¿Por qué paran los universitarios? | Conocé los contundentes datos que promueven la huelga en todo el país

Foto: El Tribuno.

Recorte presupuestario, retrasos, tarifazos, disminución de becas, parálisis en investigación. Cuáles son las razones que motivan la cuarta semana de huelga.

El paro universitario que se realiza en todo el país tendrá hoy su momento más impactante, cuando se realicen marchas en diferentes ciudades para exigir mejoras salariales y mayor presupuesto para las universidades.

ADIUNSa informó que «a pesar de los discursos que subestiman la crisis en las universidades, los datos son contundentes». En un comunicado, el gremio de los docentes de la UNSa aseguró que «el presupuesto universitario fue recortado en $3.000 millones a comienzos de año«. «Según el rector de la UNSa, Antonio Fernández Fernández, el efecto de esa disminución afectó a la realización de nuevas obras. Eso implicó que las universidades no tienen financiamiento ni siquiera para iniciar obras esenciales: aulas, baños, laboratorios, accesos, etc. Algunas de ellas son imprescindibles para el funcionamiento, por lo que las universidades debieron hacer frente a las mismas con fondos propios, aunque eso implicó quitar recursos a otras necesidades», explica.

«El gobierno giró los fondos con retrasos importantes. Nuevamente, el rector de la UNSa minimizó las consecuencias de esto, desconociendo la depreciación de esos fondos: el dinero no girado en término se desvalorizó, y seguirá desvalorizándose con la inflación, que se prevee superior al 35% para este año», agrega el comunicado.

«Las universidades, como la mayoría de la población, fueron víctimas de los tarifazos. El pago de servicios pasó a ocupar una proporción mayor de los gastos, lo que significó retaceárselos a otros fines», indica.

«Las becas han venido disminuyendo en número y en poder adquisitivo. Según un informe de IEC CONADU, las becas para carreras prioritarias disminuyeron de 39.715 en 2015 a 29.520 en 2017 (10.195 menos); y las becas para estudiantes de bajos recursos cayeron desde 23.019 a 14.985 en 2017 (8.034 menos)», expresa ADIUNSa, y agrega que «la investigación y la extensión están sufriendo la parálisis por la falta de envíos de fondo».

El conflicto actual

«El detonante del conflicto actual fue la caída de los salarios: en 2016 se perdieron alrededor de 8 puntos del poder adquisitivo y este año los sueldos ya están más de 9 puntos por debajo de la suba de precios. La última oferta del gobierno, al momento de escribir esto, fue de un aumento anual de 15% en 3 cuotas: 5% en mayo, 5,8% en agosto y 4,2% en septiembre. Todos estos porcentajes se miden en función de los sueldos de febrero y no son acumulativos. En un escenario optimista, la inflación acumulada entre marzo y septiembre estará en torno al 22%, por lo que al cobrar los sueldos en octubre, éstos habrán quedado al menos 7 puntos por debajo de los precios. Y aún tendremos que afrontar los meses entre octubre y febrero 2019 (último mes del periodo de vigencia del acuerdo salarial)», explica el comunicado.

«El desfinanciamiento de las universidades públicas es inocultable; es la consecuencia de una política que no busca el desarrollo de la ciencia, la tecnología ni la educación en función de los intereses de las mayorías. Mientras las universidades deben cargar con la falta de recursos cada vez más aguda, hay sectores que obtienen ganancias enormes: la bicicleta financiera reporta millones de dólares a unos pocos ‘inversores’, el endeudamiento externo implica transferencias millonarias en dólares hacia un grupo de bancos, al tiempo que compromete el futuro de generaciones de argentinos. Ese endeudamiento brutal no redunda en mejoras en la infraestructura, ni en el desarrollo económico, científico ni tecnológico; alimenta una fuga que ya alcanza los u$s 54.000 millones según informa El Cronista Comercial (medio insospechable de servir a causas populares)», indica.

«Así como las universidades quedan relegadas, los efectos de estas mismas políticas implican la destrucción del sistema científico tecnológico, e incluso el desguace de recursos que podrían apuntalar un desarrollo independiente, como es el caso de Astilleros Río Santiago; o promover la soberanía alimentaria, como la Subsecretaría de Agricultura Familiar. La crisis de las universidades no se deben a falta de recursos: se deben a decisiones políticas. Por eso la lucha de la comunidad universitaria asume la defensa de la Universidad Pública expresada en los abrazos, las clases públicas y las asambleas interclaustro, e impulsa un Plan de Lucha de todos los sectores», finaliza.