Mientras las pibas avanzan en medio de un contexto de lucha feminista, los hombres no pueden quitarse la mochila que se alimenta de las críticas constantes.

Las selecciones mayores de fútbol de Argentina viven momentos muy diferentes entre sí. Mientras las chicas, casi todas amateurs, conquistan logros inéditos, los hombres, subcampeones del mundo hace cinco años y dos veces finalistas de la Copa América desde 2015, están cerca de la eliminación del torneo continental.

Municipalidad de Salta

Ambas realidades coinciden con el ánimo social que gira alrededor. Las mujeres avanzan en la lucha feminista y el mensaje se traslada al equipo. La mayor atención puesta en el Mundial de Fútbol Femenino en general y en la selección en particular obedece a ese cambio de época. Casi que se las puede ver jugando con el pañuelo verde atado aunque no todas las integrantes del plantel apoyen el aborto legal.

El caso de los hombres también muestra de qué estamos hechos. La crítica constante que baja de los medios especializados, el rechazo al trabajo a largo plazo y la falta de valoración de lo obtenido castigan a este equipo, que hereda la mochila de presiones de generación en generación. No alcanza con la renovación de nombres.

Ahora, la selección femenina deberá esperar a que hoy se dé una combinación de resultados para poder seguir en el mundial. Sea como sea, ya es un éxito.

Los hombres deberán jugar el domingo obligados a ganar, pero probablemente eso signifique postergar el martirio. Quizás ése sea el mayor castigo: saber que aunque llegue el triunfo no se acabarán las penurias.