Editorial 8M/ Cuando los hechos jaquean la norma

Foto: Lucas Alascio.

El movimiento de mujeres volvió a copar las calles demostrando que ningún derecho llega por gentileza de dirigentes políticos de turno. La gran movilización de ayer impone que éstos piensen bien antes de posicionarse ante el proyecto de ley por el aborto legal que se debatirá en los próximos días. (Franco Hessling)

Foto: Lucas Alascio.

Ella empotra una bandera en la caña, después la flameará en lo alto de una tarde soleada, lejana en el tiempo pero cercana a aquellos otros marzo’s de 1857, 1908 y 1911. La historia oficial y anglocentrista posiciona esos años como jalones del movimiento de mujeres, cita tres huelgas ocurridas en Nueva York, en las fábricas Shirtwaist, Cotton y Triangle Shirtwaist, respectivamente. En las dos últimas, ya en el siglo XX, la “afinidad selectiva” de los sistemas de dominación capitalista y patriarcal es evidente: las mujeres, y algunos varones, hacen huelga por las condiciones laborales paupérrimas del rubro textil, son quemadas vivas por orden de los patrones, adentro de las factorías.

Ayer, en Salta, Argentina, un lugar remoto aún hoy para la mayoría de las y los neoyorkinas/os, las mujeres fueron colmando las calles como en todos el país, como en todo el mundo, manteniendo viva esa tradición de lucha.

Ella pinta una pancarta. Ella escribe un mensaje indicándole a la que llega tarde dónde están. Ella sonríe con la mirada atónita por la cantidad de mujeres que siguen arribando. Ella acelera el paso. Ella canta. Ella le cuelga el pañuelo verde a su hija. Ellas nos enseñan que no hay mejor método que luchar, seguir luchando.

La marcha de ayer tuvo más preparativos, movilización y repercusiones que cualquier otra acción que haya organizado una central sindical en los últimos años. Alguien podrá decir que el paro internacional no fue efectivo, demostrará así, primero, su escepticismo, segundo, su desconocimiento sobre la precariedad laboral, especialmente de las mujeres, y tercero, su carencia de análisis político al respecto del rol que juegan los sindicatos cuando deciden ser elementos de contención antes que de impulso. La jornada de ayer será histórica si este año se aprueba el aborto legal, libre y gratuito en Argentina. Si no, lo de ayer será histórico hasta dentro de un año, cuando el movimiento de mujeres demuestre otra vez que no va a dejar de pelear por sus derechos, creciendo y fortaleciéndose año tras año, día a día.

Se enfrentan [nos enfrentamos] a un enemigo tan grande como complejo, con aristas invisibles y otras estridentes. Sin ir más lejos, ayer, mientras miles de mujeres bramaban contra el patriarcado, la violencia machista otra vez se robaba una de sus voces. El cuerpo de una mujer de entre 45 y 50 años, según los primeros datos de la fiscalía a cargo, fue hallado en el barrio Juan Manuel de Rosas de la capital salteña, en cercanías del río Mojotoro, prácticamente en simultáneo al momento de la marcha. Al enterarse, las polifónicas columnas corearon al unísono: “Ni una menos, vivas nos queremos”. Y no hubo a quien no se le atorase un nudo en la garganta.

La estrechez del discurso legal obligó a la fiscalía que investiga el hecho a informar que “de un examen preliminar, no se evidencian lesiones que hagan presumir algún delito”. Ser patriarcal no es “delito”, sufrir el patriarcado no te vuelve, necesariamente, víctima de “delitos”. Esos son los momentos en los que el patriarcado se torna invisible, inherente, omnipotente, naturalizado. Como el capitalismo, como el extractivismo, como cualquier régimen de dominación por opresión de la mayoría. En el patriarcado, dominan “los” minoría sobre “las” mayoría; en el capitalismo, los dueños del excedente por encima de los millones que lo producen; en el extractivismo, los hacendados sobre los desposeídos.

Las mujeres avanzan para pelear por sus vidas. En la conjugación de esos sistemas de dominación, son las más oprimidas, sufren el “techo de cristal”, la estereotipación estética, la asignación de la economía familiar y las tareas de cuidado, la violencia psicológica, monetaria y física, entre otras cosas. La situación es todavía más apremiante si se tienen en cuenta factores étnicos, procedencias sociales y condicionantes económicas. La vida es un calvario, prácticamente en cualquier lugar del mundo, para cualquier mujer negra, de origen nativo y clase social superexplotada.

Ayer estuvieron en la calle mujeres autoconvocadas y agrupaciones, fuerzas, corrientes y organizaciones de distinta extracción aunque con un horizonte común, plantarle bandera al patriarcado. Las ocho cuadras repletas de manifestantes, supusieron al menos 6 mil personas, pese a las tres mil quinientas que calculó la Policía.

La demanda por el aborto legal, seguro y gratuito, que se debatirá en el Congreso de la Nación tras ser presentado como proyecto por séptima vez, lejos está de ser meramente una manganeta de Cambiemos o una operación mediática de Clarín, es la presión creciente que ejercen las miles y miles de mujeres organizadas. Son los hechos imponiéndosele a la norma.