Elecciones Salta | Zapata apuesta al discurso nacional; Estrada a movilizar dirigentes y la promesa de renovación

La campaña se asemeja a un partido de fútbol entre dos equipos prudentes que apuestan al gol sobre la hora. Los movimientos subterráneos explican el aburrimiento de la superficie. (Daniel Avalos)

Las estrategias se congelaron en la modalidad de la prudencia. Los candidatos están convencidos de que poseen una intención de votos más o menos similar a la lograda por cada uno en las PASO que deben incrementar con el auxilio de los desganados de cada espacio a quienes deben seducir. Tanto Emiliano Estrada como Carlos Zapata ejecutan movimientos parecidos en esas peceras: asegurar que la fidelidad con el oficialismo o la oposición nacional supone optar por las listas que ellos encabezan para no debilitar al conjunto en una sociedad polarizada. Del éxito o no de ese movimiento dependerá el resultado del domingo que con seguridad premiará con dos diputados nacionales a la formula que se imponga.

No obstante, la regla fue una quietud proselitista. La misma puede explicarse por el escenario y las características de los contendientes. Sobre lo primero se habla hasta el hartazgo: la pandemia no sólo reforzó el divorcio entre la gente y la clase política, también incrementó la indignación de la primera contras la segunda. ¿Cómo transformar esas voluntades en adhesión electoral? Admitamos que se trata de una tarea difícil. Los candidatos lo saben, pero no pueden imaginar una propuesta colectiva que le gane terreno al desencanto.

De allí que los contendientes con chances de triunfo parecen haber concluido que la audacia es casi lo mismo que la temeridad. No es lo mismo una y otra cosa. La primera es desenvoltura de espíritu que eleva a las personas por encima de los peligros para ir en búsqueda de objetivos no garantizados de antemano, mientras la temeridad es pasión sin objetivo. Estrada y Zapata tienen uno cumplido: llegaran al Congreso Nacional y lo siguiente es que también lo hagan sus compañeras de fórmula. Pero lo hacen evitando los excesos que suelen ser hijos de la pasión. La observación viene a advertirnos una mutación del escenario: merman los fanatizados de uno y otro bando que empiezan a cansarse de una guerra política que lleva más de una década con empates permanentes. Si la tendencia no puede apreciarse del todo, ello obedece al griterío de quienes aseguran estar dispuestos a morir calcinados antes que soportar la arrogancia del adversario. Esa es la tendencia, aunque siempre hay matices.

Algunos favorecen a Zapata y otros a Estrada. Este último confía en que el silencioso trabajo que realizó con intendentes y dirigentes de la capital rinda frutos durante la contienda misma cuando la intrincada red de jefes comunales, legisladores, dirigentes políticos y referentes sociales lleven su boleta a todos los rincones de la provincia. En las últimas horas logró que el sindicalista Jorge Guaymas – a quién venció en las PASO -comprometa esfuerzo para el triunfo de un economista que protagonizo una campaña que independientemente del resultado electoral fue exitosa al menos por dos motivos: Estrada incrementó notablemente su nivel de conocimiento e internalizó en la población una imagen que su equipo de campaña considera clave para su proyección:  joven capaz de ir al encuentro de los actores tradicionales de la política y otros que no lo son; más sólida formación académica y experiencia de gestión que le permiten diagnosticar un problema, identificar soluciones y combinar los movimientos necesarios para cumplir el objetivo.

Zapata, en cambio, debe apostar a lo que la apuesta la oposición en todo el país: que la tendencia de convertir en blanco de la bronca a los que gobiernan se mantenga, tal como lo muestran las elecciones del mundo en donde mayoritariamente los oficialismos pierden. Ello explica que él y los suyos sean los más interesados en nacionalizar la elección del próximo domingo en la provincia. Es el recurso a mano para capitalizar el trabajo de actores ajenos a la política que resultan más efectivos que los candidatos de Juntos por el Cambio para horadar la base de adhesión civil del gobierno nacional:  medios de comunicación, periodistas y comunicadores.

Con semejante escenario no debe sorprender el tenor de la campaña electoral que presenciamos en Salta: falta de osadías públicas, negativa de quienes van a la cabeza a cruzarse en debates, renuncia a la posibilidad de despertar fantasías entre los votantes, apego a eslóganes pegadizos o esfuerzo por mostrarse como los gurúes de la comunicación asegura que deben hacerlo. Sólo los que vienen muy por detrás podían permitirse extravagancias discursivas. A algunos les sobró voluntad pero sencillamente les faltó fuerza para saltar el cerco de los votos propios (Felipe Biella o los candidatos de izquierda), a otros los caracterizó la corrección política (Tane Da Souza) mientras el restante (Guillermo Durand Cornejo) simplemente se dejó ganar por la pereza. Es tanta la misma que se tienen más noticias de punteros barriales que aseguran que algunos funcionarios del gobierno provincial les ordena trabajar para el fundador de CODELCO que encontrar al candidato en actividades buscando votos.