Día del inmigrante | Salteños viviendo en Nueva York: I love my sanctuary city

Argentinos en Nueva York.

En la tierra de un Donald Trump que deporta y prohíbe la entrada a refugiados, dos salteñas, una porteña y un sanjuanino relataron a CUARTO cómo se las arreglan para no estar tan lejos del mate, el fútbol y las empanadas. (Andrea Verdún)

Cuando alguien decide buscar un nuevo horizonte lejos de su país, los curiosos se preguntan: ¿qué hizo? ¿porqué se fue? ¿se ganó una beca? ¿vuelve? ¿se queda? o ¿de qué trabaja? CUARTO habló con Zhelma, Cecilia, Paula y Rubén. Todos tienen en común ser argentinos y haber elegido trascender las fronteras para atrapar sueños en Nueva York: la segunda ciudad con mayor población latina después de Los Ángeles según un informe de la BBC.

Los inmigrantes latinos siguen cruzando el desierto en busca del sueño americano; no es el caso de los argentinos, que generalmente tienen la fortuna de llegar a Estados Unidos por el aeropuerto; el país promete puestos de trabajo, calidad de vida y mil trucos para acceder a la ciudadanía.

Salvo Zhelma, los tres argentinos son exiliados económicos: su migración a Nueva York fue producto de las devaluaciones y crisis argentinas de fines de los 90 y principios del 2000. Los negocios de Rubén no prosperaban; la fábrica de Kolinos donde trabajaba Paula cerró y la familia de Cecilia estaba llena de deudas y sin empleo.

El primer contacto de los argentinos en terreno americano lo describen como un shock, principalmente por lo distantes que son los gringos: cada uno vive ensimismado en sus asuntos, en su rutina, se saludan con la mano y cuando hay un poco más de confianza, puede haber una palmadita en la espalda. Sin embargo, destacan la cordialidad: Paula dice que para ellos «todo es so cute (muy lindo)», no les avergüenza disculparse constantemente y agradecen con efusividad.

Zhelma (27) llegó a Estados Unidos a los 18 años con un programa de Au Pair (cuidado de niños); terminó el programa y estudió inglés, producción de eventos y moda. Hoy trabaja de productora en el Fashion Week (la semana de la moda), pero en el camino hizo trabajos de niñera, en bienes inmobiliarios y en productoras de música.

Zhelma posa con amigos en Nueva York.

Paula pensaba quedarse tres meses aunque hace 20 años que vive en Nueva York. Cuando llegó no hablaba una palabra en inglés, entonces buscó trabajo en la zona de los hispanos. Accedió a los típicos primeros empleos de los inmigrantes: mesera en un restaurante (uruguayo) y luego de bartender.

Cecilia llegó en 2001, con la idea de juntar plata para pagar deudas y volver pero pasaron 16 años sin que regresara a la Argentina. Su marido trabajaba y ella esperaba que su hija entrara a la escuela para poder conseguir un empleo; cuando su hija comenzó las clases se quedó embarazada y entonces durante cuatro años más, se dedicó exclusivamente a los cuidados de sus hijos mientras paralelamente iba aprendiendo inglés. Apenas pudo, se postuló a un empleo en un Day Care (guardería infantil) y comenzó a trabajar.

Hace 33 años que Rubén González vive en Estados Unidos. Es el editor de Pasión Argentina, una revista que concentra las actividades de la comunidad tanto en Nueva York como en New Jersey, donde hablan desde la clasificación de Argentina al mundial, hasta casamientos, nacimientos, cumpleaños; hay fotos del desfile de la hispanidad y publicidades de carnicerías, panaderías, restaurantes de choripanes y empanadas.

Rubén.

Los cuatro coinciden en las amplias posibilidades laborales que ofrece la ciudad que nunca duerme y en cómo esas posibilidades van en aumento cuando tenés los papeles al día, contactos adecuados, capacitación o sabés varios idiomas. Relatan que la división sexual del trabajo no es tan marcada: hay mujeres en construcción y en demoliciones, y hay hombres cuidando niños o limpiando casas. «En todos lados hay un latino trabajando, porque el trabajo que hace el latino no lo hace otro», resalta Zhelma.

Rubén encontró su primer trabajo en Nueva York manejando taxis y hace hincapié en que en Estados Unidos se trabaja duro, de 8 a 10 horas, de lunes a sábado. El domingo es opcional y muchas veces se suma un trabajo aparte de cuatro horas. «Para nosotros es importante generar un respaldo económico porque no sabemos cuándo nos podemos quedar sin empleo y estamos solos. No tenemos un familiar que nos ayude, nuestros amigos están en la misma, no podemos acceder a créditos; entonces se trabaja y se ahorra.»

A medida que pasan los años, las culturas comienzan a mezclarse y, por más pequeñas resistencias que pongan intentando mantener costumbres empiezan a vivir una vida tan rutinaria y apresurada como la de los neoyorkinos: «Acá todo está muy programado, si te querés ver con alguien, te mandas un email y acordás juntarte con anticipación. Es muy difícil que alguien caiga de sorpresa a tu casa o que esté cerca y mande un mensaje para pasar a verte», explica Zhelma.

Las costumbres se mezclan a la inversa también. Paula cuenta que su hija (5) nació en los Estados Unidos pero ama el malambo, la música y la comida argentina, viven a una cuadra del Bakery Argentino (una pastelería), su hija baila en los eventos de la comunidad y eso acercó a Paula a sus compatriotas con quienes se juntan para tomar mate, comer asado y pizzas. Los amigos se convierten en familia para los inmigrantes: se reúnen y pasan fiestas, pascuas, festejan cumpleaños, miran partidos de fútbol, celebran el 9 de Julio y el 25 de Mayo.

Delegación argentina en Nueva York.

¿Qué extrañan los argentinos en EEUU?

Rubén describe esa sensación constante en el pecho de la que no se puede despegar ni él ni muchos otros inmigrantes como la de «estar en Estados Unidos y extrañar Argentina y estar en Argentina echando de menos los Estados Unidos»; las mujeres son más específicas y detallan que extrañan las milanesas, los cerros, el amor de familia, las reuniones con mucha gente hablando al mismo tiempo, las empanadas, el helado, el barrio, la avenida Santa Fe y Corrientes, la calidez humana.

Al mismo tiempo, aseguran que no cambian por nada la libertad con la que se vive en Nueva York, que nadie se mete ni opina de la vida de nadie, cada uno es quien siempre soñó ser, dice Zhelma; Rubén y Cecilia, por su parte, hablan de la velocidad de los servicios, la posibilidad de enviar un cheque por correo y que nadie lo robe; mientras Paula aprecia la tranquilidad en cuanto al bajo índice de delincuencia.

I love my sanctuary city

Nueva York es elegida por millones de inmigrantes porque no es solo una ciudad santuario, sino una ciudad santuario modelo; esto quiere decir que valora, defiende e incluye a los inmigrantes mediante políticas públicas concretas que distan de las violentas deportaciones que alienta Donald Trump, y que son parte de las políticas de inmigración que impulsa el gobierno federal.

Por ejemplo, está prohibido que los empleadores reporten la situación migratoria de sus empleados inmigrantes; los residentes pueden tener acceso a abogados con experiencia en deportación; los inmigrantes indocumentados pueden abrir cuentas en bancos y contar con algunos servicios sociales, puesto que estas políticas y programas que ayudan a los inmigrantes a no estar sometidos a la clandestinidad promueven una ciudad más próspera y segura. De acuerdo a un informe del DiariodeNY.com, la economía de la ciudad se encuentra en auge, tienen un récord de turistas que visitan la ciudad desde todas partes del mundo y tiene la tasa de criminalidad más baja de la historia.

Equipo de fútbol en Flushing Park.