El cálculo no incluye el pago de intereses a otros acreedores externos a los que también recurrió el gobierno en estos tres años.

Ello se explica por el incremento del peso de la deuda externa sobre el PBI gracias al acuerdo del Gobierno con el organismo internacional: desde el 27,9% como ratio deuda/PBI en 2015, al 57,2% en 2018 y el 60,6% en 2019. “La enorme carga de intereses de deuda no sólo implica una sangría de recursos fiscales que afecta a otras partidas como educación, presupuesto, vivienda y obras públicas, sino que también requiere una disponibilidad de divisas que obligará al próximo gobierno a negociar la refinanciación de los créditos con el Fondo”, publicó hoy Página 12 a partir de un informe de la Universidad de Avellaneda (Undav).

El acuerdo con el FMI consiste en un crédito de 57 mil millones de dólares que casi en su totalidad recibirá el gobierno de Macri aunque la mayor parte de la devolución correrá a cuenta de la próxima administración. “A fines de este año habrán ingresado unos 28 mil millones de dólares. El año que viene los desembolsos equivalen a 22,8 mil millones, pero se pagan 1419 millones de dólares de intereses. En cambio, en 2020-2021 ingresan 5900 millones de dólares pero se pagan 7840 millones de dólares. En 2022 y 2023 ya no hay ingreso de plata del FMI pero en cambio la factura se vuelve impactante: en 2022 vencen 22.306 millones de dólares entre capital e intereses y en 2023 suman 23.475 millones” enfatiza el informe universitario que concluye lo siguiente: “Argentina pasa a ser el principal deudor del FMI con el 27,9% de los créditos del Fondo, seguida por Grecia (16,0), Ucrania (14), Egipto (10,8) y Pakistán (8,1)”.

El enorme peso del capital e intereses del acuerdo con el FMI para 2022 y 2023 implica que si el próximo gobierno no quiere defoltear la deuda, deberá sentarse a negociar el refinanciamiento con los directivos del Fondo. En otras palabras, deberá aceptar los condicionamientos de política económica que el organismo repite como mantra alrededor del mundo.