Los casos crecen, pero todavía no superaron el brote del año 2016. En Salta persisten con que difieren las cifras que informa el gobierno y la que difunden los municipios, aunque lo recursos para combatir la enfermedad son magros.

Con la muerte por dengue hemorrágico del ex intendente de Aguaray, Alfredo Darouiche, los fallecidos en el país por esa enfermedad llegan a once y los casos confirmados no dejan de crecer. Según el director de Control de Enfermedades Transmitidas por Vectores de la Nación, Adrián Galo, desde julio de 2019 hasta ahora se notificaron 43.497 casos de personas infectadas por el virus transmitido por el mosquito Aedes aegypti.

De acuerdo a los datos que figuran en el último boletín epidemiológico del Ministerio, “el promedio de casos notificados en las últimas tres semanas fue de 4707 casos sospechosos semanales” –si se compara el período comprendido entre las semanas epidemiológicas de la 12 a la 14 de 2019 y 2020– y esto representa “casi 10 veces el promedio de las mismas tres semanas de la temporada 2018/2019”. A pesar de este incremento, Galo sostuvo que el número de casos todavía no superó el del último brote de dengue, que se produjo en 2016 cuando se notificaron más de 76 mil casos.

Salta es una de las provincias más afectadas y dentro del territorio provincial resaltan Tartagal, Aguaray y Salvador Mazza (en el departamento San Martín); Orán; y Las Lajitas y Quebrachal (en Anta). La polémica, sin embargo, se desata al poner cifras a la epidemia. Y es que los números difundidos por el gobierno a través de la Dirección de Epidemiología de la provincia siempre fueron muy inferiores a los que señalaban los intendentes y los médicos de esos municipios.

La muerte ocurrida ayer del ex intendente de Aguaray, Alfredo Darouiche, a causa de esa enfermedad volvió a poner en el centro de la cuestión la polémica en torno a lo que informa el gobierno y los números reales. De lo que no caben dudas, en cambio, es que el sistema sanitario provincial no puede dar batalla contra dos epidemias – coronavirus y dengue – y que la primera concentro recursos y energías a la segunda aun cuando en determinados municipios parecen requerir lo contrario.

“En el norte no se puede armar ni siquiera una Sala de Situación de lucha contra el dengue”, respondió un experto consultado por CUARTO. Hacía referencia al lugar físico que concentra información y reúne a un equipo sanitario de emergencia que debe diseñar la estrategia cotidiana para contener el brote epidemiológico. Lo último posee una dimensión sanitaria y otra territorial: la primera debe identificar casos febriles, establecer los nexos entre las personas infectadas para aislar el área de actuación de los vectores aprovechando que la capacidad de vuelo de los mosquitos es de 120 metros en dos días de vida, y clasificar los estados febriles para montar un seguimiento a los sectores más vulnerables ante la enfermedad: embarazadas, personas mayores de 65 años, diabéticos, pacientes de enfermedades crónicas y personas inmunodeprimidas.