Escrutinio definitivo | Emiliano Estrada y el triunfo de un Frente de Todos que en Salta estaba en guerra consigo mismo

La victoria puede dimensionarse por los números, la emergencia de un joven que prescindió de los memes y se aferró a propuestas de campaña para darle la primera celebración a un espacio que atraviesa una crisis nacional. (Daniel Avalos)

Habría que ponderar el empuje emocional que los resultados definitivos –difundidos anoche– suponen para un espacio que protagonizó dos años de puras frustraciones en Salta. Un repaso breve confirma lo último. El Frente de Todos tuvo su bautismo electoral en Salta con resonantes triunfos en agosto y octubre del 2019 que se inscribía en el fenómeno generado por la fórmula de Alberto y Cristina aquella vez y que también ocurrió en Salta con matices: 13 puntos por encima de Macri en la provincia (48,30% contra 35,14%), aunque en Capital el resultado fue distinto: 44,43% para Macri y 35,35% para Alberto. Lo mismo en la categoría senador nacional: Leavy le sacó 10 puntos a Romero en el total provincial (45,96% y 35,33%); pero en capital el ex gobernador se impuso 45% a 32%. El tartagalense se alzó así con una victoria que, sin embargo, no se explicaba tanto por su pericia personal sino por el arrastre de Alberto y Cristina.

Tras la victoria vino el desaguisado que se evidenció un mes después con las elecciones en donde Leavy buscaba convertirse en gobernador. Los límites del candidato, el pésimo armado político y la peor campaña electoral terminaron con una derrota aplastante: ninguna banca de diputado por la capital y sólo dos concejales en el mismo distrito. La explicación había que buscarla en una fragmentación de listas que dejaron ver la falta de liderazgo y la rara vocación de dirigentes que se parecían a esos jugadores de fútbol que preferían perder 5 a 1 con un gol de ellos que ganar un partido con los goles de cualquiera. Tras el fracaso, el espacio se asemejó a un hormiguero en donde todos caminaban apurados sin rumbo aparente y atravesados por una desconfianza.

Así se llegó al año 2021. Por eso no sorprendió cuando algunas fuerzas se despidieron del frente anunciando que se iban con el nombre, los que se quedaban judicializaban la posesión del mismo y un final de novela desopilante: de los siete partidos que conformaban el espacio surgieron tres frentes electorales. El proselitismo que protagonizaron también fue penoso: decenas de candidatos “K” que usaban la mitad del día para autoproclamarse “frentedetodistas auténticos” y durante la otra mitad impugnaban la precandidatura a diputado nacional de un Emiliano Estrada al que acusaban de ser la quinta columna del gobernador Sáenz en el frente.

Así comenzaba la campaña Emiliano Estrada: entre resultados calamitosos del frente en las elecciones provinciales y siendo blanco de los ataques de dirigentes que parecían ser a prueba de verdades irrefutables. Ni las palabras ni la presencia del ministro del Interior –Wado de Pedro– podían perforar la coraza de quienes se negaban a ver lo obvio: Estrada era el bendecido de un oficialismo nacional que estableció acuerdos evidentes con el gobierno salteño y que parecía pedir que los dirigentes propios de la provincia debían entender la importancia tácita de los mismos aun cuando no siempre se conozcan los detalles. No había caso. La oficialización de la candidatura de Estrada provocó que algunos partidos se declaren prescindentes, que otros se queden para hacer la plancha y otro –Felicidad– apueste a la lista propia para finalmente protagonizar una elección dignísima el domingo pasado.

El pronóstico obvio que podía realizarse era el de siempre: el Frente de Todos salteño seguiría sin protagonizar algo que se pareciera a un logro electoral. Lo ocurrido el domingo pasado desmintió el pronóstico. Emiliano Estrada y el Frente de Todos festejó un triunfo: según el escrutinio definitivo cosechó el 30,05% de los votos (bien superior al 24% que cosechó Sergio Leavy en noviembre del año 2019) contra el 29,6% de Juntos por el Cambio en una provincia más inclinada a lo amarillo que a lo celeste cuando de elecciones legislativas se trata. Fue uno de los pocos triunfos en el país del oficialismo nacional y se montó con la primacía de sufragios en 17 de los 23 departamentos salteños, incluyendo a los estratégicos San Martín y a Orán. No resulta menos destacable que Estrada fuera el candidato más votado: 121.888 sufragios, muy por encima del segundo que fue Guillermo Durand Cornejo con 70.422.

Estrada también hizo pie en una capital provincial con mayoría de votantes marcadamente antiperonistas, bien independientes o muy de derecha. Acá debió prescindir de los aliados naturales entregados a juegos de palabras y recurrir a fuerzas con mayor vocación política: el godoicismo y la estructura territorial de Barrios de Pie que desde la gran elección de Malvina Gareca el 15 de agosto pasado parece gozar de su mejor momento. En la provincia, por su parte, ensayó una especie de armado ad doc con jefes comunales que tomaron buena nota de él cuando -desde el Ministerio del Interior de la Nación– trabajó para inyectar recursos en los municipios; con igual celeridad fue al encuentro de los sectores de la producción y de las PyMES –sobre todo en Capital- con los que habla un idioma común por su condición de economista y cuadro técnico de experiencia en la administración del Estado.

Lo dicho le imprimió a su campaña una tónica que a él le resulta cómodo, pero que la mayoría de los consultores reprueban por el ímpetu de generar candidatos que “caigan bien”, que le hablen al corazón de los desdichados y que en lo posible puedan resolver algún problema puntual e inmediato para presentarse como una especie de bienhechor. No fue esa la forma en que se presentó Estrada, quien optó por hablar de economía, producción, empleo, salud y de cómo algunas ideas son buenas para dinamizar la economía y otras no lo son. Insistamos. Un tipo de campaña que en nuestra provincia estaba cajoneada y que el candidato del Frente de Todos desempolvó para intentar transmitir y debatir con hombres y mujeres de la política, pero también con el periodismo, la academia y la cultura. Que ello pueda haber generado una alta adhesión electoral es auspicioso. Veremos en los próximos meses si estamos ante un hecho episódico o estructural.

Lo seguro, no obstante, es que las celebraciones concluyeron. También que hacia adelante deberá ajustar detalles, corregir errores y, fundamentalmente, contener al adversario interno que enfrentó: el camionero Jorge Guaymás, cuyos 55 mil votos son fundamentales para el espacio en noviembre próximo. Eso no es todo. Estrada deberá ir al encuentro de los muchos espacios y dirigentes que habiendo pertenecido al Frente de Todos ahora no lo son o militan a desgano. Allí deberá dar cuenta de las competencias para pasar de una cadencia a otra o para echar mano a distintos marcos de referencias cuando hable con quienes provienen del peronismo, de los movimientos sociales o de la izquierda. No se trata de cinismo. Cualquier cuadro político sabe que aquellos que buscan sintetizar una aspiración colectiva debe tener rasgos de políglota para modelar discursos según los momentos y sectores a los que se busca interpelar.

Esa tarea es urgente e importante. Por la potencia que tiene el electorado no peronista en la capital provincial, por lo mucho que le costará al oficialismo nacional remontar los resultados del domingo y por los precedentes electorales de la historia reciente nacional: los triunfos fomentan adhesiones entre los indecisos e incluso imanta a quienes habiendo votado por uno luego prefieren votar por el que va ganando y que en el país fue Juntos por el Cambio. Esa situación es la que exige rectificaciones, mejoras, realizaciones y autocrítica en el país, pero también en Salta, donde Emiliano Estrada confirmó con su triunfo que el espacio del que todos los consultores hablaban pero nunca se corporizaba, efectivamente existe en la provincia.