La misa dio inicio a las 10 de la mañana y fue concelebrada por obispos de distintas partes del país, junto al arzobispo de Salta Monseñor Mario Antonio Cargnello.

La homilía estuvo a cargo del presidente de la Conferencia Episcopal y obispo de San Isidro, monseñor Oscar Ojea, quien resaltó la «necesidad de ponernos bajo la mirada maternal de María y su rostro amoroso, en los momentos difíciles por los que atraviesa nuestra Patria».

«Hoy podemos poner bajo la mirada de la Madre del Milagro nuestras sombras, preocupaciones, desaliento, cansancio y angustias y para rogarle que podamos vencer las enemistades entre los argentinos», afirmó.

Durante estos días se recuerda la intercesión milagrosa de la Virgen y la protección del Santo Cristo crucificado durante los temblores que azotaron la región en 1692. Desde entonces, cada año miles de fieles acuden para renovar su pacto de fidelidad y pedir la protección de sus hogares.

Al retirarse del templo, el gobernador Urtubey dialogó con la prensa y manifestó su satisfacción por compartir un año más junto al pueblo los actos religiosos del Milagro. Sostuvo que el Señor y la Virgen del Milagro «son nuestra fortaleza en medio de la adversidad» y consideró que esta festividad para los salteños no sólo tiene que ver con nuestra fe, sino también con nuestra cultura.