Historias que no te contaron | Cuando Fito Páez despertó en un cabaret salteño

Foto: Revista Rolling Stone

Fue a fines de la década del 80. El músico sólo recuerda que fue en medio de la época más triste de su vida, pero no cómo llegó a ese lugar. La experiencia después se volcó en una de sus canciones.

Como escribió Fabián Casas, uno puede estar seguro de los lugares donde le sucedieron las cosas, pero nunca de manera exacta del tiempo en el que ocurrieron. Porque, como explica el escritor, las cosas suceden en el espacio y eso es lo único de lo que estamos seguros: “El tiempo, en cambio, es una fábula que se cuentan los hombres”.

Fito Páez no se acuerda qué día despertó en un cabaret de nuestra provincia, sólo recuerda que fue en medio de la época más triste de su vida. Todavía siente la angustia que lo llevó hasta allí pero no cómo terminó en ese lugar.

Abrió los ojos, estaba solo en una habitación pequeña y precaria, de piso de tierra. Se escapó por una ventana y se dio cuenta de que estaba en medio de la ruta. Tuvo que hacer dedo para volver a nuestra ciudad.

Si le preguntan, sólo dirá que fue en la época posterior a los asesinatos de su abuela y su tía abuela. Es decir, entre 1987 y 1988, la etapa de los discos Ciudad de pobres corazones y Ey!, trabajos llenos de oscuridad que reflejaban el estado de ánimo del músico rosarino.

Su entorno reconoce que eran días en los que no podían dejarlo solo. Fito estaba tan mal que se perdía en el alcohol. Cualquier cosa servía como excusa para escapar.

Más de una década después, en el año 2000, Fito intentó reconstruir ese momento. Lo hizo en la canción “The shining of the sun”, publicada en el disco Rey Sol. Allí, en una balada jazzera al piano, con la melancolía etílica de Tom Waits, Fito cantó: “Tomé, tomé, tomé / Tomé, hasta morirme tomé / Tomé, tomé, tomé / Estaba tan triste joder / No sé, si vi un delfín / No sé, si vi un jaguar / La virgen del Luján / O eran las luces del bar // Después me desperté / En Salta, en ese cabaret / No había nadie allí / Por Dios cómo llegué hasta allí”

Pobres corazones

El viernes 7 de noviembre de 1986, en la casa ubicada en la calle Balcarce 681 de la ciudad de Rosario, los hermanos Walter y Carlos De Giusti asesinaron a Delia Zulema Ramírez de Páez, Josefa Páez y a Fermina Godoy. Abuela y tía abuela de Fito y la joven que trabajaba como empleada doméstica en el domicilio, embarazada de siete meses.

A partir de los crímenes, la vida de Fito cambió: se volvió más cínico, se vistió de negro y se envolvió en una tristeza absoluta de alcohol, calmantes y encierro. Los discos que editó aquellos años reflejaban esos sentimientos: “No se pasa el tiempo al menos para mí/ Ya tome pastillas / Y sigo sin dormir / Miro a los costados y nada que amarrar / Ya no existen lazos / Alguien hizo track, track, track”, cantó.

En 1988 editó Ey! el disco posterior a Ciudad de pobres corazones. Si bien fue un trabajo realizado de apuro, para sacarse de encima la angustia del álbum anterior, sus canciones todavía cargaban con la pesada mochila de los crímenes: “No más, por hoy, de verdad”, pedía. La angustia iba a durar algunos años más.