jueves 30 de noviembre de 2023
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Lo esperan en el infierno | Murió Miguel Etchecolatz, secuestrador, torturador y asesino de la dictadura

Fue uno de los rostros atroces del Terrorismo de Estado. Cargaba con 9 cadenas perpetuas pero gozaba de prisión domiciliaria y quedó ligado a la desaparición en democracia de Jorge Julio López. Su hija lo había calificado de “monstruo”.

A los 93 años murió hoy el excomisario Miguel Etchecolatz. Su nombre fue sinónimo de secuestros, torturas, asesinatos, desapariciones y otros delitos de lesa humanidad cometidos en tiempos de la dictadura militar. En aquellos años negros estaba  a cargo de la temible Dirección de Investigaciones de la Policía Bonaerense que fue brazo ejecutor de las persecuciones, desapariciones y torturas ordenadas por el aparato represivo encabezado en la provincia por el general de brigada Ramón Camps.

Los testimonios de testigos, víctimas y familiares de las víctimas siempre coincidieron: Etchecolatz era la personalización del sadismo, un portador patológico del mal, el torturador por excelencia. Su accionar le supusieron condenas desde 1986 y luego en 2004, 2006, 2014, 2016, 2018, 2020 y 2021 que equivalían a varias perpetuas que se terminaron unificando. Estuvo en prisión hasta principios de este mes, cuando se le permitió por su edad y su estado de salud el arresto domiciliario.

El accionar del represor se extendió también al periodo democrático. Estuvo asociado a la desaparición de Jorge Julio López, quien desapareció en 2006 durante la gestión democrática de Néstor Kirchner cuando era un testigo clave en las causas contra el propio Etchecholatz y otros represores. López había sido víctima del propio Etchecolatz durante la dictadura y debía declarar al respecto antes de su desaparición. Hasta el día de hoy nada se sabe sobre su paradero.

La monstruosa personalidad del represor fue resaltada por su propia hija Mariana que en el año 2016 se cambió el apellido y relató a los medios el calvario que vivió su familia cuando convivían con su padre a quien describió como «un monstruo». Fue en una nota publicada en la revista Anfibio luego que se la encontrara en una marcha a Plaza de Mayo que rechazaba el fallo de la Corte Suprema que aplicó el «dos por uno» que favorecía a los genocidas y al propio Etchecolatz.

Aquella vez dijo que ella, su madre y sus dos hermanos varones pudieron reconstruir sus vidas luego de la detención de su padre. «Todos nos liberamos de Etchecolatz después de que cayó preso por primera vez, allá por 1984. Vivíamos en Brasil porque era jefe de seguridad de Bunge y Born, y regresó al país pensando que era un trámite, como si la Justicia no le llegara a los talones». «Al principio lo visitábamos, pero después mi madre, María Cristina, pudo decirle en la cara que íbamos a dejar de verlo. Ella siempre nos protegió de ese monstruo «, contó la hija del represor.

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