Tiene al intendente «más pobre del país» | Santa Victoria Este, la localidad salteña donde hasta el agua es un lujo

Niños en una comunidad de Santa Victoria Este.

Rojelio Nerón aseguró que busca «que el indígena tenga la posibilidad de expresarse». Los datos del lugar muestran una pobreza estructural que parece casi imposible de revertir.

Hay localidades salteñas donde el progreso parece imposible de conseguir. Una es Santa Victoria Este, que tiene al intendente «más pobre del país», según definióp el propio Rojelio Nerón en las últimas horas.

El intendente Nerón aseguró que en Santa Victoria Este hasta el agua es un lujo. Precisamente ese servicio básico para cualquier vecino medianamente urbanizado es un objetivo que todavía hoy no se consigue en esa localidad.

«Los pozos los hicieron, pero falta terminar la red de agua. Como intendente trato de buscar que el día de mañana el Gobierno entienda que el problema número uno es el agua. Ojalá que este año no se mueran tantas personas como el año pasado. La estamos pasando mal y peleando con la provincia para que ponga vehículos que permitan llevar agua a las comunidades», dijo Nerón.

«Como siempre he dicho, no me da vergüenza de dónde vengo. Soy el intendente más pobre del país, quiero que el indígena tenga la posibilidad de expresarse. Santa Victoria la está pasando con una emergencia desde hace mucho tiempo», agregó, en Cadena Máxima.

El intendente señaló que es necesario una «ley indígena». «Ojalá que todos entiendan que la cultura de los hermanos kolla con los wichí son distintas. Los kollas están más avanzados que los wichís de acá. Tenemos el sueño de que podamos llegar y conseguir de que los chicos sean parte de esta provincia tan linda», señalo.

Una postergación histórica

Los datos oficiales muestran una postergación histórica. Un progreso que nunca llega. Según el censo 2010, habitaban en aquel año en la zona 30.429 habitantes repartidos en tres municipios: Rivadavia Banda Norte (9.754); Rivadavia Banda Sur (8.866) y Santa Victoria Este (11.809). Por entonces, esa población habitaba 6.656 viviendas, de la cuales 2.412 eran ranchos y otras 465 casillas de madera. En esas precarias viviendas vivían 13.462 personas, es decir el 45% de la población. Las 3.711 casas en la que habitaban las 16.540 personas restantes, estaban lejos de escapar a la precariedad de la vida.

Al menos eso se infiere de la lectura de otras variables como las que indican que de los 7.154 hogares (tecnicismo censal para identificar familias nucleares que pueden habitar una misma construcción) sólo 1.472 (20,5%) contaban con sanitarios con descarga de agua, mientras los restantes 5.682 (79,4%) carecía de ese tipo de descarga y hasta de retrete. De esos hogares, además, 4.825 (67,5%) no contaba con heladeras (67,5%); 6.681 (93,5%) no poseían computadoras; 7.042 (98,5%) no tenían un teléfono de línea; y en donde el 11% de la población mayor a diez años era analfabeta: 2.384 sobre una población total mayor de diez años de 21.981. Con respecto a lo estrictamente nutricional, el Anuario Estadístico 2012 publicado por el propio gobierno en el año 2013, indicaba que el nivel de desnutrición llegaba al 10%.

Durante los gobiernos de Juan Carlos Romero, también hay registros concretos. El Censo nacional 2001, por ejemplo, muestra que en aquel momento el porcentaje de hogares y población con Necesidades Básicas Insatisfechas era el más alto de toda la provincia: de un total de 5.667 hogares censados, 3.320 (58,6%) sufrían esa condición. Eso suponía que de una población registrada de 27.278 habitantes, 17.868 (65,5%) vivían sin poder satisfacer sus necesidades básicas.