Cuando desconfiar siempre paga | Accidente de bungee en el Cabra Corral: Salta y la improvisación permanente

La vida en la provincia avanza de accidente en accidente. Tras el caso del turista al que se le cortó la cuerda del salto bungee, recién ahora el Concejo Deliberante de Moldes revisará las ordenanzas que regulan la actividad. (Sandra Carral Garcín)

Así por ejemplo nos hemos sorprendido con el caso* del turista porteño internado luego de su experiencia de salto de bungee jumping. Su descripción de los hechos da una idea de cómo son las cosas por aquí (sí, generalizamos, porque cuando suceden estos hechos, lo primero que salta a la vista es la improvisación).

Es claro que cualquier interesado en acceder a una atracción publicitada, “permitida”, instalada, cree que la misma lo está porque se han cubierto los resguardos correspondientes, lo cual incluye las habilitaciones, autorizaciones, permisos, controles y monitoreos del caso, ejecutados por la autoridad pertinente en la materia, en general comenzando por organismos municipales del lugar.

Qué grande es entonces la sorpresa al enterarnos que el Concejo Deliberante de Coronel Moldes recién va a revisar las ordenanzas en relación con este tipo de actividades, que se desarrollan en el Dique Cabra Corral, para saber si están reguladas o habilitadas. Cabe acotar también que si bien el Ministro de Turismo de la Provincia de Salta ya ha manifestado que se trata de una actividad conforme, por los dichos del turista accidentado no lo parece.

El relato del turista difiere mucho con la publicidad que realiza la empresa en su website. El turista eligió no mojarse (hay 2 modalidades para saltar, seca y húmeda), pero terminó empapado. Chocó contra la superficie de agua, tuvo que moverse por sus propios medios para subirse a la lancha que se moviliza para recuperar a quienes saltan. El accidentado se bajó a un muelle y luego subió escaleras, después de haber caído 40 metros y haberse estrellado contra el agua porque supuestamente hubo un error humano por el cual la soga que debió sostenerlo, falló.

El accidentado fue ayudado por la policía, afortunadamente, y se dirigió a un centro de salud en Coronel Moldes, y gracias a un amigo presente que logró contactar a un representante de la empresa propietaria de los juegos, pudo acceder a la internación en una clínica de Salta Capital, a cargo de la empresa.

La propia víctima, con politraumatismo y en estrés postraumático, relata que la empresa no tenía personal médico capacitado en el lugar del accidente para manejar la emergencia. Y se queja de que ningún funcionario provincial, municipal ni de turismo lo haya contactado.

Este resumen de los hechos nos recuerda varios otros casos ocurridos en el pasado en otras actividades turísticas, que no coinciden con la maravillosa publicidad del turismo en la provincia.

Por ello debiera ser importante, antes de considerar ampliaciones o nuevas actividades en estructuras ya instaladas, la revisión de los controles y monitoreos realizados en la historia de la existencia de quienes explotan este tipo de servicios, digamos, el desempeño.

En Salta Capital, por ejemplo, resulta muy difícil acceder a esta información (estudio de seguridad, habilitaciones, controles y monitoreo, por ejemplo, de residuos peligrosos, etc.) cuando se solicita. Por un lado, pareciera que tal información en actividades turísticas muy conocidas jamás ha sido producida o que no está en stock, razón por la cual, en los mejores casos, se realizará una inspección y a partir de allí se producirá un informe y luego se responderá a la solicitud de información pública.

Por otra parte, llama la atención también el contraste entre la precariedad (física o de papeles) que hay en ciertas instalaciones actualmente funcionando, con la sofisticación de los proyectos de ampliación que presentan los proponentes, y cómo se van aprobando en distintas instancias esas ampliaciones sin que se objete que normalmente si se quiere confiar en nuevas proposiciones, primero habría que ver de dónde vienen, y cuáles son los cumplimientos e incumplimientos reales en las instalaciones que ya están funcionando, lo cual sería más lógico que aprobar lo nuevo sin estas verificaciones.

Así, revisando a partir de una fugaz inspección las actividades llevadas a cabo en el Complejo Teleférico SALTA, en la Reserva Natural Cerro San Bernardo, ha sido posible constatar situaciones que no corresponden con el uso permitido o conforme (el uso permitido, según el Código de Planeamiento Urbano Ambiental de Salta capital, es el que “estando admitido en el distrito, cumple con la totalidad de los recaudos exigidos en la presente norma y con los requisitos que exigen las normas particulares que rijan la actividad que se pretenda localizar, sean de competencia nacional, provincial y/o municipal”).

Por ejemplo, en cuanto a la cuestión seguridad, ha sorprendido la integración de 2 chapas superpuestas, supuestamente aseguradas, sobre una estructura de manera tal que el agua que suele caer cuando llueve por defectos en el techo (varias roturas son visibles en toda su extensión), no incida sobre un motor que se encuentra sobre el suelo. Este arreglo precario, por otra parte, contrasta con la sofisticación de las instalaciones que se promueven en el proyecto de ampliación del teleférico al cerro Ala Delta.

En cuanto a la cuestión ambiental, se ha observado una importante falla en la planta de tratamiento de efluentes cloacales. Se trata de una rajadura en el total de la altura de una estructura cerrada, de cemento, con mayor abertura en la parte inferior de la falla (50% de la altura total), la cual permite que un líquido con olor a orina humana escape constituyendo un vertido que primeramente impacta en el espacio inferior aledaño para seguir corriendo incluso hacia abajo.

A esto podemos agregar la presencia de tanques de plástico negro que van siendo englutidos por árboles a su alrededor, de tal manera que sus tapas comienzan a levantarse (no se sabe si éstos son biodigestores que se encuentran en servicio o no), caños de PVC en desuso tirados, caños de goma negros dispuestos de manera espontánea sobre el suelo (como mangueras), etc.

El paseante, turista o salteño, que llegue a admirar la naturaleza en este contexto y a respirar el aire puro de la reserva natural, se encontrará con este espectáculo desagradable, inconsistente con las certificaciones ISO 14.001:2005 (certificación para Sistema de Gestión Ambiental) y EcoSello (Gestión Salteña Ecoeficiente) que la sociedad de Estado provincial, propietaria del complejo, ostenta en su website.

Es por esta razón que hay que ser extremadamente cuidadoso con proyectos futuros en zonas naturales y protegidas, sobre todo tratándose de ampliaciones de estructuras cuyo actual funcionamiento revela no sólo fallas en cuanto a la seguridad o al ambiente, sino también una evidente falta de monitoreo y control de las áreas gubernamentales competentes en la materia. Para los ejemplos citados, queda preguntarse si sería adecuada la clausura preventiva hasta que medidas correctivas sean tomadas al respecto.

Referencias:

* Habló el turista que se salvó de milagro en el dique: “No tenían personal capacitado”

https://www.eltribuno.com/salta/nota/2022-5-8-18-45-0-audio-hablo-el-turista-que-se-salvo-de-milagro-en-el-dique-no-tenian-medico-ni-enfermero-ni-personal-capacitado