El aislamiento impide la venta o el trueque de lo que producen, mientras la mayoría no accede a internet y otros carecen de DNI para tramitar beneficios del Estado.

“El acceso al Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y la imposibilidad de desplazarse, y por lo tanto de trabajar, está en el centro de las preocupaciones que tienen las comunidades indígenas del noroeste argentino (NOA)”, comienza un informe publicado por el sitio Tiempo Argentino.

Municipalidad de Salta

En algunas regiones del NOA, los problemas se agudizan: los guaraníes del ramal jujeño, por ejemplo, «ocupan zonas urbanas o periurbanas en situaciones de marginalidad terribles», indicó a Télam Raquel Analía Tolaba del Consejo Nacional de la Mujer Indígena (Conami). La situación se complica más porque muchos trabajan en los tabacales y la cuarentena los perjudica porque, si no trabajan, no comen. “A eso hay que sumar que muchísimos no tienen DNI porque nacieron en fincas o lotes y no están inscriptos así que no acceden al IFE», agregó Tolaba.

En el caso de los diaguitas cuyas comunidades se extienden por los valles calchaquíes y tienen presencia en Salta, Tucumán, Catamarca y hasta Santiago del Estero, resolver el acceso al IFE está al tope de las actividades que, aún en cuarentena, sus líderes motorizan. Así lo remarcó el integrante del Consejo de Delegados de los Quilmes, Delfin Gerónimo: «Las comunidades en conjunto con nuestro equipo regional del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) estamos abocados a colaborar para que el IFE le llegue a la mayor cantidad posible de personas aunque el acceso a Internet y los requisitos sean una limitante para nuestros hermanos».

Gerónimo también hizo hincapié en la cuestión económica: «No es fácil para quienes viven de su producción para sustentarse porque la prohibición de circulación impide la venta o trueque de los productos que justo para estas fechas están maduros», y se refirió a los «ficticios limites interprovinciales» como «un problema». «Hay pueblos cuya vida transcurre sin tener en cuenta esos límites, por trámites, compras, gestiones en el banco o salud. Las provincias cierran sus fronteras sin previsiones para salvedades del caso», añadió.

En otro plano, para los pueblos indígenas está la cuestión del «sumak kawsay» o «buen vivir» que es una filosofía de existencia que plantea el equilibrio con la naturaleza como forma de vida y que, ante la pandemia, se reinstala como debate necesario.

«Esta crisis mundial debe, de manera excluyente, llevarnos a pensar otros mundos posibles que restablezcan el equilibrio que enuncia el sumak kawsay. Una cuestión que desde los pueblos indígenas venimos planteando desde que emergimos en la escena global», dijo a Télam Mario Quinteros, miembro de la comunidad indígena de amaicha, docente y «comunero activo» según él mismo se define.

Para finalizar, subrayó la necesidad «imperiosa de que dirigentes originarios y dirigentas originarias asuman como mandato ancestral la construcción de otra normalidad, plural y diversa que convoque a las sociedades del mundo a recuperar el equilibrio perdido detrás de la homogeneización, el derroche y expropiación de energía que provoca el extractivismo».