Análisis | La intervención judicial al PJ es insólita pero vale preguntarse si esa fuerza es el principal partido opositor

Intervenir al justicialismo por perder elecciones es tan absurdo como hacer descender a los clubes de fútbol por no ganar campeonatos. Lo desopilante, sin embargo, no inhabilita la pregunta sobre qué es hoy el Partido Justicialista.  (Daniel Escotorín*)

La desmedida y desopilante (por sus fundamentos) aunque preocupante decisión de la jueza María Romilda Servini de Cubría de intervenir el Partido Justicialista desató una catarata de indignación y rechazo ya que presupone una injerencia y un favor político al gobierno nacional. Este ya dio sobradas muestras de su escaso apego a lo que en el mundo del cliché político se llama genéricamente “republicanismo”. Se trataría de una especie de dogma inmutable e irrebatible sobre la ética política y el respeto a normas constitucionales, por caso la división de poderes (base histórica de la república), las libertades civiles, etc.

No hay duda de que se trata de una medida judicial tan controvertida como arbitraria ya que en sus fundamentos se da por sentada las razones que invocaron los solicitantes: un mínimo sector interno que busca reposicionarse con más poder dentro del PJ a la vez que ya juega en un plano de extrema cercanía con el gobierno nacional. Intervenir un partido porque perdió tres elecciones consecutivas es tan absurdo como grotesco ya que siguiendo esta línea de la adjetivación, podríamos imaginar no solo a todos los partidos políticos intervenidos (excepto, claro, el ganador de una elección) sino también se podría extender a clubes de futbol que no ganan campeonatos, no logran ascender o en el peor de los casos descienden de categoría; es que la jurisprudencia da para todo, vio…

En las especulaciones políticas mucho se hizo hincapié en el beneficio que lleva esta medida para el gobierno de Mauricio Macri en su afán disciplinador del conjunto social y de “cooptación” política de las fuerzas adversarias; veamos. La decisión de la jueza de intervenir el PJ fue acompañada de otra medida igual de controvertida, poner como interventor a Luis Barrionuevo. Dirigente de un peso específico propio acumulado sobre la base de operaciones políticas turbias, manejos irregulares sino mafiosos del sindicato de Gastronómicos, relaciones con diversos factores de poder político y económico que lograron su supervivencia a lo largo de décadas. Barrionuevo fue (es) uno de los soportes del gobierno de CAMBIEMOS, su sector sindical en la CGT bloqueó una y otra vez cualquier intento de profundizar planes de lucha y paros nacionales. Su sector no posee línea política alguna, tan solo negocios y acuerdo de intereses de sector o particulares. Pero por detrás (re)aparece Eduardo Duhalde, conspicuo operador y conspirador que muchos creíamos jubilado, pero “animal político” renace otra vez de la mano de esta crisis ¿Cuál crisis?

El último triunfo electoral se remonta a las elecciones presidenciales de 2011, luego vendrían las derrotas de las legislativas de 2013, las generales de 2015 y la reciente de 2017. En esta etapa lo que se destaca es la persistencia de las rupturas y atomización de las diversas tendencias que antes conformaban el universo pejotista. Así el núcleo central de esa fuerza, el kirchnerismo, compite en el 2017 por fuera del aparato y saca más votos; el PJ logra apenas un 14% (5% en provincia de Buenos Aires, contra el 11% del massismo y el 37% del kirchnerismo), en definitiva y de acuerdo a la composición actual de la representación legislativa cabe preguntarse si no es ya una exageración el calificativo de “principal” partido de oposición. El principal bloque legislativo en la Cámara de Diputados es el Frente para la Victoria (FPV) que aglutina al cristinismo (66 diputados) y luego un exiguo bloque justicialista comandado por Pablo Kosiner que suma 34 diputados que expresan un acuerdo entre diversas fracciones del PJ. Mientras que el bloque que responde a Sergio Massa aglutina 20 diputados nacionales. No debemos olvidar que en el Frente Renovador milita Graciela Camaño, esposa de Luis Barrionuevo.

Los afiliados y dirigentes del PJ circulan entre los tres espacios con distintos perfiles y expectativas. El FPV responde a Cristina Fernández quien nunca tuvo simpatía alguna por el PJ y lo ninguneo al año pasado conformando Unidad Ciudadana, aunque sus principales referentes juegan un rol ambivalente en las relaciones partidarias. El FR de Sergio Massa navegó en un borrascoso mar de ambigüedad política donde quedó demasiado cerca del gobierno y en otras ocasiones jugó un rol opositor con tufillo oportunista; el electorado pasó factura por ese andar sinuoso.

¿Opositor?

Calificar al PJ de opositor requiere por un lado clarificar que se entiende por tal y por otro, recurrir a un difícil juego de imaginación. Efectivamente, si por opositor se entiende a cualquier partido que no forme parte del conjunto de fuerzas que gobiernan y administran el Estado nacional se puede afirmar entonces que sí, el PJ es oposición; más si se analiza el andar político en relación a los proyectos y el modelo de CAMBIEMOS: el bloque del PJ en Diputados como el bloque dialoguista de Senadores que encabeza Pichetto, los gobernadores de provincia con su adalid Juan Manuel Urtubey y las representaciones sindicales cuya cabeza visible se expresa en el triunvirato de la CGT en el sector que lidera justamente Luis Barrionuevo. No solo prestó quorum a sesiones con proyectos urticantes sino también votos (fondos buitres, presupuesto 2018, canje de deuda, etc.)

Volvamos al estado de descalabro del otrora invencible aparato pejotista. La crisis no es nueva, se remonta por lo menos al 2003 cuando el entonces presidente provisional Eduardo Duhalde habiendo convocado a elecciones generales anuló cualquier interna (no existían las PASO) y permitió la presentación de candidatos sin el uso de la simbología del PJ y allí surgió el Frente para la Victoria de Néstor Kirchner. Luego se normalizó el partido alineándose con el ganador; así fue hasta el 2011 última victoria del frente con Cristina Fernández como presidente, derrotada en el 2013 y 2015 el PJ entró en un proceso de centrifugación sistemática hasta hoy. El primer gran sector en sacar los pies del plato fue el que comanda Sergio Massa, que con una línea entre moderada y conservadora rompe con el kirchnerismo por derecha, pero con la derrota del 2015 el PJ inicia un proceso de “deskirchnerización”, Urtubey, Bossio, Pichetto, los Rodríguez Saa, Randazzo entre tantos se posicionan en una postura crítica de ruptura con el mundo K y la mayoría se aproxima al gobierno de Macri en la búsqueda de presuntos acuerdos de gobernabilidad, pero el carácter monocrático del PRO rompió esos posible puentes.

Partido

El Partido Justicialista está partido, y en el juego de palabras cabe la nueva realidad del otrora movimiento popular. El proceso de ruptura arranca en los efectos de la defección menemista y su conversión al neoliberalismo y tras la crisis del 2001 el kirchnerismo aparece como una opción de retorno a las fuentes originales en especial en su faz redistributiva. El progresismo pos neoliberal no alcanzó a reformar y refundar a un partido que desechó su esencia movimientista para adoptar el nuevo ropaje liberal a la vez que el estrato medio dirigencial responde a orígenes sociales lejos del mundo popular plebeyo, por eso no es casualidad que en esta década las divisiones del PJ vinieron por derecha y aun así tras la derrota del 2015 el kirchnerismo fue quedando relegado de los espacios de poder partidario lo que llevó a armar su propia estructura electoral en el 2017. Urgidos por la necesidad de confrontar con el macrismo el PJ, el kirchnerismo y el Frente Renovador de Sergio Massa se encuentran en vistas a la búsqueda de acuerdos, pero otro sector liderado por Pichetto busca construir una opción despegada de cualquier sospecha de presencia K. en esta nueva coyuntura la intervención congela estos avances y abre un impasse obligado: esperar los lineamientos del interventor Luis Barrionuevo. A simple vista no parece ser una vuelta a los tiempos del peronismo renovador ni transformador, sino la confirmación de un rumbo indefectible que no tiene ya retorno: El pragmatismo y la opción como factor de poder del sistema.

*El autor es referente del Partido Unidad Popular de Salta, docente, historiador y autor del libro “Salta Montonera: la actuación política de los sectores populares en la provincia de Salta (1972-1976)