Alejandro Sabella y Javier Mascherano, tras la final de Brasil 2014. Foto: AP.

Los vaivenes de la selección muestran una falta total de continuidad desde la partida de Marcelo Bielsa. 

Cada vez que Argentina queda afuera de un Mundial pareciera que la crisis es total y absoluta, muy difícil de solucionar. Y tal vez sea cierto esta vez. Pero siempre hay una sensación de desesperanza, especialmente después de que se acabaron los ciclos largos de los técnicos históricos.

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Este momento de la selección se parece más al que se vivía a mediados de la década del 70, cuando el equipo nacional no era prioridad y se manejaba casi al descuido. Tuvo que llegar César Luis Menotti para reorganizar la estructura y trabajar a largo plazo. El triunfo en el Mundial 78 fue una consecuencia de esa labor seria forjada en los tres años anteriores. Le dio espaldas para llegar hasta España 82.

Luego vino Carlos Salvador Bilardo, el DT del momento en 1983. Realizó el recambio necesario de jugadores para concretar la transición ochentosa de la selección. Con Maradona como bandera, llegó a las finales de los dos mundiales que disputó.

Tras la ida de Bilardo, la AFA (es decir, Julio Grondona) eligió a Alfio Basile, quien se mantuvo invicto durante 33 partidos y ganó dos ediciones consecutivas de la Copa América (1991 y 1993). Se le complicó la clasificación al Mundial de Estados Unidos 94 pero llegó (y cayó posteriormente) gracias al impulso maradoniano.

En 1994, la revista Viva anticipaba la llegada de Passarella a la selección.

Después del Mundial de 1994 asumió Daniel Passarella, que venía de salir campeón con River y era sinónimo de firmeza y personalidad, además de haber sido el capitán de Argentina en 1978. La experiencia fue irregular, con dos derrotas claras en la Copa América (95 y 97) y un Mundial aceptable que terminó en Cuartos de final.

A fines de 1998 asumio Marcelo Bielsa, quien se mantuvo en el cargo hasta septiembre de 2004, cuando renunció por «agotamiento físico y mental». En el medio, forjó a la mejor selección del mundo del período 2000 -2001 y cayó inesperadamente en la primera ronda del Mundial de Japón y Corea del Sur 2002. En 2004 llegó a la final de la Copa América y perdió por penales. Poco después, ese mismo año, ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas.

La renuncia de Bielsa obligó al director de selecciones nacionales, José Pékerman, a tomar el cargo, que estuvo en su poder hasta la derrota por penales frente a Alemania en los cuartos de final del Mundial 2006.

Entonces asumió Alfio Basile, quien llegaba con los pergaminos de un Boca exitoso y con sed de revancha por la frustrada experiencia del 94. El Coco llegó a otra final de Copa América, en 2007, pero no pudo obtener el triunfo. Fue la primera final perdida por Messi en la selección mayor. Fue el último momento de estabilidad.

Alfio Basile habla con Lionel Messi, durante la última etapa del DT al frente de la selección.

En el último semestre de 2008 Basile renunció y comenzó el descalabro. Se sucedieron los técnicos (Maradona, Batista, Sabella, Martino, Bauza, Sampaoli) y las irregularidades. Con Sabella pareció enderezarse el barco, pero el sueño duró poco. Martino imponía su juego, pero la AFA, ya sin Grondona, era un agujero negro que se lo tragaba todo.

Desde entonces, la selección hizo lo que pudo. El panorama, en retrospectiva, muestra que perder con Francia en Octavos, por un gol de diferencia, no estuvo tan mal después de todo.