Enrique VIII + Rafa Gorgory

Cuando se divulgó un video del diputado nacional Alfredo Olmedo siendo bautizado en una pelopincho, los análisis, necesariamente, combinaron hilaridad y perplejidad. Un recuerdo indeleble. (Franco Hessling)

El año pasado se conoció un audiovisual casero en el que se veía al periodista oficialista Carlos Vidal González haciendo las veces de pastor ante el diputado nacional, Alfredo Olmedo, a quien bautizó en una pileta pelopincho.

En aquel momento escribí un artículo con tono irónico, pues la ética de algunos políticos obliga a emplear ese tipo de recursos para que el sobrecogimiento de una realidad surreal no torne patético el pretendido discurso de objetividad del periodismo canónico. Preferí reír antes que llorar.

Aquel artículo se publicó en el semanario Cuarto Poder, ahora lo reproducimos en Cuarto:

¿Qué sale de la fusión de Enrique VIII de la dinastía Tudor y Rafa Gorgory, el hijo del jefe de policía de Springfield en Los Simpsons? Alfredo Horacio Olmedo.

Las ciencias jurídicas son un campo de pensamiento tan vasto que nadie creería que son basamento preponderante en la formación de los abogados, aunque hay letrados que sí le hacen honor. En un sentido burdo, acorde con el diputado nacional Olmedo, el rango de las capacidades de los sujetos de derecho demandaría una taxonomía sui generis para adecuarse al fundador de Salta Nos Une. Sería inapropiado catalogarlo como un demente, pero otorgarle la plena capacidad solo por tener la mayoría de edad resulta igualmente arriesgado. Ya no es un menor, evidentemente, aunque su afición al grotesco vuelve evanescente el límite entre la cordura y la insania. Su investidura hace presuponer lucidez y oratoria, actualmente transita su segundo paso por el Congreso de la Nación, sin embargo, los hechos obligan a preguntarse por sus capacidades reales. Si el clima gélido invita a la indulgencia, diríamos que es un “inimputable”. Al contrario, si el frescor aviva el semblante, es un culpable recurrente, doloso reincidente. Sin ir más lejos, su última resonante intervención como diputado fue el voto negativo contra el proyecto de rechazo al fallo 2×1 del máximo tribunal que había beneficiado a genocidas.

Abandonemos el zurcido entre las ciencias jurídicas y Olmedo y pasemos al hecho actual: el hijo pródigo de Salta Forestal fue recibido por Jesucristo esta semana. Se hizo viral un video donde puede verse a Olmedo vestido con una túnica blanca, adentro de una pileta de escasa profundidad junto al periodista deportivo devenido pastor, Carlos Vidal González, quien pregunta al legislador y latifundista si reconoce a “Cristo como tu dios y salvador”, Olmedo asiente, ambos genuflexos ante la inmensidad: el que hace las veces de Juan Bautista empuja el torso del diputado hacia atrás y lo baña en el agua bendita de la pelopincho. Olmedo se repone, juntos se ponen de pie; el rictus del recientemente bautizado es igual al de Rafa Gorgory justo después de incrustarse un cono de helado en la frente.

¿Busca votos aun sabiendo que hace el ridículo? Seguramente, pero vayamos más allá en el análisis. Nadie puede negarle aptitudes para la teatralización fedataria; desde que tomó relevancia pública, Olmedo siempre hizo abrevar sus argumentos en dios. Es de aquellos dirigentes políticos, típicos de las clases opulentas de Salta, que hacen de la deidad monoteísta una muletilla para responder cuestionarios públicos. La letanía “si dios quiere” es también verba del intendente capitalino, Gustavo Ruberto Sáenz, entre varios otros que abarcan también al Gabinete de la Provincia. Olmedo, en tanto, abre una grieta entre los teócratas contemporáneos: rompe con la Iglesia Católica tutelada desde Roma.

El agua de la pelopincho es a Olmedo lo que el anglicanismo fue a Enrique VIII en la primera mitad del siglo XVI. El rey inglés, influenciado por sus intereses personales de divorciarse y así buscar el esquivo hijo varón que heredara su trono, adoptó ideas de los reformistas alemanes (influenciados principalmente por Martín Lutero) aunque sosteniendo otros aspectos de la tradicional iglesia papal. La rebeldía estuvo en que Enrique VIII desconoció la autoridad de Roma y se declaró “Jefe Supremo de la Iglesia de Inglaterra”, convertida al anglicanismo, doctrina cimentada por los planteos de la hija del monarca, Isabel I.

Símil a Olmedo, Enrique VIII manipuló a placer personal las doctrinas religiosas. Pese a su defensa de la familia tradicional, Olmedo reconstruyó su vida con una mujer a la que duplica en edad y con la que fue visto en otros videos en situaciones poco felices. A diferencia de Olmedo, Enrique VIII se casó con Catalina de Aragón que lo duplicaba en edad y que ya había enviudado. Con las mismas ideas de Olmedo acerca del rol de la mujer, Enrique estuvo ansioso por divorciarse de Catalina, pues pese a que tuvieron seis hijos, el único varón sobrevivió sólo dos meses. El papa Clemente VII se oponía al divorcio de Enrique y Catalina, entonces el rey inglés apartó a su iglesia de la tutela del vaticano.

Nuestro Enrique VIII doméstico disocia igualmente la moral predicada de las acciones que ejecuta. El doble rasero moral (haz lo que yo digo, no lo que yo hago) llevó a Olmedo a proponer ideas ecuménicas para santiguar sus prácticas. Por ejemplo, el epigrama de la “cultura del trabajo”, adonde se incluye el trabajo infantil. Se trata de un hombre que vive del trabajo ajeno, desde su mismísimo nacimiento estuvo del lado de los que “arriesgan” capital y no de los que venden o explotan su fuerza de trabajo propia. El buen Alfredo predica trabajo y defiende el trabajo infantil -permítase la tautología-, pese a que nunca en su vida trabajó (vendió su fuerza de trabajo o hizo que su subsistencia dependa de él). Igual que el autócrata inglés, el sojero salteño hace de lo público una justificación para lo privado.

Periodismo feligrés

En los últimos años se puso en discusión hasta qué punto podía hacerse periodismo adscribiendo abiertamente a una ideología, doctrina o proyecto político. Los apologistas de la moderna idea de “objetividad” -moderna no como epíteto de lo actual sino como referencia a la Modernidad en tanto período histórico- cargaron peyorativamente la noción “periodismo militante”, empleándola para desprestigiar la labor de los que reconocen desde qué posición se expresan periodísticamente.

Son justamente aquellos apologistas de la vetusta objetividad los mismos que, no obstante, consideran natural que un periodista otorgue bendiciones, cite a dios o recaiga constantemente en los valores del cristianismo monoteísta. Vidal González es la expresión de una corriente que invadió el periodismo salteño, adscripto a la Iglesia Presbiteriana Fundamentalista Bíblica “Smirna”, y que tiene como principal propalador al propietario de Canal 9 y FM Cielo, Javier Matus. De acuerdo a declaraciones de colegas, Matus cuenta con un templo propio apostado, vaya coincidencia, en el barrio Ciudad del Milagro. La grey de Matus está compuesta por varios reporteros, el periodismo feligrés.