Carla Fernanda Morales Ríos fue violada “en el cuartito de la casa parroquial” de Rosario de Lerma por el sacerdote al que la iglesia le quitará su condición de tal. Carla es de Rosario de Lerma aunque hoy vive en provincia de Buenos Aires.

Hace poco más de una semana que todos hablan del caso del cura de Rosario de Lerma que tras ser denunciado por abusos sexuales a niños, fue enjuiciado por la Iglesia que decidió quitarle la condición de sacerdote. Según los reglamentos de la Iglesia, de no mediar un recurso por parte de Lamas, dentro de 15 días la condena institucional comenzaría a regir y le impediría ejercer el sacerdocio, rebajando su condición a la de «laico». La sentencia definitiva debería ser ratificada directamente por el Vaticano.

Municipalidad de Salta

A pesar de ello, las revelaciones no dejan de sucederse y ahora apareció otro igual de indignante: la de Carla Fernanda Morales Ríos, una chica trans que cuando sucedieron los acontecimientos denunciados tenía 13 años y era llamada por su nombre masculino, Fernando. Carla vive actualmente en Campana – provincia de Buenos Aires – donde tiene un restaurant de comida altiplánica. Desde el año 2004 asumió su identidad trans y se convirtió en una activista LGTB que hoy brega para que la municipalidad campanense implemente el cupo trans aprobado por la legislatura de la provincia. En 2010 apostató, es decir, abandonó la religión católica y borró su nombre de los registros de la misma y anunció a su familia que lo hacía porque había sido violada por un cura durante su infancia.

El cura era el mismo Emilio Raimundo Lamas. En su edición de hoy, el portal Infobae informa que Carla Morales Ríos brindó su testimonio ante el Tribunal Eclesiástico que investigó las denuncias criminales contra el cura. “Allí se le dijo que la causa estaba prescripta para el código penal y se le demandó secreto sobre el proceso que la iglesia salteña llevaba adelante”, informa la nota publicada hoy que cita el testimonio de la madre de Carla quien recordó a ese medio que en el año 2017 “el padre Alejandro Pezet vino a verme para decirme que habían mencionado a mi hija como víctima de abuso de Lamas y me pidieron que le transmitiera si quería testificar ante el tribunal eclesiástico. Carla nos había dicho que había sido violada por un cura en 2010″, declaró Sonia Ríos.

El testimonio de Carla

«Yo nací en 1980 en Rosario de Lerma y luego con mi familia nos mudamos a Salta. Cuando le adjudicaron una vivienda en 1989 a mis viejos en Rosario de Lerma volvimos allí y empecé las actividades con la Iglesia. Ingresé a la Legión de María, fui catequista más adelante, incluso luego de los acontecimientos con Lamas, porque lo había naturalizado y guardado en una cajita. Yo era un chico, pero siempre fui una marica, nunca lo oculté», dijo y agregó: «En una de las reuniones de padres, en las que yo ayudaba sirviendo café, haciendo mate, el cura se acerca, recuerdo que tenía una reunión en Campo Quijano con otro cura, y le preguntó a mi mamá si me podía llevar. Mi mamá dijo que sí, era amigo de la familia, iba a cenar a casa, a almorzar a casa, teniendo confianza dijo: ‘Sí, llevate a mi hijo’. Tenía una camioneta Ford 100, y en medio de la ruta comenzó a besarme y yo con doce, trece años, no entendía. Por mi reacción casi nos vamos a la banquina de la ruta. Yo me quedé muy rara, muy extraña. Era una figura que estaba arriba, vos decís: ‘Esto está mal, pero si lo hace él, entonces está bien’. Cuando tenés doce, trece años no entendés qué es un abuso, una violación. Entonces me quedé muy asustada».

–¿Le dio un beso en la mejilla?

–Un beso en la mejilla, pero después hubo una mano en la pierna, un acercamiento a la boca, eso me descoloca. La mano más cerca de los genitales o entre las piernas y los genitales y el beso en la boca es algo que a mí me descoloca sin entender qué significa eso, como si fuera un saludo, porque a esa edad vos ya sabés qué significan los besos pero no entendés muy bien. Era más un niño, una niña, que una adolescente. Con problemas de aceptación del cuerpo. Decían que la homosexualidad era un pecado y yo me sentía una pecadora por sentir lo que sentía. En esa época las confesiones eran cara a cara y entiendo ahora que él podía detectar los niños gays, homosexuales, la disidencia en la infancia. Lamas se encontró con el cura, yo me quedé en la camioneta, a la vuelta llegamos a la parroquia, al lado estaba la casa parroquial, había un espacio de reunión y atrás había un cuartito. La verdad que no recuerdo cómo llegué al cuartito ni cómo se llegó a los besos. Seguramente hubo una manipulación del cura hacia mi infancia que terminó dándome un beso, bajándome el pantalón, él bajándose el pantalón, penetrándome. No sé cómo se llega a eso, no puedo recordar, tenía doce o trece años. Y lo guardé en una cajita. Él me dijo: ‘No cuentes nada’, entonces era como un secreto de confesión, no podés hablar, no podés decir nada, no entendés, te sentís mal, yo sentía que había hecho algo mal. Yo recuerdo que me penetró. Tenía un pene en erección pero muy chico y eso hizo que no me lastime, que no queden secuelas. Sentí que algo entraba, pero no sentí un dolor, no hubo una dilatación previa. Fue muy rápido y cuando él eyaculó agarró la remera blanca que tenía puesta, porque no nunca se desvistió, y me limpió con esa remera y a mí lo que me daba vergüenza era pensar: ‘Uy, ¿y si estuve sucia? Voy a dejar manchada la remera’. Yo tenía trece años, sin entender el abuso. Sí lo confundía con el afecto. Muy raro todo. Ahora que lo veo sí, digo: ‘Yo fui abusada’. Fui violada por un cura y siento que no me trajo problema en mi deseo sexual, pero sí creo que me dejó un par de cosas que tengo que resolver con terapia con respecto al abuso de poder, cómo alguien que está en un lugar de poder lo usa para manipular».

Carla Morales Ríos anunció que ya puso en marcha los mecanismos para interponer la denuncia ante la justicia penal salteña.