones, abusos de autoridad, calumnias y difamaciones hacia su persona”.

Las fiscales de la causa resaltaron en el expediente que Rosa Torino era “un machista” que “tenía desprecio hacia las mujeres y por abusos sexuales reiterados y manoseos libidinosos y ultrajantes hacia ella y hacia diversos hermanos de la comunidad; por haberlos mantenido dominados en todo espiritualmente, económicamente, con respecto a las demás personas que él consideraba que eran una amenaza para él y por el ofrecimiento de dádivas para evitar la presente denuncia”.

La ex monja consideró esas amenazas cumplidas “cuando fue acusada después por la sobrina del cura Josué Salas, miembro de la Congregación y amigo de Rosa Torino, de abuso sexual”, el mismo delito que denunció haber sufrido”. Como también sucede en muchos de estos casos, la víctima, Zarza, acompañó a otras víctimas en el proceso de denuncia. Ella relató que se escapó de la Congregación en mayo del 2015 e hizo la denuncia canónica contra Rosa Torino. Esas denuncias, que llegaron a 30, la Iglesia las mantiene ocultas, según pudo saber Infobae.