La vivienda donde fue cometido el crimen. (Foto: El Tribuno)

La imputación obedece a la falta de cumplimiento de la orden judicial en la que fue designado custodio. El uniformado se hallaba en el domicilio cuando su colega femicida perpetró el crimen.

El 24 de diciembre la trágica noticia enlutó la noche buena. Nuevamente una mujer moría a manos de quien hubiera sido su pareja. Además se constató la ineptitud de la policía salteña a la hora de brindar resguardo a las víctimas de violencia.

Liliana del Valle Flores (25) había denunciado esa madrugada a su agresor, Edgar Exequiel Almirón (31), miembro de la Policía de Salta que prestaba servicios en la Comisaría de Los Álamos (Cerrillos) y con quien tenía tres hijos, además de una relación ya terminada hacía meses. La denuncia se radicó alrededor de las 3 am, luego de vivir una situación violenta y con amenazas de por medio. Le dieron un custodio que debía resguardarla en caso de que Almirón regresara.

Según detallan los medios locales que cubren el caso, este custodio se hallaba en la puerta de la casa de la víctima, y no notó que el agresor había ingresado a la vivienda de manera subrepticia. Sólo se dio cuenta de lo que pasaba tras escuchar las detonaciones del arma reglamentaria perteneciente a Almirón, y por ende a la Policía de Salta. El femicida, tras cometer el hecho, decidió suicidarse de un tiro en la cabeza. Todo esto sucedió horas más tarde de que se realizara la denuncia por violencia en la Fiscalía Penal de Cerrillos.

Las falencias a la hora de brindar seguridad hicieron que desde la Unidad de Graves Atentados contra las Personas, el fiscal penal 4 Gustavo Torres Rubelt, pidiera la detención del policía custodio para posteriormente imputarlo por incumplir con la orden que se le había dado: resguardar la integridad de Liliana del Valle Flores.