El 21 de mayo de 1969, jóvenes salteños se sumaron a las protestas en todo el país y exigieron el fin del régimen de Onganía atacando uno de los símbolos del poder de la provincia.

El miércoles 21 de mayo de 1969, movilizados por las protestas en Corrientes y Rosario de la semana anterior y el clima creciente de descontento para con la dictadura militar de Juan Carlos Onganía, los estudiantes salteños se movilizaron hacia el Club 20 de Febrero e incendiaron ese eterno símbolo del poder provincial, lugar histórico de reunión de las familias «bien» que ostentan los hilos de Salta.

“Fue indescriptible el desastre que dejó anoche como saldo la violencia estudiantil, en el Club 20 de Febrero. La irrupción de los mismos se produjo a las 21,05 momentos en que comenzaban a llegar a una reunión los invitados a la apertura del congreso de Psicología en dicha entidad”, informaba El Intransigente en su edición del jueves 22 de mayo de 1969.

“Un grupo de manifestantes se dirigió hasta allí, irrumpió en el salón de actos de la institución, destrozó algunos muebles y volcó varios automóviles. Entre ellos el coche oficial del Intendente Municipal, una rural particular del subsecretario Saravia Toledo y dos vehículos más. Uno de ellos se estaba incendiando en plena calle y fue salvado por los bomberos. El Juez Federal, doctor López Sanabria, que se encontraba en el Club 20, ordenó la presencia de la Policía Federal, la que comenzó a actuar desde entonces conjuntamente con la policía de la provincia”, decía el diario Norte.

Entre el 19 y el 25 de mayo ocurrieron protestas universitarias en todo el país. En Salta, el martes 20, en una asamblea de estudiantes a la que concurrieron unas quinientas personas, se decidió tomar la Facultad de Ciencias Naturales y acompañar el paro total universitario. Los secundarios también adhirieron. Los conflictos del 21 comenzaron poco después de la medianoche, cuando la Policía desalojó la Facultad y detuvo a casi sesenta estudiantes que fueron liberados durante la madrugada.

“Mitre al 300. Hasta aquí también llegó el fragor de la batalla entablada ayer entre policías y estudiantes. Fueron 14 horas de constantes escaramuzas, en donde prevalecieron improvisados proyectiles que lanzaron continuamente los manifestantes, repelidos por los disparos de las bombas de gases y bastonazos propinados por los uniformados”, decía El Tribuno, que mostraba distintas fotos de los incidentes.

“Un tenso clima se vivió durante casi toda la jornada de ayer a raíz de los disturbios provocados por grupos estudiantiles que desde las primeras horas convulsionaron con sus manifestaciones las adyacencias de varios establecimientos secundarios, incluso el propio centro de la ciudad, donde la policía se vio precisada de actuar enérgicamente para contener a una columna que pugnaba por ganar la vereda de la casa de gobierno”, informaba el diario Norte, haciendo referencia al actual Centro Cultural América, por entonces, sede del gobierno. El mismo lugar donde, aún antes, funcionaba el Club 20 de Febrero. El mismo diario aseguraba que “a las siete de la mañana, dos bombas ‘Molotov’ estallaron cerca de las oficinas del Colegio Nacional (…). Allí, desde temprana hora se habían congregado pequeños grupos de estudiantes que iban arengando a los demás compañeros a unirse a la manifestación en homenaje a los estudiantes muertos recientemente en choques con la policía”.

En el Nacional, en la Normal y en el Instituto Secundario General Güemes, la situación fue la misma: los estudiantes se organizaron y sortearon todas las trabas impuestas por los directivos y la policía. Lograron salir de los establecimientos y marchar al centro de la ciudad. Norte lo describió de manera precisa: “Los estudiantes consiguieron ubicarse frente a la casa de gobierno, y allí gritaron toda clase de estribillos contra el gobierno local, especialmente contra el titular del P.E (Ing. Hugo Alberto Rovaletti). En esas circunstancias pasó por el lugar un jeep de la policía con el sub director de Seguridad, inspector mayor Sergio Amaya, recibiendo el vehículo y sus ocupantes una cerrada descarga de naranjazos que los obligó a retirarse precipitadamente”.

Tras diversos enfrentamientos en la zona del centro que ocurrieron entre la mañana y pasado el mediodía, los estudiantes volvieron a organizarse para marchar. Los jóvenes iban mucho más allá del origen de la protesta. Sus consignas eran claras: “Que renuncie el gobernador”, “Abajo la dictadura”, “Pueblo sí, militares no” y “Asesinos”. Entre las cuatro y las seis de la tarde se produjeron nuevos enfrentamientos. A las siete se realizó una misa en la Iglesia San Francisco. A las ocho, los estudiantes marcharon otra vez a la Casa de Gobierno, donde fueron reprimidos nuevamente. Poco antes de las nueve, dieron la vuelta y marcharon hacia el Club 20 de Febrero.

“El grueso de los estudiantes llegó a las inmediaciones del club, bifurcándose desde Virrey Toledo por Benjamín Zorrilla y Paseo Güemes. La mayor parte de los manifestantes luego de violentar las puertas de acceso que dan sobre el pasaje Del Milagro a la entidad, un número de casi 70, penetraron a las instalaciones y el salón donde se realizaría la recepción, sembrando pánico y confusión, aprovechando esa circunstancia rompieron muebles, vajillas y cristalería, ante la impotencia del personal de servicio que pugbnaba por frenar la acometida. Dos mozos no identificados fueron lesionados”, relataba El Intransigente. “Mientras tanto -seguía-, los que quedaron afuera acometieron con violencia contra automotores estacionados frente a la puerta principal del Paseo Güemes, y se contabilizó el vuelco de cuatro automóviles y uno incendiado. Entre los dados vuelta y que sufrieron, además, la ruptura de todos los vidrios y abolladuras de chapas, se cuenta el del Intendente Municipal (Ricardo J. Spangenberg)”.

“Al entrar la policía en acción, con mayor severidad, los estudiantes que estaban dentro del salón del club 20 de Febrero ya habían salido y se reunieron con los que aguardaban afuera. Al acometer las fuerzas del orden, los manifestantes, de forma desordenada, se dieron a la fuga, no sin antes tratar de enfrentar a las autoridades con toda clase de proyectiles: piedras, maderas y toda clase de objetos que se ponían a su alcance. Hubieron varias detenciones posteriores que no se dieron a conocer”, finalizaba la crónica.