El crucifijo | Es mejor estar equivocado con el Indio Godoy que tener la razón con monseñor Cargnello

Asamblea de Parlamentarios de América, Legislatura provincial, octubre del 2016.

El incidente del crucifijo predispuso a los cruzados salteños en contra de Santiago Godoy a quien acusan de gozosos actos de sacrilegio. Los antecedentes previos de retiros momentáneos muestran a Urtubey sin cruz de fondo. (Daniel Avalos)

Son muchas las lecciones que pueden extraerse de la polémica generada por el retiro momentáneo de un crucifijo en la legislatura provincial. Las mismas no siempre son las que los ofendidos católicos creen estar enseñando. En primer lugar porque la ira que generó en ellos un hecho menor, habla bien de quienes echan espuma por la boca y pretenden enjuiciar a Santiago Godoy por supuestas ofensas a dios y a la religiosidad de los salteños. No son fundamentalistas, pero hacen méritos para serlo. Lo podemos confirmar realizando una genealogía de ese concepto que deriva de la historia del protestantismo en EEUU. Ocurrió a comienzos del siglo XX cuando ciertos grupos – sobre todos los bautistas – clamaban por una vuelta a lo “fundamental”. La conducta era hija de una certeza que los atormentaba: las ideas modernas y seculares estaban atravesando la teología y las prácticas cristianas y que según ellos descarriaba al manso rebaño de otros tiempos, tiempos de docilidad que ellos asociaban a una edad dorada a la se debía volver.

Cualquier coincidencia entre aquellas conductas con la que materializan sacerdotes salteños y algunos conversos evangelistas como Alfredo Olmedo es pura realidad. Religiosos salteños atormentados por la secularización de las costumbres que – según ellos – atentan contra la esencia de una salteñidad cuya edad dorada no sabemos cuándo existió, aunque seguramente remite a los tiempos donde los poderes del Estado y la propia Iglesia montaban enormes murallas culturales que garantizaban la estrechez mental de una comarca clásica. Como esos tiempos ya no existen, los cruzados se repliegan y atacan con violencia. Son curas y laicos fanatizados que sienten que la casa propia está amenazada por legiones de irreligiosos condenados al infierno, deslizándolos a cerrar filas con presteza y celo al punto de parecerse a aquellos pelotones de la antigua Roma que al entrar en combate, ordenaban a los soldados de los contornos hacer muros con sus escudos mientras los del centro levantaban los suyos por encima de las cabezas para formar un techo protector que les permitiera avanzar en formación cerrada mientras sus lanzas herían al enemigo.

A ellos se le sumaron los oportunistas que aúnan idealismo declamatorio y oportunismo sin inhibiciones: desde Liliana Mazzone o Andrés Suriani que en lo central odian a personas como Horacio Verbirsky por su pasado setentista y su condición kirchnerista; o figuras relevantes como el intendente Gustavo Sáenz quien evidentemente está más enfocado en usar el incidente para resolver discrepancias políticas con un Santiago Godoy al que hace años jubilan de la política, aunque tal retiro nunca se concreta porque – entre otras cosas – Godoy es de los pocos dirigentes provinciales que ha dado muestras de conocer las lógicas de ese torbellino en el que se ha convertido el poder político provincial. Un Godoy al que en este caso considero hay que defender sin titubeos porque – independientemente de las valoraciones políticas que se pueden tener de él – en el tema del crucifijo ha manifestado algo poderoso para una provincia como la nuestra: “La legislatura es un espacio público y laico”; definición que fue refrendada más de una vez por hechos concretos.

Acá una digresión se impone. Servirá para confirmar un evento que tuvo como invitado a quien escribe. Ocurrió en octubre del año 2016 cuando la legislatura provincial me invitó a ser parte del panel sobre “DDHH y Pueblos Indígenas” en el marco de la Asamblea de Parlamentarios de América. Esa vez me tocó exponer con el filósofo y presidente del Instituto Internacional de Derechos Humanos, Daniel Herrendorf; y el por entonces ministro de Asuntos Indígenas de la provincia, Luis Gómez Almaraz. Mi exposición todavía puede leerse porque fue publicada de manera íntegra en el medio en el que trabajaba entonces (https://www.cuartopodersalta. com.ar/la-lucha-de-los-nadies/). La misma era una larga impugnación a las políticas provinciales en esa materia, algo que Godoy no desconocía aunque ello no fue un impedimento para cursarme la invitación, cosa que agradecí en honor al mérito de respetar la pluralidad de voces. En aquel encuentro que duró tres jornadas, el gobernador Urtubey posó junto a parlamentarios del continente sin el crucifijo de fondo, ausencia que se repitió cuando me tocó exponer, y ausencia que se explicaba en señal de respeto a los disertantes que profesaban otras religiones, a los no creyentes y a los muchos expositores de los pueblos originarios de Latinoamérica. Criterio que evidentemente se repitió con Horacio Verbitsky a quien Godoy está más cerca de considerar “un Jorge Lanata de izquierda” que un héroe del periodismo nacional, aunque como muchos no le resta méritos en esa dimensión social y lo considere de lectura obligada cada domingo; criterio que indudablemente es superior a los dictados por la fe ciega de unos cuantos salteños que por fanatismo u oportunismo reivindican como virtuoso atar el razonamiento, el intelecto y hasta la filosofía a los grilletes del prejuicio personal que ellos disfrazan de teología.

Panel sobre DDHH y Pueblos Indígenas realizado en 2016 en la legislatura en el marco de la Asamblea de Parlamentarios de América.

De allí que convenga también impugnar sin titubeos a estos últimos. Entre otras cosas porque es difícil no admirar la eficiencia con que los cruzados ponen al servicio de lo medieval las herramientas de la revolución comunicacional, cruzados que sienten aversión por la modernidad pero son capaces de recurrir a las ventajas que otorga la misma para fomentar la fe mística que siempre es estática y anquilosada. Seres que también saben elegir el momento adecuado para predicar la intolerancia: las Fiestas del Milagro, la celebración religiosa más importante de la provincia y que para la jerarquía católica forma parte de un calendario que de ser cumplido garantiza salvación eterna; aunque para amplios sectores populares empiezan a significar la posibilidad de contar con protectores cotidianos que le echen un amparo salvador en medio de un desierto económico, social y político que los pulcros y elitistas católicos salteños ayudaron a profundizar empleando a dios para que justifique el desquicio u otorgue resignación cristiana al rebaño.

Vista general de la Asamblea de Parlamentarios de América en octubre del 2016.