El juez Adolfo Figueroa hizo lugar a la apelación de la defensa del cura Carlos Aguilera. Los hechos por los que se acusa datan de mediados de la década de 1990.

En las pasadas horas se supo que Figueroa, vocal de la Sala II del Tribunal de Impugnación, dio pie a la apelación presentada por la defensa del cura José Carlos Aguilera, quien ya había sido beneficiado con la prisión domiciliaria, luego de que en marzo pasado quedara detenido.

Sobre Aguilera recaían las denuncias por los delitos de abuso sexual gravemente ultrajante por las circunstancias de su realización agravado por ser ministro de culto; abuso sexual gravemente ultrajante por las circunstancias de su realización agravado por ser ministro de culto y abuso sexual simple agravado, todos en concurso real.

Los denunciantes, pues se trata de más de un caso, detallaron que los abusos habrían sucedido entre los años 1995 y 1998. Y si bien Aguilera no fue declarado inocente, sí se dictaminó su liberación inmediata.

Luis María Desimoni, abogado y Doctor en Derecho, comentó a La Gaceta Salta: «El fundamento de la prescripción para tratadistas argentinos como Sebastian Soler es que al paso del tiempo se agrega la conducta del sujeto, que demostraría la inutilidad de penarlo si su actitud posterior demostrada en el tiempo acreditaría una ausencia de peligrosidad».