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Balance 2019 | Sáenz: el hombre que para ser gobernador siempre debió crecer electoralmente

Tras la bofetada del año 2013 cuando perdió la senaduría con el PO, Sáenz protagonizó una remontada política que lo depositó en la gobernación. La voluntad de ganar siempre fue superior al temor de perder.

Ya nada queda de aquella derrota electoral que el actual gobernador sufrió con la candidata del Partido Obrero que le arrebató la banca que, por entonces, Sáenz buscaba retener. Muchos pronosticaron que era el inicio de un ostracismo político que alejaría definitivamente del Poder para quien debía dejar su banca un 10 de diciembre del 2013. Exactamente seis años después, Gustavo Sáenz asumía como gobernador de la provincia y literalmente protagonizaba su momento de gloria; ese instante donde miles de salteños lo consideraron eso que él siempre pensó de sí mismo: un hombre que podía hacer historia accediendo al exclusivo panteón de los gobernadores elegidos por el voto popular.

Una particularidad atravesó la carrera política del nuevo gobernador desde entonces: siempre compitió en elecciones donde el único resultado electoral que le servía era el triunfo. Lo había hecho en la lucha por la senaduría en el 2009 y también en el 2013 cuando perdiendo parecía perderlo todo; pero también lo hizo cuando volvió al ruedo en el 2015 y debió someterse a una feroz interna con Guillermo Durand Cornejo, por entonces el mimado de un romerismo potente.

Obligado a competir por el todo o la nada, Sáenz debió acostumbrarse a superar las tensiones que generan las disputas a todo o nada. Esas en donde lo opuesto al triunfo es el ostracismo. Puede que semejante condicionamiento, convenciera al nuevo gobernador de que el reconocimiento de los otros sólo es posible con el despliegue de una poderosa voluntad de imponerse electoralmente a quien se le pusiera en el frente. El gobernador, en definitiva, logró su objetivo porque fue dueño del deseo más fuerte, uno que siempre se impuso al lógico temor de morir políticamente en la contienda.

Esa experiencia explica tal vez uno de los pasajes del discurso que emitió el 10 de diciembre del 2019 cuando asumió la gobernación en la legislatura provincial: “he llegado aquí solo”, recordó a los presentes. Lo dicho estuvo lejos de negar reconocimiento a un grupo de colaboradores permanentes, pero sí parecía resaltar que en cada inicio de contienda electoral del que fue parte careció del respaldo de las cúpulas provinciales que – al menos desde 1995 – contó con la fuerza suficiente para otorgarle direccionalidad al todo provincial.

Habrá que admitir que no le falta razón. De allí que sus triunfos adquieren una dimensión mayor. Un repaso de los números que Sáenz cosechó en las últimas elecciones lo confirman. La del pasado 10 de noviembre fue contundente: sus 376.285 votos representaron casi el 54% en la provincia, 27 puntos por encima de su inmediato competidor: Sergio Leavy quien llegó al 26% del electorado producto de las 182.172 voluntades cosechadas. Más atrás se ubicó Olmedo con el 15,39% y muchísimo más atrás Pablo López, de la izquierda, y Elia Fernández, del Frente Grande.

Los impresionantes números de Gustavo Sáenz estuvieron lejos de explicarse exclusivamente por el armado provincial y la prolija campaña electoral ejecutada entre junio y noviembre del 2019. Esas variables explican mucho, pero no todo. Gustavo Sáenz es un dirigente que desde el año 2015 – cuando ganó la intendencia – no deja de superar sus propias marcas. En mayo del 2015 cosechó 116.000 votos en Capital, 3.000 más de los logrados por Urtubey en el mismo distrito en la elección donde el ahora ex gobernador se impuso cómodamente a Juan Carlos Romero. Meses después – como candidato a vicepresidente de Sergio Massa – los números se incrementaron. Resulta difícil precisar cuántos votos eran de Massa y cuántos iban de Sáenz al primero; pero lo cierto es que la fórmula cosechó 130.531 voluntades capitalinas (41,29%) sobre un total de 236.130 (34%) cosechados en toda la provincia. Los números se incrementaron aún más en las PASO provinciales del 6 de octubre: la candidatura a gobernador del que era intendente de la ciudad se alzó con 291.774 (42,83%) votos provinciales y un impresionante 53,47% en la Capital que eran producto de los 157.463 sufragios. El 10 de noviembre los números volvieron a incrementarse: la cosecha provincial – como dijimos – ascendió a 376.285 votos (54%) y de ese total 188.965 (62,54%) provinieron de la ciudad capital.

Insistamos: el armado político y la prolija campaña electoral explicaron esos números; también incidió la deslucida campaña de Sergio Leavy; y no resulta menos cierto que el ciudadano capitalino valoró positivamente su gestión en la ciudad. No obstante, hay un plus que corresponde al propio Sáenz y es intransferible a quienes trabajaron con él y para él. Hablamos de su carisma, de esa condición que en más de una oportunidad lo mostró como dueño de fortalezas fuera de lo común que le permitieron sobrellevar situaciones traumáticas. Sáenz, en definitiva, tiene ese “no sé qué” del que son dueños aquellos cuyo deseo de ganar es mucho más fuerte que el temor a perder.

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