Ing. Sandra Carral Garcín.

Pero así como cada año la primavera regenera esa fuerza de vida, hoy juventudes de todo el mundo son propicias a continuar la defensa de lo natural, aún en medio de una situación bastante particular como es la pandemia.

Voici le printemps! Mars, avril au doux sourire

Municipalidad de Salta

Mai fleuri, juin brûlant, tous les beaux mois amis;

Les peupliers, au bord des fleuves endormis,

Se courbent mollement comme des grandes palmes;

L’oiseau palpite au fond des bois tièdes et calmes;

Il semble que tout vit; et que les arbres verts

Sont joyeux d’être ensemble et se disent des vers.

Le jour naît couronné d’une aube fraîche et tendre

Le soir est plein d’amour; la nuit on croit entendre,

A travers l’ombre immense et sous le ciel béni,

Quelque chose d’heureux chante dans l’infini.

Victor Hugo

He aquí la primavera ! Marzo, abril de la dulce sonrisa

Mayo florido, junio quemante, todos los bellos meses amigos

Los álamos, al borde de ríos adormecidos,

Se curvan suavemente como grandes palmeras;

El pájaro palpita en el interior de bosques tibios y calmos;

Parece que todo vive ; y que los árboles verdes

Están felices de estar juntos y se dicen versos.

El día nace coronado de un alba fresca y tierna

El anochecer es pleno de amor; en la noche se cree escuchar,

A través de la sombra inmensa y bajo el cielo bendito,

Algo contento que canta en el infinito.

Las grandes plumas de la literatura, en este caso Victor Hugo -conocido ecologista y propulsor de causas sociales, un humanista- no han cesado de mostrarnos la belleza esencial de nuestro mundo, el único que tenemos.

En la primavera la fuerza vital de la naturaleza despierta, y así lo sentimos los humanos, como animales que somos. El renacer que nos rodea nos abre a un nuevo ciclo natural.

Y sin embargo, un sistema productivista, artificial y forzado ha dominado las mentes de los que deciden los destinos de todos. Pero así como cada año la primavera regenera esa fuerza de vida, hoy juventudes de todo el mundo son propicias a continuar la defensa de lo natural, aún en medio de una situación bastante particular como es la pandemia.

Hemos observado en este período de cuarentena extrema, administrada y otra vez exigente, que las fuerzas destructoras tampoco han cesado en su trabajo de aniquilación. Si bien las prioridades están puestas en la salud de la población, cabrían los esfuerzos para ampliar ese campo a la integralidad de lo que se puede considerar sanitario.

Desmontes, contaminación, con las consecuentes situaciones sociales de injusticia -atropellos a los derechos de las comunidades originarias en su territorio tanto como los avances sobre los derechos ambientales de muchos en los barrios urbanos-  muestran su continuidad.

Hay una relación entre la defensa de estos derechos y la defensa de la naturaleza. Muchos funcionarios de poca visión, no pueden concebir el nexo entre los “ideales” que los ecologistas defendemos, con el respeto de los derechos ambientales y el cumplimiento de las normas que han reconocido desde hace mucho tiempo estas prioridades.

No faltan los descuidados que sin conocer las regulaciones que deberían cumplimentar para poder realizar ciertas actividades, las ejecutan haciendo caso omiso de estas normas, y ante los reclamos, se conducen agresivamente convirtiendo la violencia ambiental en violencia actitudinal, verbal o física. También están aquéllos que conociéndolas, con la complicidad de funcionarios amigos, hacen prevalecer su incumplimiento frente al legítimo reclamo de los afectados.

De allí que estas situaciones tomen un cariz dramático cuando para hacer cumplir la ley, se debe recurrir a la denuncia policial, pedidos de información pública ambiental con emplazo, apertura de expedientes (o participación en expedientes ya existentes) en los organismos públicos correspondientes (Secretaría de Ambiente de la provincia o municipalidad).

Evidentemente, esto está muy alejado de la poesía de los versos, pero a la violencia ambiental se la confronta con todos los mecanismos que el Estado provee al ciudadano.

La cuestión no es rápida ni fácil, pero estos esfuerzos valen la pena. Así es como ciertos proyectos y estudios de impacto ambiental y social, cuando los hay, son revisados o quedan a la espera de audiencias públicas obligatorias, que por ciertas demoras, suelen ser herencia de nuevas administraciones (como ha sucedido en varios proyectos importantes en la Ciudad de Salta).

Los funcionarios reticentes al cumplimiento de la ley, tienen por su propia función, la obligación de hacerla cumplir. Ellos mismos pueden ser denunciados penalmente por incumplimiento del deber del funcionario público. Tal como lo expresa el artículo 248 del Código Penal de la Nación: “Será reprimido con prisión de un mes a dos años e inhabilitación especial por doble tiempo, el funcionario público que dictare resoluciones u órdenes contrarias a las constituciones o leyes nacionales o provinciales o ejecutare las órdenes o resoluciones de esta clase existentes o no ejecutare las leyes cuyo cumplimiento le incumbiere”. Y el artículo 249 del mismo código, “será reprimido con multa de 750 $ a 12.500 $ e inhabilitación especial de un mes a un año, el funcionario público que ilegalmente omitiere, rehusare hacer o retardare algún acto de su oficio”. Y no está demás recordar la imperiosa necesidad de la independencia de la justicia.

Insisto en esta materialización del descontento ante ciertos incumplimientos, porque el reclamo pacífico no excluye la fuerza de una denuncia formal escrita. La violencia ambiental puede ser ejercida contra una persona (el defensor de su ambiente o del medioambiente en general) o contra un lugar protegido, y es en perjuicio de la sociedad y/o de los seres vivos allí existentes.

Este circuito normal puede ser obstaculizado en los distintos nodos que recorre la denuncia ambiental. Pero vale la pena insistir, puesto que a cada tramo, quedan registrados e identificados los promotores de los incumplimientos, como podemos catalogar a aquéllos que siendo pagados para hacer cumplir la normativa vigente, no hacen otra cosa que ignorar, retardar o cancelar los justos reclamos.

Volviendo a la primavera de Victor Hugo, que aquí comienza en el mes de setiembre, recordemos siempre que todo esfuerzo por preservar ese equilibrio natural vale la pena. Por nosotros, y por las generaciones venideras.