Ahora fue el turno del intelectual Mempo Giardinelli. El chaqueño asegura que el proyecto que busca multiplicar las exportaciones de cerdo a China no garantiza cuidados ambientales serios y sí promueve más desmontes en el NOA.

“No está para nada mal venderle carne de cerdos a la República Popular China. Ése no es el tema en debate. Lo que se cuestiona, en cambio, es que desde el vamos el megaproyecto habla de montar granjas gigantescas que serán verdaderas fábricas de carne a partir de que si una madre desteta aproximadamente 30 lechones al año, con 12.500 madres se producirán 375.000 cerdos, cifras impactantes y peligrosísimas desde todo punto de vista – ambiental, económico, sanitario – y ante la eventual transmisión de virus”, comienza el artículo de Giardinelli titulado “Los chiqueros chinos también huelen mal” y que se publicó ayer en el diario Página 12 .

Municipalidad de Salta

Para el intelectual, reconvertir al país en un exportador masivo de cerdos sólo busca achicarles los enormes costos de fletes de camión a un puñado de latifundistas (banqueros, futbolistas, megamillonarios) que siembran maíz en las tierras que siguen desmontando, cada vez más lejos del río exportador que es hoy el Paraná. “Eso no es industrializar el campo; es depredar la poca ruralidad que queda”, denunció. Destaca además que la combinación de mayor demanda de maíz e ineficacia de los gobiernos del NOA para garantizar controles ambientales y sanitarios, solo provocará más desmontes, más fumigaciones aéreas y más abusos territoriales.

“Caben las alertas, entonces, porque ya hay gobernadores que no saben en qué se están metiendo. Siempre fáciles de entusiasmar con proyectos que abrazan sin profundizar y desesperados por inversiones que nunca se concretan al servicio de los pueblos de sus provincias, algunos parece que aún no se dieron cuenta de que lo peor de la Argentina, dictaduras aparte, es la voracidad empresarial de una clase que se pretende a sí misma oligárquica y moderna porque tiene tanto dinero escondido como falta de vergüenza”, advirtió Mempo Giardinelli.

“En un país latifundizado como es hoy la Argentina, donde provincias enteras son propiedad de puñados de familias y corporaciones (y si esto parece exagerado vayan y cuenten cuántos son los dueños de toda Salta, por caso), el negocio de los chanchos es, francamente, un cuento chino” racista y neocolonial: “lo primero porque cada factoría necesitará alrededor de 20.000 hectáreas de maíz y soja para abastecerse, produciendo olores insoportables que padecerán los trabajadores y los pobres, no los empresarios en sus mansiones. Y neocolonial porque estas fábricas serán verdaderos enclaves”, destacó.

Eso no fue todo. Tras recordar que al neoliberalismo le interesa el volumen de granos y no quién lo produce, Giardinelli remarcó que con el proyecto de granjas porcinas tal como se lo conoce hasta ahora, los desmontes son inevitables en provincias que, entre 1998 y 2018, ya desmontaron 4,4 millones de hectáreas y en cuya superficie se aumentó enormemente las áreas sembradas.

“Llevar esos granos a los puertos exportadores es carísimo: millones en camiones, combustibles, accidentes, seguros. Para la lógica neoliberal es mejor que al maíz se lo coman los cerdos y así no se gasta en llevarlo a los puertos. Los dueños de la tierra son los dueños del maíz y no son campesinos. Por eso la razón profunda de estos «proyectos» está en el ahorro de 30 o 40 dólares por tonelada de fletes para las 8.000.000 de toneladas de maíz que se producen en esas nuevas pampas, en las que había bosques naturales con pobladores originarios, y que era uno de los mejores pulmones de la República porque aseguraba aire puro y protección ante las inundaciones. Ése y no otro parece ser el objetivo: solucionarle el problema logístico a un grupo de terratenientes, encajándonos peligrosas megagranjas porcinas”, denunció.