Gobernación 2019 | La larga marcha que Miguel Isa transita hacia su candidatura

Miguel Isa se siente revitalizado. Ya convenció a los suyos de que su apuesta por la gobernación no tiene marcha atrás y el resultado empieza a verse: la tropa dispersa de ayer se reagrupa para sumarse a la empresa. (Daniel Avalos)

Por ahora, los movimientos que protagoniza esa tropa adquieren dos formas: ir en búsqueda de viejos capitanes a los que creen capaces de reclutar nuevos pelotones que se sumen a la empresa y desembarcar en los barrios para rastrillar casas en donde el Vicegobernador termina tocando puertas, sorprende al dueño o dueña de casa quienes -aun teniendo reparos sobre la gestión provincial- le terminan abriendo las puertas, agradeciéndole el gesto, relatándole al conjunto de los vecinos la inusual visita y hasta ofreciéndose en algunos casos para organizar otros encuentros con vecinos para reproducir el círculo.

El recorrido incluyó a sedes que responden a otras fuerzas sociales con quienes Miguel Isa empieza a imaginar alianzas. Uno de ellas fue el movimiento Barrios de Pie cuyos militantes destacaron que la presentación del Vicegobernador ante los vecinos es casi siempre igual: relata cómo él podría haber vivido para siempre en su Colonia Santa Rosa natal, aunque prefirió venir a la gran ciudad; de cómo muy temprano llegó a presidir un club como Juventud Antoniana pero luego lo dejo para ir en búsqueda de una banca en el Concejo Deliberante, después otra en la Legislatura y seguidamente y contra todos los pronósticos ir a la conquista de una intendencia capitalina en la que estuvo doce años para, finalmente, en 2015, acceder a la vice gobernación. La presentación termina anunciando otro desafío: prescindir de potenciales comodidades y trabajar para la construcción de un proyecto de cara al 2019 porque -aun cuando varios que viven de la política aseguren que la misma es una práctica grosera y torcida- él la sigue considerando una herramienta central para modificar la realidad.

Quienes lo frecuentan aseguran que tras el discurso encendido subyacen en Miguel Isa algunas convicciones: que el escenario político nacional y provincial va mutando y que los cambios darán grandes chances al candidato a gobernador del Grand Bourg; que ese candidato debe tener su figura instalada entre los salteños como él cree tenerla; que confía en hilar alianzas estratégicas con figuras de peso de la política provincial; y que el adversario más competitivo que tiene el macrismo en la provincia – Gustavo Sáenz – evidenció en las últimas semanas límites que lejos de ser episódicos son estructurales.

El último de los puntos no es un dato anecdótico, aunque esté lejos de ser el fundamental. Se relaciona con cómo caracteriza el isismo al Intendente capitalino, a quien dicen conocer desde el año 1995 cuando Sáenz era el lugarteniente del propio Isa en el Concejo Deliberante. Un Isa que suele recordarles a los suyos que las grandes empresas políticas están repletas de obstáculos y golpes de la que sólo salen frescos los “duros de abdomen”. El isismo está seguro de que su líder es de los “duros”, aunque dudan de que de esa raza forme parte el propio Sáenz, a la luz de lo ocurrido en las últimas semanas. Se refieren al proceso protagonizado por un Grand Bourg que, cansado de las críticas que el Intendente les propinaba a diario, ejecutaron una contraofensiva que lideró el propio Isa quien por los medios salió a remarcar los problemas de la gestión municipal, asociar políticamente a Sáenz con un  Macri cada vez más devaluado entre los salteños y advertir que el estilo político del jefe comunal hace posible que en el futuro reniegue de Macri para eventualmente trabajar hasta con el propio Urtubey. La arremetida fue finalmente exitosa. Entre otras cosas porque Sáenz se terminó asemejando a esos futbolistas que abren más las piernas para que el rival le haga mejor un caño: en un mismo día se fotografió con Macri, pero sin compartir la imagen en las redes, mientras la foto en la que poso el mismo día con el cuestionado interventor del PJ nacional, Luis Barrionuevo, se publicaba en los medios del país. El hecho generó la obvia reacción de macristas provinciales y nacionales que terminaron preguntándose si el Intendente representa el derrotismo interno en Cambiemos.

El resultado de todo ello fue la entrevista que el propio Gustavo Sáenz le hizo al gobernador Urtubey en el programa radial que conduce por FM Aries. La misma confirmó a algunos la eterna sospecha sobre un futuro acuerdo Urtubey – Sáenz que consolide el proyecto que el primero tiene en la nación y el segundo en la provincia. Potencial acuerdo que no habría que descartar en una política donde las migraciones de un espacio a otro son frecuentes, aunque lo cierto es que el episodio radial se pareció más a un clásico movimiento diplomático que el jefe comunal ensayó para evitar nuevos golpes y ganar tiempo para reevaluar mejor el terreno cuyo control sigue en manos de un Grand Bourg que administrando una provincia atada con alambre, no le impide al jefe político proyectar cada vez más su imagen en el escenario nacional.

De allí que, para Miguel Isa, visibilizar los límites de Sáenz sólo le interesan en la medida que ello ayude a consolidar presencia en el oficialismo provincial, en donde la estrategia de cara al 2019 ya está pincelada: abrir el juego a todos los hombres y mujeres que deseen una precandidatura a gobernador; plena libertad para hacer del macrismo el culpable de todos los males que acechan al país y a la provincia; evitar precandidaturas múltiples a gobernador como erróneamente se permitió para la categoría diputado nacional en el año 2017; e incondicional compromiso de los involucrados para que, entre octubre y diciembre, las mediciones indiquen a las dos figuras con mejor intención de votos que serán los que diriman en las PASO el candidato a gobernador oficial.

Ese es el teatro de operaciones en el que Isa concentra sus esfuerzos. Lo hace enfatizando que no tiene nada en contra de sus rivales internos porque en serio lo siente así, aunque seguramente también porque cree correr con algunas ventajas sobre el resto. Las encuestas lo muestran en un empate técnico con Sergio Leavy y a ambos por encima de Javier David y Pablo Kosiner. Buenos números, que muy probablemente se expliquen porque simplemente es el más conocido de todos, aunque tener una imagen instalada es siempre un punto a favor para elecciones como la que se avecina. Ventajas numéricas que combinadas con las buenas relaciones que entabla con el entorno político del propio Gobernador, lo ponen decididamente en carrera hacia el 2019.

Buenas migas palaciegas que quedaron en evidencia la semana pasada cuando colegas de Tartagal, Orán y de los municipios del Valle de Lerma compartían con quien escribe fotografías de las entrevistas que el Vicegobernador protagonizaba en los canales locales. Todas lo mostraban desde su oficina del Grand Bourg explicando los avances de la gestión provincial en esos municipios, los terribles tarifazos ejecutados por el macrismo y a la hora de responder sobre sus pretensiones en el 2019 reproducía el discurso que Urtubey emite en la nación: él trabaja para articular en la provincia una alternativa superadora al macrismo y que serán las personas, a través de las PASO, quienes elegirán al candidato que mejor personalice la idea.

Lo relevante del caso, sin embargo, reside en otro aspecto: esas transmisiones televisivas fueron posibles utilizando la señal con la que el Grand Bourg conecta al propio Urtubey con canales de todo el país para continuar con su proceso de instalación nacional sin que se ausente exageradamente de la gestión provincial. Recursos tecnológicos que se comparten con Miguel Isa para que este haga lo propio en la provincia. No se trata de un dato inocuo. Menos en una gestión cuyo jefe político explicitó durante años y sin complejos que él impugna los gabinetes con alto voltaje político.

No obstante lo dicho, un límite crucial asola al Vicegobernador: la falta de un armado propio provincial. Hablamos del famoso “aparato”, ese que todo peronista auténtico sabe que existe aunque no se lo vea y que conformado por una intrincada red de senadores, diputados, intendentes y cientos de punteros, llegan a los rincones más periféricos del territorio para garantizar logística y calor popular a una candidatura. Miguel Isa no cuenta en la provincia con semejante maquinaria, algo que sí podrá montar el candidato a gobernador de Cambiemos porque, a pesar de que suelen condenar la práctica en nombre de la nueva política, ni el PRO a nivel nacional ni Gustavo Sáenz en la ciudad se han privado de esta maquinara fenomenal que en cada elección busca avanzar de manera arrolladora.

Miguel Isa depende aquí enteramente del gobierno provincial, en general, y de Urtubey, en particular. Un gobernador que tras la derrota en las legislativas nacionales de octubre vio sobrevolar en el horizonte la posibilidad de la disgregación interna por la combinación de dos variables: su propio fin de ciclo en la provincia y la emergencia de una figura como Gustavo Sáenz. Nubarrones que Urtubey finalmente disipó anunciando a quienes controlan el poder territorial su decisión de ir por una candidatura presidencial por el peronismo que, con el tema de las tarifas, ya logró arrebatarle centralidad a un kirchnerismo que a lo largo de dos años no pudo conseguir nada que remotamente se parezca a una victoria.

Urtubey acomodó las cargas entregándose a viajes por el interior provincial en donde montó por tanda reuniones con grupos de intendentes y legisladores que celebran que el Gobernador retome costumbres que tenía abandonadas: ser parte de hospitalarias mesas donde el asado y el vino fresco no faltan y en las cuales el mandatario habla para deleite de los oyentes, quienes imaginan cómo sus personales candidaturas se verán beneficiadas si se cuelgan de la candidatura presidencial de un salteño. Así de fácil resulta para algunos alinear a quienes, hasta no hace mucho tiempo, rumiaban resentimiento contra el mandatario ausente, pero al que admiran o temen demasiado como para animarse a caminar solos.