Yutiel Alderete es uno de los delegados del lugar. Historias conmovedoras en medio de la precariedad y una pandemia: los censos internos, el merendero, la atención de la salud y un asentamiento donde ya hubo siete nacimientos.

Yutiel tiene 32 años y 3 hijos. Es una de las personas elegidas por los asentados para monitorear que las reglas de convivencia acordadas se cumplan. Hace 69 días que habita en el predio y tiene mucho para contar. Eso hizo hoy en el programa Cuarto Oscuro (FM La Cuerda 104.5). “Hoy en día hay 1.700 personas en el predio y de ellos unos 700 son titulares. Cada familia tiene 2 o 3 hijos y vamos 69 días asentados. Acá seguimos en la lucha y la espera de alguna respuesta del Estado. Estuvimos en Casa de Gobierno y en el IPV donde fuimos muy mal tratados por el señor Carrizo. Siempre pedimos que hagan un censo para ser lo más transparente posible, pero no se puede”, relató.

Consultado si el mismo se posterga por una cuestión sanitaria, Alderete dijo desconocer las razones y los criterios con lo que se maneja el gobierno para con ellos. Lo que sí pudo afirmar es que los asentados están muy bien organizados. “Acá se dividió todo por sectores: hay siete y cada uno de ellos tiene entre 60, 90 y 140 familias. Cada sector tiene cuatro encargados, así que en total son 28 encargados. Los cuatro encargados por sector se encargan de mantener el orden. Acá cero alcohol. En cada valla – en total son 7 – hay alcohol en gel para cuidarse, quien ingresa tiene que tener documento. También tenemos el merendero que tratamos de sobrellevarlo entre nosotros. Vinieron organizaciones que nos donaron un poco de mercadería. Pero del gobierno nadie. Y después tenemos un grupo de enfermeras – que también habitan acá – que están estudiando y a la tarde en el merendero atienden hipertensos, gente con diabetes. Si el gobierno hace un censo se va a sorprender porque la gente ya lo está habitando. Lo viven porque lo necesitan”, destacó Alderete.

Foto: Javier Corbalán para La Nación.

Mientras mantenía la charla con el programa, Alderete solicitó paciencia al conductor para consultar en un cuaderno registros importantes sobre la población del lugar: “Un 70% de los que están en predio son vendedores ambulantes; gente que van a trabajar, vuelven y se quedan acá. Acá hay un 10% de titulares que están inscriptos en el IPV; otro 10% está inscripto en Tierra y Habitat. Es impresionante porque cargan hasta hoy con el cartoncito de la inscripción. El otro 80% no tiene expedientes: hay mamás solteras, algunas que tienen cuatro o cinco chicos, los jóvenes solo son un 5%, madres embarazadas un 7%. Acá tuvimos siete nacimientos. Nos costaba hacer entrar la ambulancia al predio porque la policía no lo permitía. No te digo que los partos fueron acá, pero eso estuvo a punto de ocurrir. Tuvimos que alterar la gente para que la policía abra la valla e ingrese la ambulancia. Hay un 25% de personas con discapacidad. Hay un 40% de violencia de género, todo con denuncias”, narró el delegado quien precisó que hubo casos solucionados: si la mujer lo quiere, los encargados de sectores excluyen a los violentos del predio y luego no ingresan más.

Foto: Javier Corbalán para La Nación.

Sobre las condiciones en las que viven los asentados, el delegado relató que las casillas son de “plástico que arman como piecitas de 3×3 o 4×4. Algunos lotes tienen 3 o 4 carpitas adentro y un fueguito al costado donde cocinan. Cuando nos sentamos un ratito en el merendero cuentan sus historias y a mí como papá me tira al piso”, declara para tratar de dimensionar el dolor que producen las historias. Colaborar para que las historias personales de los asentados sean más llevaderas en medio de la precariedad, incluye soportar el asedio de oscuros personajes. Alderete admite que costó separar a punteros, militantes de organizaciones con intereses políticos o simples bravucones. El éxito en la tarea tiene sus costos.

“Hay punteros políticos que nos quieren sacar porque saben que estamos haciendo bien las cosas. Acá somos lo más transparentes posible, algo que el Estado no lo va a hacer y no lo hizo nunca como pasó en otros asentamientos. Muchas veces nos quisieron bajar. Se meten con nuestras familias, nos amenazan con quemarnos la casa, nos quisieron prender fuego el merendero estando durmiendo yo ahí. Esa misma gente es la que te denuncia. Yo ya tengo como 30 denuncias. ¿Por qué? Por querer hacer las cosas bien y querer ayudar a la gente”, finalizó.