No somos nada | Casi un cuarto de millón de habitantes de la ciudad de Salta son pobres

La cifra también abarca los alrededores de la capital. Fue difundida ayer por el Indec y muestra otra vez el atraso estructural de la provincia.

El Indec informó este jueves que en la ciudad de Salta y alrededores hay 272.274 pobres, un porcentaje del 42,3 por ciento.

Esas personas viven en los 60.665 hogares que no llegan a cubrir la canasta básica total.

El Indec también muestra que la indigencia se ubica a nivel personas en el 11,2 por ciento y llega al 8,7 de los hogares que no cubren siquiera la canasta básica alimentaria.

Salta 12 informó que este número de pobres e indigentes se registra sobre un total de 643.327 personas incluidas en la Encuesta Permanente de Hogares, que toma en cuenta solo el aglomerado urbano de la capital salteña y los alrededores, por lo que en la medición no se incluye al norte de la provincia, una región históricamente postergada.

Cifras históricas, siempre malas

En su último libro, titulado Salta Productiva, el candidato a diputado nacional del Frente de Todos, Emiliano Estrada, muestra que las cifras negativas no son algo reciente. El ex ministro de Economía señala que los indicadores sociales muestran un fuerte rezago de la Provincia, y del NOA en general, en relación al promedio del país.

«Los censos de población de 2001 y 2010 arrojaron una proporción de hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) de 26, 5% y 19, 4%, respectivamente, frente a porcentajes de 14, 3% y 9, 1% en el promedio del país. Si se toman los datos a nivel de personas, en Salta el porcentaje de la población con NBI se ubicaba en 31, 6% en 2001 y 23, 7% en 2010, contra una media del país de 17, 7% y 12, 5%», asegura.

«La tasa de analfabetismo, aunque muy baja en términos porcentuales (3, 14% en 2010 según el censo), prácticamente duplica a la media nacional (1, 92%), mientras que la tasa de repitencia de los alumnos en los establecimientos de la provincia (tanto estatales como privados) se ubica en un nivel similar al promedio nacional en el caso del nivel secundario (9,4%) y levemente por encima en el caso del nivel primario (2, 6% vs. 2, 1%)», sigue.

«Otro indicador de altísima relevancia es la tasa de mortalidad infantil por cada 1. 000 niños nacidos vivos, que constituye un termómetro tanto de las condiciones de vida previas de las familias como de la capacidad de respuesta de los sistemas de salud. Mientras en Salta dicho indicador se ubicó en 10 en 2018, en el promedio del país reflejó una lectura de 8, 8, con 6 en la Ciudad de Buenos Aires, que fue la jurisdicción con menor índice en ese año. En el caso de la mortalidad neonatal, que mide la cantidad de fallecimientos antes de alcanzar el mes de edad, en la Provincia de Salta se ubicó en 7, 2 cada 1. 000 nacidos vivos frente a una media del país de 6, mientras que la tasa de mortalidad post neonatal, que mide los fallecimientos entre el mes y el año de vida por cada 1000 nacidos vivos ascendió a 2, 8 en Salta en línea con el promedio del país», relata.

«Una primera apreciación de estos números permite inferir el rezago relativo de la provincia –y todo el NOA– en relación al ingreso promedio del país, una característica compartida con el resto de la región y que fue profundizándose primero con el desarrollo del modelo agroexportador de fines del siglo XIX y comienzos del XX y luego con la industrialización por sustitución de importaciones, que dio una fuerte preponderancia a la región pampeana. Este rezago estructural no logró revertirse en la última década a pesar del crecimiento de la economía salteña, denotando falencias arraigadas en la propia estructura económica que fueron desarrollándose a lo largo de décadas y que requieren una acción decidida y coordinada de los sectores público y privado en pos de lograr una convergencia de los niveles de desarrollo a los del resto del país», sigue.

«Estos problemas no son propios de la provincia de Salta, sino de una concepción de país que tendió a concentrar el manejo de los recursos en la región central, priorizando sus objetivos, con un escaso conocimiento de la problemática y las necesidades de cada distrito. Por este motivo, creemos relevante una mayor coordinación entre los niveles municipal, provincial y nacional, tendiendo a un federalismo más inclusivo donde los distritos subnacionales puedan avanzar efectivamente en los proyectos y obras de infraestructura requeridos para superar los obstáculos estructurales al desarrollo», finaliza.

Una provincia para abajo

Los números más dramáticos de la provincia de Salta muestran falta de presupuesto y exceso de padecimientos estructurales. Así lo reflejan las cifras reveladas la semana pasada por funcionarios del Gobierno y datos anteriores pero recientes que confirman que en Salta la única política de Estado es la de nunca llegar.

El ministro de Educación, Matías Cánepa, reveló a fines de septiembre que el 50 por ciento de los estudiantes secundarios abandonó sus estudios. Dijo, además, que hay unos 300 escuelas en la provincia en malas condiciones edilicias. Confirmó que hay más de 2500 cargos educativos sin cubrir y que no será posible solucionar en menos de cinco años.

Poco después, el ministro de Gobierno, Ricardo Villada, aseguró que la conectividad en la provincia es pésima y que complica las clases virtuales y otros desarrollos productivos para Salta.

Pero ellos no fueron los únicos que hablaron. El 23 de septiembre, el ministro de Economía, Roberto Dib Ashur, señaló que Salta invierte casi todo su presupuesto, el 70 por ciento, en salarios y menos del 20 por ciento en obra pública.

FM Profesional informó que más del 70 por ciento del presupuesto provincial se destina al pago de sueldos para la administración pública, dato que no se modificó demasiado respecto al primer año de gestión de Gustavo Sáenz.

Dib Ashur agregó que el presupuesto para obra pública está por debajo del 20 por ciento, pero aclaró que a esto hay que sumarle todos aquellos recursos que la Provincia gestiona no sólo ante Nación sino ante organismos internacionales.