Hace casi 700 años el miedo por una pandemia estableció las bases para un cambio cultural.

Desde que comenzó la cuarentena la música se redujo a conciertos online, vivos de Instagram, recuerdos de épocas mejores y discos en Spotify o en los equipos de cada una de nuestras casas. Se sabe que en la actualidad la principal fuente de ingresos de los músicos son los conciertos, esos que hoy no se pueden realizar y no sabemos cuándo se reanudarán. ¿Esto provocará cambios en la música? ¿En el accionar y en su creación? Aún no lo sabemos. Pero si sucede no será la primera vez.

Un artículo publicado en el último número de la revista Música Clásica 3.0 recuerda a la peste negra, la pandemia que cambió para siempre la música del mundo.

La peste negra golpeó a Europa con fuerza entre 1348 y 1350. Mató a la mitad de su población y provocó pánico en todo el continente. La nota cuenta que mientras algunas personas optaron por arrepentirse de sus pecados hubo otras que abandonaron la religión y se entregaron a fiestas, vinos, música y otros aspectos hedonistas que sintonizaban mejor con la sensación de fin del mundo que se vivía entonces.

«Las casas se convirtieron en propiedad común. Los asistentes podían entrar a cualquier casa y reclamarlas como suyas porque la gente ya no estaba preocupada por los derechos de propiedad», dice la revista, que agrega que el ambiente de jolgorio apocalíptico que se vivía en la sociedad dio pie a los compositores, que empezaron a explorar estructuras musicales que se alejaban de las categorías litúrgicas y religiosas y se acercaban más a ritmos que pudieran animar aquellas fiestas que se asemejaban a una despedida de la vida terrenal.

La revista cuenta que esa liberación de la creatividad en el arte fue la base de buena parte de la cultura occidental de la actualidad. «Podríamos decir que los boleros de Luis Miguel tienen sus orígenes en una plaga mortal medieval», cierra el artículo, que se puede leer gratis online.