«Si hay hambre tiene que haber lucha» | Juan Grabois pasó por Salta y habló con CUARTO

El dirigente, que llegó a la provincia para visitar comunidades originarias, habló de un país que se deshilacha, de un gobierno que desencanta y de corporaciones a las que calificó de fieras que no se calman con caricias. (Textos y audio)

Algunos podrían asegurar que Juan Grabois es un dirigente surgido del otrora diálogo entre católicos y marxistas. De esos que procrearon peronistas o cuadros que sin serlos reconocen el rol del peronismo en la historia nacional. Grabois se apegó al territorio, hizo de los barrios escenario de militancia, de los comedores populares células de organización, y de las cooperativas la posibilidad de tránsito entre las changas de subsistencia a una economía popular que devuelva a los excluidos los ingresos y la dignidad que el mercado le arrebató. Y que pueda convertirlos además en un actor capaz de sentarse en la mesa donde se diseña un modelo nacional y popular.

La combinación desliza a muchos dirigentes sociales a practicar un abstencionismo político que les permita escapar a la clase política y sus expresiones institucionalizadas. Grabois no. Su «basismo» no lo priva del compromiso político que devino en uno electoral con el Frente de Todos sin que ello supusiera alineación ciega. Eso descoloca a muchos que terminan batiéndose a duelos dialecticos con un Grabois que se siente cómodo cuando polemiza con figuras del macrismo, del Frente de Todos o con representantes del periodismo que reproducen las buenas o malas razones de los extremos de la grieta. La última irritó bastante. Ocurrió cuando desde un escenario que compartió con dirigentes de izquierda demandó a Alberto Fernández medidas urgentes para los sectores populares para evitar saqueos y sangre. Algunos lo tildaron de desestabilizador y otros de ser un «foquista de elite» que añora rebeliones masivas como las de Colombia o Chile.

Grabois pisó suelo salteño anoche para partir en la mañana de hoy al norte salteño y visitar comunidades originarias. Antes de partir a la zona más postergada de nuestra provincia se dio tiempo para dialogar con CUARTO y otro medio digital. La charla comenzó con las declaraciones que Juntos por el Cambio celebró en privado, el Frente de Todos rechazó en público y también provocaron el ingres de 5 denuncias en su contra en Tribunales de Comodoro Py.

“Pienso lo mismo que pensaba cuando dije lo que dije. Lo planteé en el marco de una movilización por el salario básico universal que es para los más abandonados. Fijate que en 2019 cuando arrancó el gobierno estaba la ‘Mesa contra el Hambre’ y todos nos conmovíamos por el hambre que dejó el gobierno macrista. Hoy estamos objetivamente peor. Ese es un dato de la realidad. ¿Entonces cómo es la historia? ¿Antes había hambre y ahora no hay más? Si hay hambre en la Argentina tiene que haber lucha. No puede haber silencio porque ahora está Alberto y antes estaba Macri. Las condiciones sociales exigen medidas extraordinarias y si el gobierno no las toma por sí mismo, las organizaciones sociales y populares tienen que movilizarse. Esa es mi visión” destacó el dirigente.

En ese punto, Grabois mencionó la necesidad de “ayudar al presidente de que no le vendan más el diario de Yrigoyen. Si el círculo del ‘porteñaje’ que es efectivamente una elite progresista no le explica la crítica situación social y la necesidad de tomar medidas urgentes, hay otras voces que tenemos que levantar. En un contexto de ‘puja distributiva’ muy fuerte, esto no se va a resolver con una velita prendida y pidiéndole al mercado que sea bueno. El mercado es una ‘fiera’ a la que no se la calma con caricias, vos lo acaricias y te muerden la mano. Se calman con firmeza política y con apoyo popular de un pueblo que ve que se están ocupando de su situación. No veo que eso esté pasando”, advirtió.

Entrevista de Daniel Avalos a Juan Grabois. Foto: Cuarto.

Puesto a opinar sobre las “voces amigas” que comparten sus reclamos pero lamentan que el gobierno carezca de la fuerza para resolver las demanda, Grabois declaró que ese “posibilismo” es “berreta”. “Si vos me decís no hay relación de fuerza para la reforma agraria o para nacionalizar el litio, es una discusión. Nosotros creemos que es posible con planificación, autoridad política y apoyo popular. Pero no estamos discutiendo eso. Hoy estamos discutiendo que no haya cuarenta y pico por ciento de pobreza. Eso se resuelve de una sola forma: distribuyendo la riqueza. La Argentina es un país rico. Tiene récord de exportaciones. No puede ser lo que está pasando. Entonces, que no haya posibilidades dentro del ‘posibilismo’ de reducir la pobreza y que la gente pueda comer, no es ‘posibilismo’, sino algo mucho peor”, concluyó.

Sobre las razones de su arribo a Salta, Grabois remarcó que varias brigadas sanitarias vinculadas a su organización trabajaron en el norte y que ahora hay posibilidades de llevar a las comunidades equipos potabilizadores de agua. Y aunque dijo carecer de una caracterización fina del posicionamiento del gobernador a nivel nacional de cara a las elecciones del 2023, sí contaba con un diagnóstico social alarmante. “Acá hay violaciones a los derechos humanos elementales. Un abandono intolerable que se expresa por una tasa de mortalidad infantil – focalizada en determinada regiones – que no se puede permitir. Creo que hay que visibilizar que niños son ‘asesinados’ porque las omisiones son prácticamente asesinatos por abandono de persona. Sé que son problemas de enorme complejidad, pero uno ve que las obras de potabilización no se hacen mientras se roban el gas y el litio mientras el desmonte ha sido brutal en Salta. No favorece a la potabilización del agua que anden tirando glifosato en todos lados, no favorece a la lucha contra el hambre que se les quite a las comunidades su medio de vida que en muchos casos son la caza, la pesca y la recolección. Las organizaciones sociales, las ONGs pueden hacer aportes pero sin Estado no se resuelven esos problemas”, denunció.

En ese punto se le consultó si temía que en medio de una sensación generalizada de colapso la tendencia sea a la salvación individual tal como distintos gobiernos parecen querer hacerlo al promover provincialismos que subordinan los programas nacionales a los intereses locales, Grabois respondió que la indiferencia y las injusticias de los poderosos se derraman hacia abajo y se reproducen en la sociedad.

“Nuestra sociedad se está dualizando. Hay un sector que está relativamente integrado y hay un sector que está excluido. Esa grieta que es la real en nuestra sociedad se va ampliando. Cuando estos provincialismos se empiezan a desarrollar es porque el proyecto de país está en crisis. A los señores feudales les encanta eso, pero los que creemos en la Patria Grande no podemos aceptar este nivel de fragmentación territorial y social. Me preocupa que los grandes conflictos como una pueblada espanten, pero no las implosiones permanentes que terminan en procesos destructivos mucho peores como la penetración de estructuras narcos. El narcotráfico campea donde hay degradación social. No tiene la espectacularidad de un saqueo o una pueblada. Va despacito, pero es mucho más destructivo. Uno recorre cualquier barrio y tenés a las iglesias y los movimientos sociales que hacen lo que pueden, algún que otro puntero y a los narcos”, advirtió.

Puesto a opinar sobre las diferencias entre la crisis del año 2001 y la de hoy en donde distintos sectores evidencian un buen nivel de consumo a la luz de espectáculos, estadios, cines o restaurantes llenos de gente, Grabois lo atribuyó a variables sociales y también a comportamientos individuales determinados por la propia crisis. Sobre lo primero dijo lo siguiente: “en esta dualización hay un sector que se mantiene integrado, que tiene acceso al consumo y genera una sensación que la cosa está más o menos normal”. Para explicar lo segundo recurrió a un ejemplo personal.

“A mí me acaban de pagar un libro. Tengo plata después de mucho tiempo en la cuenta y sé que si no la gasto dentro de un mes va a valer menos. Eso incentiva el consumo. Una pareja que tiene un hijo, que entre los dos ganan 150 mil pesos, con 100 mil viven y les queda 50 mil. ¿La van a ahorrar para comprarse un departamento que está en dólares? La gasta y eso sostiene el consumo. Ahora, ¿eso cuánto puede durar? ¿Es bueno que la gente tenga solo la perspectiva del consumo de cosas inmediatas? ¿Que no pueda proyectar su vida? ¿Que sea un privilegio pensar en una casita, un departamentito, un terrenito? Esas son las cosas importantes y después están las urgentes: el aumento de la indigencia. Uno cuando va por lugares de consumo la ve de reojo con la gente en situación de calle, con los que van a pedir. Pero si te metes en barrio Norte Grande – acá de Salta – ves una olla cocinándose a fuego y 300 personas haciendo fila una hora y media para llevarse un plato de comida. Eso es lo que este gobierno tenía que cambiar y no cambio. Uno puede encontrarle muchas explicaciones: el desastre que hizo Macri, el endeudamiento, una guerra, la pandemia. Entonces es como el Muro de los Lamentos, pero un gobierno popular está para resolver problemas no para lamentar las cosas que hicieron los otros. Hay que señalarlas, denunciarlas y ponerlas dentro de un análisis, pero fundamentalmente hay que resolverlas”, sentenció.