Pasó el congreso del PJ, también la primera sesión legislativa con nuevo presidente y el “Indio” dejó entrever el futuro político que se imagina: protagonismo legislativo y alineamiento decidido al gobierno de Alberto Fernández. (Daniel Avalos)

Figura central de la legislatura salteña en los últimos 16 años, Santiago Godoy dio muestras en la sesión de diputados de ayer que tiene pensado seguir ocupando ese rol desde la jefatura del bloque justicialista. Habrá tenido tiempo para pincelar su recorrido desde el llano legislativo. Enemigo de las elucubraciones complicadas e inclinado a identificar los aspectos fundamentales del conjunto, había concluido antes del 25 de noviembre pasado que su presidencia concluiría ese día. Lo adelantaba en cada declaración periodística post 10 de noviembre: el triunfo de Gustavo Sáenz había sido tan contundente que varios diputados justicialistas correrían a ofrecer subordinación antes de que el gobernador electo la reclamara.

En su entorno aseguran que fue entonces cuando el “Indio” dispuso algunas cosas entre los suyos: aceptar que el saenzismo ocuparía lugares claves del Estado que incluían el suyo y evitar las derrotas heroicas que permitieran a los nuevos gobernantes presentar lo natural como una epopeya de renovación parlamentaria. Hay quienes enfatizan, incluso, que les indico a ciertos emisarios del Centro Cívico Municipal que el justicialismo carecería del número para aspirar a la presidencia, pero sí tendría capacidad para vetar a un saencista puro. Los que así dicen, aseguran que fue entonces cuando comenzó a madurar la presidencia de Esteban “Tuti” Amat y la conformación del bloque que en la sesión de anoche hizo su bautismo: el “Bloque Justicialista Gustavo Sáenz conducción” que preside el diputado de Güemes, Germán Rallé, y que en los hechos acompañará las iniciativas que impulsé el saenzismo parlamentario puro conducido por Javier Diez Villa.

Hubo otro recaudo que Godoy tomó cuando aún era presidente de los diputados: ordenar a los propios que todo lo realizado durante su presidencia quedara debidamente registrado en papeles. La misión recayó en quien era el secretario Administrativo y compañero político del propio Indio: José “Pepe” Alferi quien, según relatan los trabajadores legislativos de la oficina de Zuviría al 400, se ocupó de acopiar, clasificar y ordenar documentos con la paciencia propia de los orientales. No era para menos. No solo porque así correspondía, también para evitar en el futuro cuestionamientos que entorpecieran los planes que Godoy imaginaba para sí mismo y que en la última semana comenzó a mostrar: primero en el congreso del PJ y ayer en la sesión de la legislatura donde fue uno de los oradores destacados, sobre todo cuando se trató la ley de ministerios.

De la misma puede inferirse que imagina una oposición que, lejos de cuestionarlo todo por el sólo placer de oponerse, le permita a él y al Bloque Justicialista aprovechar las fortalezas del propio “Indio” quien habiendo vivido una década y media en el torbellino del poder político provincial, fue acumulando experiencia y conocimientos que le permiten al menos dos cosas: visibilizar y comunicar los aspectos centrales de la administración provincial que casi siempre se ocultan en las profundidades de un océano de datos, cifras, palabras y titulares periodísticos; y aprovechar su expertise parlamentaria para presentarse como el hombre capaz de desmenuzar cada proyecto de ley y explicar cómo el artículo tal o cual favorecerá o perjudicará a los ciudadanos de a pie o a los asuntos del Estado. Así fue su intervención de anoche al tratarse la Ley de Ministerios y que incluyó algunos sablazos dialecticos que, sin embargo, no pusieron en peligro la aprobación del proyecto al que calificó como el “esqueleto ético y jurídico” que el gobernador electo Gustavo Sáenz considera imprescindible para desplegar su programa de gobierno.

A esa tarea le sumará otra extraparlamentaria. La misma pudo inferirse con su participación en el congreso partidario del viernes pasado en San Antonio de los Cobres: alinear al Partido Justicialista del Salta con el nacional y explicitar su apoya decidido al gobierno de los Fernández. Es difícil ver por ahora cómo llevara adelante ese objetivo, aunque parece prudente recordar sus constantes referencias a acelerar gestiones para revitalizar el Parlamento del NOA: el organismo creado en 1994 que reúne a legisladores de Salta, Jujuy, Tucumán, Catamarca, Santiago del Estero, La Rioja y que entró en una fase de estancamiento durante la presidencia del Mauricio Macri, cuyo mandato vence en días para expectativa de varios legisladores de la región.

El entusiasmo de la “indiada” no aminora ni cuando consultamos con qué medios cuenta el jefe de la tribu para concretar lo que desea. Allí los consultados responden de una manera asombrosamente homogénea, como si mentes y lenguas estuvieran intercomunicadas y cualquiera pudiera detenerse súbitamente para que otro prosiga con el argumento como si lo hubiera empezado para explicar que el “jefe” aceita vínculos con referentes nacionales como José Luis Gioja o el gobernador tucumano Juan Manzur, que su hijo Lucas aprovechará su condición de diputado nacional para estrechar vínculos, y que no es menos importante el rol que pueda cumplir Nora Giménez en el seno de una kirchnerismo que reverencia a quienes sufrieron las torturas en los centros clandestinos de detención de la última dictadura.

El godoicismo, además, parece confiar en una variable de tipo subjetivo: la firme vocación de Santiago Godoy para protagonizar la política y cuya fuerza provendría de la convicción de que el reverdecimiento del peronismo en la nación impactará necesariamente en la política provincial. “El Indio le tiene más miedo a la quietud que a las tensiones que genera la política”, dicen sus seguidores. Algo de razón tienen. Esa característica le es reconocida a Godoy incluso por los adversarios que le reprochan cosas sin dejar de respetarlo.