Tras romper con 156 años que incluyeron a 101 intendentes varones, la primera Jefa comunal de la ciudad eligió como mano derecha a otra mujer. Acá algunos criterios que pueden explicar un nombramiento clave. (Daniel Avalos)

Quien desee conocer la historia de gobiernos municipales monopolizados por el género masculino, puede recurrir al resumen realizado por José de Guardia de Ponté, Raquel Adet y Elisabet Cabrera publicado en el sitio portaldesalta.gov.ar. La extensa lista de jefes comunales registrados comienza con Juan Manuel Arias Cornejo (1857 – 1858) y culmina con Gustavo Sáenz (2015 y 2019). Pero acá el objetivo es otro: ensayar una explicación del porqué la intendenta optó por Agustina Gallo con Jefa de Gabinete.

Municipalidad de Salta

No se trata de poca cosa al menos por dos razones. La primera se relaciona con el retorno de un cargo que no estaba en el organigrama municipal original; uno cuya importancia reside en monitorear el curso de la gestión, pero también centralizar las negociaciones con las distintas escalas del sistema político provincial disponiendo de instrumentos que le permitan ejecutar la estrategia que la jefa política diseña para su proyecto político. La segunda de las razones se relaciona con un hecho inédito para la política municipal pero acorde a los tiempos que corren: la primer intendenta mujer de la ciudad confía en otra mujer para encarar el desafío cotidiano de administrar coyunturas abiertas y cambiantes no exentas de fricciones.

En diciembre del año 2019, muchos dieron por sentado que el encargado de la tarea sería uno de los coordinadores designados: Bernardo Racedo Aragón. Un funcionario que alzó vuelo durante la gestión de Juan Carlos Romero y que con el arribo de Urtubey al gobierno emigró a Tucumán para convertirse en el gurú las políticas turísticas en la vecina provincia. Semejante blasones deslizó a los analistas a concluir que allí estaba el armador político municipal. Se equivocaron. En pocos meses aparecieron los primeros síntomas del yerro en el pronóstico: funcionarios de segunda y tercera líneas susurraban sobre la “bueno” que resultaría que “Racedo” extendiera las vacaciones que se tomaba para evitar mayores complicaciones a una transición que ya era complicada. La pandemia hizo el resto: convirtió al “coordinador político” en un hombre con la mirada absorta y los brazos cruzados que se dejó condenar por la cuarentena a contemplar la nada misma.

Mientras la estrella de Racedo Aragón se extinguía – decían en el Centro Cívico Municipal – la ahora Jefa de Gabinete fue ganando influencia y autoridad entre quienes estaban volcados a una gestión atravesada por el drama y las restricciones de la pandemia. No podía sorprender. Gallo tiene años de experiencia en cargos ejecutivos provinciales y municipales; y a ello le sumo un grado de exposición que antes no había practicado.

Lo hizo para defender la visión de ciudad que promueve la intendenta en un año que – sobre todo en la primera mitad – estuvo marcado por los sablazos dialecticos con parte del oficialismo provincial y hasta con periodistas como Mario Peña que practico una especie de periodismo de guerra contra el municipio. La entonces Coordinadora de Contenidos eligió centralmente las redes sociales para ejecutar la defensa a la intendenta atribuyendo los ataques a intereses políticos y prejuicios “machirulos”. Gallo, en definitiva, hizo de intérprete y defensora del proyecto municipal en un gabinete que no se destacó por ello. Ese recorrido explica en parte importante cómo llegó al cargo que hoy asumió y que necesariamente le demandara otras tareas, incluidas las vinculadas a un año electoral.

Quienes le restan méritos explican su ascenso a la amistad que mantiene con Bettina Romero desde los tiempos de la escuela secundaria. Reducir la designación a esa relación es equivocado por varias razones. Uno de ellas es el siguiente: en la historia de las cúpulas de gobierno hay muchos casos de relaciones amistosas – que no siempre implica metas compartidas – que incluyen sólidos vínculos políticos que siempre suponen comunión de objetivos, el modo de hacer un camino para cumplirlos y la destreza que el “amigo/a” debe poner al servicio del proyecto de la amiga/o-jefa/e. El caso del gobernador Gustavo Sáenz y de Nicolás Demitrópulos (actual Coordinador Administrativo de la provincia) puede destacarse en estos tiempos por el rol central que ocupan, pero está lejos de ser único. Aclaremos rápido, no obstante, que lo amistoso no borra la jerarquía que existe entre el jefe/a y su funcionario/a de extrema confianza; aunque esa “especial” confianza otorga a los últimos un estatus superior al resto del equipo gobernante que en el caso que nos ocupa se formalizó con una designación clave.

De allí que calificar vínculos de ese tipo como un disvalor puede tener cierto impacto entre cierta parte de la población, pero no horada la autoridad de la designada con los actores y las actrices políticos/as con los que deberá toparse. La carpa política salteña, después de todo, identifica esa condición como una ventaja al contar con la certeza de que aquello que articulen o no con la Jefa de Gabinete está previamente hablado con la intendenta y que los acuerdos se dan dentro de los marcos jurídicos y políticos que la jefa comunal dispuso. Se trata de un aspecto central que el sistema político en Salta y en el país pondera como imprescindible. Las formas en que ese sistema valorara el trabajo de la Jefa de Gabinete dependerán de otras cosas. Bettina Romero evaluara la habilidad de su Jefa de Gabinete para logar acuerdos de gobernabilidad, dinamizar la gestión, destrabar conflictos, neutralizar ataques o en la identificación de oportunidades políticas; mientras aquellos que no forman parte del espacio ponderaran su capacidad de negociación y la respetabilidad de los acuerdos que se sellen.

A ello debe sumársele otros aspectos que influyen en designaciones de éste tipo. Por ejemplo, la nula pretensión electoral de la elegida o el elegido. El rasgo no supone ausencia de ambiciones; solo confirma que en política las tareas son muchas y que algunas/os disfrutan más la paciente y silenciosa tarea de ayudar a fortalecer el liderazgo de quien personaliza las aspiraciones del propio espacio instalando agenda de debates y tejiendo vínculos que ayuden a consolidar la autoridad de la líder o evitar que los adversarios agujereen tal autoridad.

Lo último nos desliza a señalar otro de los criterios poderosos que suelen empelarse a la hora de elegir a una persona en un cargo político de ese tipo: las aptitudes para relacionarse con los jugadores de otros espacios con los que siempre hay fricciones. El tiempo hablará sobre las competencias de Agustina Gallo al respecto. Lo seguro es otra cosa: durante los años que trabajó en la gestión municipal de Gustavo Sáenz, forjó relaciones cordiales con personas claves del entorno del actual gobernador: el deslucido Matías Canepa es uno de ellos y el siempre poderoso Nicolás Demitropulos es el otro. No es poca cosa en una provincia en donde hace años – mal que le pese al progresismo – todas las iniciativas políticas son hijas de la voluntad de las cúpulas gobernantes.