Historia/ SALTA, la ciudad de los años 40´ que ya no es

1940. Esquina de Mitre y Caseros.

Documentos históricos y artículos periodísticos permiten lecturas sobre nuestra ciudad. En esta primera entrega, nos sumergimos en la ciudad de los 40 que las autoridades buscaban preservar premiando propiedades que resguardaran el estilo colonial. (Raquel Espinosa)

Michel de Certeau dice que “los lugares son historias fragmentadas y replegadas, pasados robados a la legibilidad por el prójimo, tiempos amontonados que pueden replegarse pero que están allí más bien como relatos a la espera”. Creo que realmente esto es así y que hay lugares de los que no podemos dejar de hablar porque forman parte de nuestra existencia. Tal el caso de la ciudad en la que vivimos. Por esta razón trataremos de desplegar algunos de esos tiempos y de realizar ciertas lecturas posibles sobre Salta. Ahora bien, hablar de Salta nos exige conceptuar la idea de ciudad y señalar cómo se la construye a través de la historia.

El diccionario define al vocablo “ciudad” como “población grande”. Del latín civitatem, remite a un núcleo urbano de población generalmente densa. Representa lo urbano en oposición a lo rural. En forma más integral, se habla de ciudad como una unidad política constituida por una población y su territorio circundante.

No puede, sin embargo, circunscribirse la ciudad al espacio físico en el que habita un grupo de personas o al conjunto de sus habitantes. Los límites de la ciudad desbordan lo meramente físico para convertirse en signo cultural. En este sentido la ciudad es una compleja red simbólica en permanente construcción y expansión. Nunca acabada. Una y múltiple a la vez. El espacio en que se erige y la arquitectura que la sustenta actúan como esqueletos sobre los cuales se van encarnando los símbolos que sobre ella construyen sus moradores.

Como todo lugar, la ciudad puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico; por eso cambia y también cambian las representaciones que sobre ella elaboran sus habitantes o los que la visitan. Así, la ciudad es un espacio –real y simbólico- de miradas que confluyen coincidiendo, a veces, y oponiéndose, complementándose o superponiéndose, otras tantas.

Salta, al igual que otras urbes, tiene un origen y una historia que puede reconstruirse a través de documentos históricos y de textos de carácter testimonial como los periodísticos. En diarios como El Intransigente y La Provincia podemos atisbar una Salta que ya se fue, la de la década de 1940 a 1950, a través de algunos ejemplos como los que a continuación veremos.

El 27 de junio de 1942, Eduardo Gallardo Arteaga, Cónsul de Chile en Salta, publica en El Intransigente, una nota titulada “Ciudades del norte argentino”. Al referirse a Salta enuncia una frase donde predomina la objetividad: “Salta, ciudad fundada por el Licenciado Hernando de Lerma el 16 de abril de 1582. Se encuentra a unos 1.600 km. de Buenos Aires y a 1.100 metros sobre el nivel del mar; está ubicada al pie del cerro San Bernardo, en el hermoso y amplio valle de Lerma”. La subjetividad, sin embargo, está presente ostensiblemente en los adjetivos “hermoso” y “amplio”. Quien así describe la ciudad fue residente en Salta desde muchos años atrás y, en el momento de la publicación, debe volver a su país natal.

En la nota el cónsul agrega otros datos sobre la ciudad. Dice que en sus construcciones se conserva aún mucho del estilo colonial, siendo considerada como una de las ciudades más típicas del país, que en esos años la población era de 70.000 habitantes y las calles eran asfaltadas y hormigonadas. El resto del artículo abunda en lugares comunes que hablan del benigno clima y de la religiosidad del pueblo. La ciudad es caracterizada como “tierra de paz”, “cuna de hechos históricos” y “uno de los rincones más hermosos, agradables y pintorescos con que cuenta la República Argentina”.

Eduardo Gallardo Arteaga menciona y describe plazas, monumentos y edificios públicos para luego vaticinar que la provincia toda tiene un gran porvenir. Finalmente asegura que cuando regrese a su patria sentirá añoranza por esta ciudad a la que ha calificado de “culta y simpática” y también “apacible y señorial”. La visión idealizada del que escribe no admite fisuras por donde atisbar otros aspectos menos positivos de la ciudad. Se proyecta un futuro promisorio en base al presente vivido y a un pasado que vive y persiste en Salta con caracteres cercanos al mito.

En relación con el tema tomaré otro ejemplo que complementa al anterior. El 25 de enero de 1942 el diario La Provincia, órgano oficial del Partido Demócrata Nacional, publica como noticia la adjudicación de premios a los mejores edificios en el estilo colonial en base a las solicitudes presentadas ante la Comisión de Urbanismo, integrada entre otros por el Intendente Sr. Ceferino Velarde. La comisión adjudicó los premios de la ordenanza sobre fomento edilicio en estilo colonial; entre ellos pueden citarse los siguientes: Año 1939: 1er Premio: (Exoneración de impuesto por doce años y medalla de oro) a la propiedad de la Sra. Ana María Fleming de López, calle Sgo. Del Estero, entre Zuviría y Deán Funes. Año 1940: 1er Premio a la propiedad de la Sra. Emilia A. de Royo, Leguizamón y Balcarce.

El 5 de abril del mismo año, La Provincia publica otro artículo del que extraemos el siguiente párrafo: “Se ha afirmado y nadie puede ponerlo en duda, que Salta, la más hispana de las ciudades del país, es la que conserva en mayor grado la tradición colonial, pero también es cierto que mientras nos complacemos por tales títulos, ocurre que la ciudad va perdiendo en forma alarmante sus características propias”. Para demostrar lo afirmado se citan gran cantidad de edificios de estilo moderno que en pleno centro de la ciudad, y a pesar del empeño oficial, se están levantando en la época. Así, los edificios coloniales iban desapareciendo ante “un mal entendido progreso” que respondía, según estos lectores de la ciudad, a simples intereses económicos.

Muchas notas como las citadas abundan en diarios de la época con marcadas coincidencias, ciertas ideas recurrentes que tienden a rescatar un pasado, el pasado colonial. Es un pasado usado y abusado como elemento fundamental en la representación que de la ciudad de Salta se lleva a cabo. A través de estos artículos se vislumbra la nostalgia por una época en la que para muchos Salta era más importante que Buenos Aires y Córdoba por cuanto recibía la influencia directa de Lima y los edificios coloniales eran testimonios vivientes de la extinguida grandeza.

Si tal como dice Salazar Bondy “toda ciudad es un destino porque es, en principio, una utopía”, Salta no escapa a la regla. La época colonial idealizada se transmite en la supervivencia de los monumentos y de la arquitectura pero, sobre todo, en la mente de quienes habitan la ciudad y de sus ocasionales visitantes. Unos y otros son hechizados por un pasado que muestra ciertas facetas, no todas, para seguir seduciendo a sus lectores.