La multinacional de la Fe en Salta | Muertes y millones para el financiamiento del Opus Dei

Una investigación que fue candidata al Premio Gabo hace un año indaga en causas judiciales de personas que “inexplicablemente” donaron sus fortunas a la “Obra”. Una de ellas falleció en nuestra provincia.

Desde que fue fundada por el ahora santo católico Josémaría Escrivá de Balaguer, el Opus Dei atrae la atención de los investigadores. Las razones son muchas: tienen sede en 68 países; sus miembros viven bajo compromisos de castidad, pobreza y obediencia; practican las flagelaciones como modo de purificación; ocupan lugares claves del sistema político, judicial y empresarial; manejan instituciones educativas, clubes y residencias universitarias; la “Obra” dice no tener bienes pero su riqueza es tanta que muchos la definen como una multinacional de la fe. ¿De dónde viene tanta riqueza? De cuotas de sus miembros, donaciones privadas, fondos públicos y también de las herencias de sus miembros célibes que al ingresar firman un testamento en favor de su “nueva familia”.

Paula Bistagnino analiza al Opus Dei y su investigación participó – junto a 1585 postulaciones –  de la edición 2021 del Premio Gabo. El trabajo está dividido en tres capítulos. Uno de ellos se titula “Heredero: las causas judiciales que enfrenta el Opus Dei” y se detiene largamente en episodios que tienen escenario y protagonistas salteños, pero que pincelan una práctica habitual de la “Obra” en todos lados: quedarse con la herencia de adultos mayores. Transcribimos a continuación la parte de la investigación que involucra a nuestra provincia y originó una causa judicial que se volvió a reabrir.

“El 16 de octubre de 2008 sonó el teléfono en la casa de María Elena Abazo en la Ciudad de Buenos Aires: su tío Francisco Noreiko, de 81 años, había volcado su camioneta mientras conducía por la ruta 11 desde su casa en la ciudad de Salta a su finca en La Caldera. Cuando recibieron la noticia, ya habían pasado quince días desde el accidente, el hombre estaba parapléjico e inmovilizado por las fracturas en la columna y no podía hablar.

Ni María Elena ni su madre, Yanina Norekaite -hermana del accidentado-, conocían al hombre que les dio la noticia: se presentó como un amigo, dijo llamarse Alfredo Montanaro y contó que había sido testigo del accidente. Lo que no dijo fue que en esos días Noreiko había firmado un poder amplio para el manejo de todas sus cuentas y bienes a nombre de dos miembros del Opus Dei, Matías Amat Lacroix y Mariano Busaniche Iturraspe, ni que se habían donado sus seis inmuebles y tierras a la Asociación Cultural del Norte (ACN), una asociación civil ligada al Opus Dei. Montanaro tampoco les dijo que como Noreiko no podía mover la mano, había “firmado” los papeles con su huella dactilar. Y no hizo ninguna mención sobre la inscripción de las seis propiedades inmuebles en tiempo récord en el Registro de la Propiedad Inmueble a nombre de la ACN: en 48 horas el trámite estuvo finalizado.

Dos días después del llamado, la madre y la abuela -sobrina y hermana de Noreiko-, aterrizaron en Salta. (…) las recibió el numerario Amat Lacroix, que las acompañó a la clínica y después las visitó donde se alojaban con dos docenas de facturas y dos hojas que decían que Noreiko había firmado un poder amplio para el manejo de todo su dinero y bienes. Además les contó que antes del accidente estaban trabajando para formar una Asociación en una de las propiedades. Según denunciaron, les ofreció 20 mil pesos -entre 5 y 6 mil dólares-, dos pasajes para regresar a Buenos Aires y les prometió que él se ocuparía de todo. Todavía en shock después de ver a su tío Francisco en ese estado, María Elena le dijo que le dejara el papel para verlo al día siguiente. Algo desesperada por lo que podía interpretar del documento, la sobrina llamó a una conocida que trabajaba en la Inspección General de Justicia y se lo leyó por teléfono. La mujer le dijo: “Busquen un buen abogado ya porque les van a sacar todo”.

-Así empezó la pesadilla de nuestra familia contra el Opus Dei, que ya lleva más de once años-, dice Sebastián Rizzo, sobrino nieto de Noreiko, mientras enciende un cigarrillo en un parque porteño. Ahora tiene 37 años y desde los 26 se ocupó junto a su mamá y su abuela de seguir la batalla judicial en Salta. Viajó varias veces al norte, porque su abuela pasó allá los últimos seis años de su vida, que fueron los primeros seis de la causa. Y murió sola, lejos de su familia, y con la pelea por la herencia de su hermano inconclusa.

Noreiko era un católico ferviente y formaba parte de la comunidad de la Iglesia del Pilar de la ciudad de Salta, jubilado como supervisor de escuelas, y era además muy conocido porque durante décadas había dirigido la peregrinación del Señor de Sumalao, una fiesta muy popular en esta provincia. Había estado exiliado durante la dictadura militar en Bolivia, era soltero y no tenía hijos. Era hijo de un inmigrante lituano que llegó al norte argentino a principios del siglo pasado, y allí creció con sus hermanas, que más tarde se mudaron a Buenos Aires.

-Eran muy cercanos y el tío venía siempre a pasar las fiestas con nosotros, nos traía regalos. Tenía un buen pasar económico, viajaba a Europa y había invertido en varias propiedades que siempre nos decía que podíamos disponer y nos invitaba-, lo recuerda el sobrino nieto.

Noreiko murió unos días después, tras una operación en la Clínica Santa Clara de Asís. Poco después, su hermana y su sobrina, católicas practicantes y muy creyentes en la Iglesia, escribieron una carta con el detalle de los hechos que entregaron en la sede principal del Opus Dei en la Argentina y que también le hicieron llegar al actual papa Jorge Mario Bergoglio cuando era cardenal de la Ciudad de Buenos Aires. En la carta denunciaban sus sospechas sobre el Opus Dei y anunciaban que irían a la Justicia (…)

El proceso judicial se inició en 2009 con una causa civil y otra penal: los denunciantes piden la “Nulidad” de las actas de donación y piden que se investigue la posible “Administración Fraudulenta”, “Circunvención de incapaz”, “Simulación ilícita y/o fraude a la ley”. Además, piden que también se investigue si hubo “Homicidio Culposo”.

-A Noreiko no solo lo trasladaron de clínica cuando estaba con la columna destrozada, cosa que no se recomienda, sino que estaba privado de libertad, porque estaba inmovilizado con un chaleco y tracción cervical de varios kilos – dice al otro lado del teléfono José Fernando Chamorro, abogado de la familia de Noreiko, desde su estudio jurídico en Salta. Lleva 11 de sus 79 años con este expediente.

Además de las personas involucradas en la firma de los documentos, su querella es también contra la Prelatura de la Santa Cruz y el Opus Dei y el arzobispo salteño Monseñor Mario Cargnello, “que debe responder por el Opus Dei, una de sus organizaciones, lo mismo que por los actos de sus integrantes”.

-Esta causa tiene todas las pruebas que se necesitan y todas las trabas que te puedas imaginar: no se presentaron a declarar, después se negaron a declarar y tres veces que debían declarar se cortó la luz, se perdieron partes del expediente una y otra vez, la cambiaron de juzgado tres veces, resistieron medidas de prueba para no avanzar… Es una vergüenza – dice Chamorro.

Desde la Asociación Cultural del Norte no dan explicaciones. El numerario Matías Amat Lacroix contesta el teléfono en la organización pero dice que no quiere hablar de la causa, que todo pasó hace mucho tiempo y que es el abogado Carlos Cornejo el que sabe. El abogado Carlos Cornejo no atiende los llamados ni responde los mensajes. La oficina de comunicación del Opus Dei en la Argentina rechaza una entrevista para la investigación en varias ocasiones e incluso ante especificaciones sobre esta y otras denuncias del escribano Carlos A. Baldi, que confeccionó el poder y las actas de donación, no hay respuesta al pedido reiterado de entrevista, pero está su declaración judicial:

«Me llama para preparar unas escrituras y pedir todos los papeles previos el Sr. Matías, a comienzos del mes de Octubre de 2008» (…) «una vez que terminé de prepararlas me trasladé hasta el Hospital San Bernardo para que se lleven a cabo las mismas, con estampado del Sr. Noreiko de su dígito pulgar derecho y la firma de personas que estaban en el Hospital como testigos».

Admite que antes del accidente Noreiko no le había manifestado su voluntad de esta donación. De lo que da fe es de papeles médicos que dicen que Noreiko estaba lúcido, aunque no se le hicieron pericias psicológicas. Y que hubo en ese acto de firma cuatro testigos, aunque en la causa no hay testimonios que avalen en ese acto. Sobre la estampa de la huella dactilar, dice que no sabe quién se lo pidió: “No sé si el firmante a ruego o uno de los testigos le levantó la mano y se puso en las hojas de la escritura, no recuerdo puntualmente pero uno de ellos fue”.

Desde la justicia salteña nadie quiere hablar, pero confirman que “es una causa plagada de incidentes”. Los expedientes cuentan esta historia: la justicia en primera instancia procesó a los firmantes del poder y las escrituras, los testigos y el escribano por falsedad ideológica y circunvención de incapaz. La defensa apeló el procesamiento y la Cámara de Apelaciones falló a su favor. El abogado de la familia de Noreiko presentó un recurso de casación que terminó en la Corte Suprema de Salta, que revocó el fallo de la Cámara de Apelaciones, por lo que la causa volvió a primera instancia. Eso fue en mayo de 2019. Desde entonces no hubo novedades. Chamorro está esperando el fin de la pandemia para poder acceder al expediente. Pero, como ejemplo de lo que no se hizo, dice que ni siquiera se peritó que la huella digital estampada en los papeles fuera la de Noreiko.

-Hicimos de todo en este tiempo: llamarlos para que nos digan algo, les pusimos un pasacalle ahí en la sede central en Recoleta, les mandamos tres Carta Documento: al Arzobispo de Salta, Mario Cargnello, a la Asociación Cultural del Norte y al Opus Dei. Cargnello nos respondió que era un tema del Opus, ‘que no es lo mismo que la Iglesia Católica’ – dice, haciendo el gesto de entrecomillar lo que dice-. El Opus nos respondió que ellos no se responsabilizan por lo que hacen sus miembros.

Hoy, once años después de iniciada la causa, las seis propiedades de Noreiko -todas en la ciudad de Salta y alrededores- están inmovilizadas pero corren distinta suerte: la familia mantiene la posesión de un departamento en la capital; en la finca de La Caldera -a la que iba cuando se accidentó- están los caseros y la familia denuncia usurpación y que actúan a pedido del Opus Dei; la casa de la calle Alsina en la que vivía Francisco quedó abandonada después de la denunciada de la familia por violación de puerta mientras el hombre estaba internado, y los dos terrenos -uno es el predio Campo Quijano- también están abandonados.

-Hay miembros del Opus Dei dentro del Estado y eso es más evidente en Salta: están en la justicia, en la política, en el parlamento. Y si no son ellos, son otros que les tienen miedo a ellos o en los que influyen – dice Chamorro, que además de abogado fue diputado provincial por la Unión Cívica Radical.

Chamorro apunta a la esencia del Opus: la condición laica de sus miembros numerarios y agregados aun cuando tienen compromisos de vida equivalentes a los de los religiosos: castidad, pobreza y obediencia. Esa laicidad jurídica les permite ejercer todo tipo de cargos en la sociedad civil: son jueces, directores de empresa, periodistas, escribanos, políticos, médicos, psiquiatras y profesores en instituciones públicas. Para el abogado, ese poder es la única razón de la demora: cuando la causa promediaba cinco años, y el expediente no avanzaba hizo un pedido formal al Poder Judicial salteño para que sus magistrados informaran si eran parte del Opus Dei.

-Me respondieron que no lo iban a informar, en nombre de la libertad religiosa. Y ahí sigue la causa – dice Chamorro.

La Asociación Cultural del Norte, a la que se transfirieron las seis propiedades de Francisco Noreiko, tiene su sede principal en la ciudad de San Miguel de Tucumán y varias propiedades distribuidas en esa provincia. Pero tiene también una sede en Salta: en la misma manzana que ocupa el Bachillerato Humanista Moderno (…) propiedad del Arzobispado a cargo de Mario Cargnello. La entrada de la institución educativa es en el 680 de Mitre y la de la asociación civil es el 660.

Creada en 1981, la ACN fue parte de la segunda etapa de expansión de la Prelatura de la Santa Cruz y el Opus Dei en Sudamérica. “La Obra” creada en 1928 en España por el cura Josemaría Escrivá de Balaguer desembarcó en Chile y Argentina casi al mismo tiempo, a mediados del siglo pasado. De allí fue a Uruguay. Y en la década de 1960 fue cuando se crearon muchas de las asociaciones civiles que nuclean las iniciativas apostólicas: emprendimientos educativos, residencias universitarias, clubes y centros culturales.”